Los leales mercenarios de Assad

Los «shabbiha», milicianos vinculados con grupos mafiosos, son responsables de numerosas atrocidades en Siria

corresponsal en estambul Actualizado: Guardar
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«Por favor, que vengan los observadores de la ONU. Si los "shabbiha" entran en la ciudad, habrá una masacre», suplicaban esta semana los habitantes de Hifeh, una ciudad de la provincia de Latakia en cuyo extrarradio los insurgentes combaten a las tropas gubernamentales.

Quieren evitar lo que sucedió en Houla, donde grupos de hombres armados asesinaron a sangre fría a decenas de personas, entre ellas ancianos y mujeres desarmados, y unos treinta niños. La autoría de la matanza aún no ha sido determinada con exactitud, pero los testimonios de los supervivientes, recogidos por

«Por favor, que vengan los observadores de la ONU. Si los "shabbiha" entran en la ciudad, habrá una masacre»

los observadores de Naciones Unidas, apuntan como responsables a los «shabbiha», paramilitares al servicio del régimen, tal y como publica esta semana el semanario alemán «Der Spiegel». Una sospecha reforzada por la constatación de que la mayoría de los muertos eran parientes del comandante rebelde Abdul Razaq Tlas.

Los sucesos de Houla han llamado la atención sobre estos grupos de oscura procedencia. Su propio nombre viene del vocablo árabe «shabh», fantasma, y aunque sus orígenes son inciertos, se cree que están relacionados con los grupos mafiosos alauíes de la región de Latakia, tolerados por el régimen en las pasadas décadas por un motivo de peso: sus líderes pertenecen al clan del presidente Bashar Al Assad.

Sus primos, Monzer y Fauaz El Assad, son dos de las cabezas visibles de la organización, pero también hay, presuntamente, miembros de las familias Dib y Majlouf, relacionadas con los Assad por vía matrimonial. Un joven y musculoso pariente del presidente, Arín Al Assad –que luce el tatuaje de Bashar en su bíceps- es considerado uno de los principales miembros de esta milicia.

Sin miedo

«No tienen miedo de usar la fuerza, la violencia, las armas, la extorsión y el chantaje. De este modo, el régimen queda limpio y puede decir que son las bandas las que están haciendo esto y aquello, no él», ha indicado Ammar Qurabi, de la Organización Nacional de Derechos Humanos de Siria, a la BBC. Por ello, los opositores, más que al ejército, temen la visión de sus ropas oscuras y sus zapatillas deportivas, que lucen de forma vistosa para que se les distinga de los soldades regulares (quienes visten las botas reglamentarias).

En internet existen numerosos vídeos –cuya autenticidad es imposible de verificar- en los que presuntos «shabbiha» torturan a manifestantes o combatientes del ESL capturados. Reales o no, lo cierto es que la presencia de estos individuos ha sido una constante desde el principio en la represión de las protestas contra el presidente Assad. La mayoría de sus miembros son alauíes, cuyo destino, en un conflicto de naturaleza cada vez más confesional, ha quedado ligado al del régimen, pero algunas informaciones aseguran que también incluyen a algunos kurdos y cristianos. Se cree que los milicianos reciben unas 1.500 libras sirias al día (unos 18 euros), pagadas por empresarios locales más o menos vinculados al régimen.

Por lo que se sabe, las mafias alauíes operan en la zona de la costa de Siria desde los años 70, después de que el padre del actual mandatario, Hafez Al Assad, se hiciese con el poder por la fuerza.

«No tienen miedo de usar la fuerza, la violencia, las armas, la extorsión y el chantaje»

Enriquecidas por el contrabando con Líbano y otros negocios ilícitos, su existencia llegó a convertirse en un problema para el régimen, que en la década de los 90 se vio obligada a poner límite –que no fin— a sus actividades. Los «shabbiha» (los miembros de estos grupos criminales) se habían convertido en una institución permanente –y muy temida- de las provincias costeras, hasta el punto de que esta palabra se convirtió en tabú para los sirios de a pie.

Pero al extenderse las protestas contra Bashar durante el año pasado, el gobierno descubrió que los «shabbiha» resultaban una eficaz fuerza de choque contra la oposición. Cuando a finales de marzo de 2011 las manifestaciones llegaron a Latakia y los alrededores, los milicianos ayudaron a las fuerzas de seguridad a reprimirlas duramente.

Unos hechos que no han pasado desapercibidos para la comunidad internacional. Monzer y Fauaz Assad fueron incluidos ya en la primera ronda de sanciones de la Unión Europea, acusados estar «implicados en la represión de la población civil como parte de la milicia "Shabbiha"». Pero todo apunta a que, a pesar de ello, la organización continúa plenamente activa. Igual que el terror que provoca entre sus oponentes.