Redji y su padre muestran la imagen en la que el bombero español Félix del Amo acaba de sacarlo de las ruinas, el 16 de enero de 2010 - luis de vega

La sonrisa del niño milagro

Redjieson fue rescatado por bomberos españoles tras quedar atrapado dos días en los escombros junto a su abuela muerta

LUIS DE VEGA
ENVIADO ESPECIAL A HAITÍ Actualizado:

Haití bautizó como la «generación Gudu-Gudu» a los niños que se salvaron o nacieron en los días del terremoto del 12 de enero de 2010. «Gudu-Gudu» es la onomatopeya local con la que, desde entonces, se reproduce el ruido y el movimiento de aquel temblor mortal que se llevó a más de 200.000 personas. Uno de los más conocidos, si no el que más, de esa generación es Redjieson, que había cumplido dos años tres días antes de la catástrofe.

El niño estaba en casa junto a su abuela, su hermano mayor, llamado Marvens, y dos primos. Sus padres, Reginald y Plaisir, estaban fuera. El edificio de tres pisos se vino abajo cuando a las 16.53 horas las entrañas del país caribeño reventaron. Reginald, que trabajaba en una empresa de microcréditos, no halló más que una montaña de cascotes cuando regresó a la carrera al barrio. Llamaba y llamaba, pero nada. Desescombrando dio con uno de los primos. Habló con él durante dos horas, pero mientras trataban de sacarlo murió.

«No escuchábamos nada. Ya habíamos perdido todas las esperanzas, pero por lo menos había que seguir trabajando para recuperar los cadáveres», relata Reginald. «Estábamos quitando piedras cuando lo llamé y el pequeño me respondió». «Mis manos sangraban». Decidió entonces ir a pedir ayuda y encontró al grupo de Bomberos de Castilla y León.

Fueron Félix del Amo (que aparece en la foto de la portada) y Óscar Vega los que, con la ayuda de los demás, rescataron al niño. Redji —se le conoce con este diminutivo— había pasado cincuenta horas en brazos de su abuela muerta. «No se movió de encima de ella en todo el tiempo. Es la sangre de la abuela la que le cubre el cuerpo a Redji al salir», detalla el padre. La imagen dio la vuelta al mundo. Fue portada en decenas de diarios, entre ellos ABC, y los telediarios la mostraban en pantalla.

Redji fue el único superviviente. Los cadáveres de la abuela, el hermano de ocho años y los dos primos tardaron cinco meses en ser recuperados. Redji estuvo tres días ingresado en el hospital y, un año después, no tiene secuelas de importancia. «Apenas se acuerda», explica su padre, «piense que acababa de cumplir los dos años». La familia estuvo tres meses en uno de los campamentos que acogen todavía a unos 800.000 haitianos víctimas del terremoto. Después fueron acogidos en casa de un amigo, donde todavía siguen viviendo.

Un documental

El niño derrocha simpatía y no para quieto un instante. Juega con el teléfono móvil de su padre y muestra las fotos de su rescate mientras repite «gudu-gudu» cuando le preguntan por su abuela y su hermano. Acude al colegio con normalidad y recita poesías y entona canciones a petición de sus padres para que muestre a los periodistas lo que ha aprendido.

Tres bomberos de Castilla y León, Óscar Vega y otros dos que no estuvieron en el terremoto, han viajado estos días a Puerto Príncipe para visitar a Redji y su familia. El reencuentro forma parte del rodaje de un documental que está llevando a cabo la productora española Six Birds, que, con los propios bomberos de cómplices, ha tratado por todos los medios de que nadie localice un año después el paradero del niño. Reginald y Plaisir no entienden de exclusivas. Y Redji, mucho menos. Su sonrisa sin contraprestación es la mejor muestra de ello.