La primera ministra Theresa May, ayer durante el encedido de luces del árbol de Navidad en Downing Street - REUTERS/ VÍDEO: EP

Theresa May usa la opción del «no Brexit» para presionar a los indecisos

Barnier insistió ayer en que el acuerdo existente es «el mejor y único posible»

CORRESPONSAL EN BRUSELASActualizado:

El negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, lo volvió a repetir ayer en una comparecencia ante el Comité de las Regiones. El francés reiteró «con calma y claridad» que el acuerdo que fue ratificado por el Consejo Europeo después de haber sido pactado con la «premier» Theresa May «es el mejor y el único posible». Por parte de la Unión Europea, la actitud en esta dramática recta final del proceso de divorcio ha sido hasta ahora la misma, basada en la idea de que lo que se ha puesto sobre la mesa es la única posibilidad de reducir los daños que provocaría la opción alternativa, que es la de un Brexit sin acuerdo. Los portavoces de la Comisión Europea repiten una y otra vez que no existe ninguna posibilidad de que la «premier» pueda volver a Bruselas a negociar aspectos de ese acuerdo.

Sin embargo, el anuncio hecho este martes de que el Tribunal de Justicia Europeo va a dictaminar que hasta el último segundo el Reino Unido podría decidir por su cuenta anular su petición de abandonar el club, sin necesidad de que lo aprueben los demás países, parece haber abierto una tercera salida en el debate político británico y la propia May se encargó ayer de mencionarlo abiertamente en una entrevista en la televisión: «Las opciones se reducen a este acuerdo, a un Brexit sin acuerdo o que no haya Brexit».

Es posible que la primera ministra introdujese abiertamente esta opción de quedarse en la UE -que ella rechaza- para poner entre la espada y la pared a muchos de los diputados que son partidarios del Brexit pero que se oponen al acuerdo que ella está decidida a someter a votación el martes que viene en la Cámara de los Comunes. La primera ministra lleva una semana «horribilis»; ha perdido tres votaciones en un solo día y ha sido obligada a publicar el dictamen jurídico del acuerdo, que viene a decir que es una fórmula que mantendrá al Reino Unido atado a la UE en aspectos esenciales, sobre los cuales muchos se engañan creyendo que estarían mejor desconectados completamente.

Los sufridos ministros que aún aguantan en su gabinete le han aconsejado que aplace la votación ante la evidencia de que la derrota puede ser tan abultada que haga caer al Gobierno. Pero May se niega -por ahora- y da la impresión de que prefiere llevar las cosas al extremo para forzar a los indecisos.

Asumir responsabilidades

También Barnier es consciente de lo que se va a jugar en esa sesión y ayer dijo que «todo el mundo ha de cumplir con su papel y asumir la responsabilidad que le corresponde, porque la votación en el Parlamento Británico tendrá consecuencias muy serias para el futuro del país». Y, en el mínimo margen de maniobra que queda en estos momentos, arrancó la acusación de que el Gobierno británico ha optado por recortar los derechos de los ciudadanos europeos que se queden en el Reino Unido en caso de que todo acabe con un Brexit sin acuerdo, que es algo muy grave para Bruselas. Hasta el representante del Parlamento Europeo para el Brexit, el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt, ha considerado inaceptable esta posibilidad de que «los ciudadanos de la UE y del Reino Unido acaben siendo las víctimas de un “no acuerdo”, ni mucho menos que sean utilizados como pieza para regatear en las negociaciones del Brexit».

La cuestión de la sentencia del Tribunal de Luxemburgo es un elemento muy delicado. El Gobierno británico y la Comisión Europea estarían en contra de una sentencia que -como se espera- siga la opinión del abogado general en el sentido de que Londres podría anular unilateralmente la activación del artículo 50. La puerta que dejan entreabierta los jueces puede acabar siendo crucial en el desenlace, aunque no está claro en qué dirección.