Mette Frederiksen, del Partido Socialdemócrata de Dinamarca - REUTERS / Video: Agencia Atlas

El retorno al modelo nórdico, clave en las elecciones de Dinamarca

La erosión del Estado del bienestar se ha convertido en un tema clave en los comicios de este 5 de junio

Corresponsal en Berlín Actualizado: Guardar
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El ayuntamiento de Aarup, un pueblo de unos 3.000 habitantes en la Dinamarca meridional, ha enviado una carta a la anciana de 92 años Aase Blytsoe. En ella se le comunica que, debido a la necesidad de recortes, la limpiadora que hasta ahora se ocupaba de su caso 20 días al año lo hará en adelante solamente 10 días al año. La hija de Aase, Sonja, también jubilada, ha acudido a los medios de comunicación daneses para denunciar la situación de su madre, que sufre demencia y que con una pensión de 1.300 euros mensuales no puede correr por sí sola con lo que cuesta un servicio de limpieza. Así es como Aase se ha convertido en la campaña electoral en la cara de una reivindicación del Estado de bienestar que comenzó a ser recortado a causa de la crisis, tan extendida entre los daneses que podría dar la victoria en las elecciones que celebra hoy el país nórdico a Mette Frederiksen del Partido Socialdemócrata de centro-izquierda. Otra respuesta es la que ofrece Rasmus Paludan, al frente del partido de extrema derecha Stram Kurs, que propone quitar sus derechos y deportar obligatoriamente a la población extranjera, aproximadamente un 15% del total.

La erosión del Estado del bienestar se ha convertido en un tema clave en las elecciones generales de este 5 de junio, en un país en el que los ciudadanos pagan unos impuestos promedio del 36% de sus ingresos y ven disminuir la cantidad y calidad de servicios que reciben a cambio. Las encuestas de opinión indican que el primer ministro Lars Lokke Rasmussen, del Partido Liberal, perderá el poder en beneficio de Frederiksen, que se han ganado el apoyo popular con la promesa de aumentar el gasto público, hacer que las empresas y los ricos paguen más por los servicios sociales a través de impuestos más altos, y hacer retroceder parcialmente algunas reformas recientes de las pensiones, permitiendo que quienes hayan trabajado 40 años se jubilen antes. Rasmussen acusa a su rival de «vender sueños» y previene contra el agujero en el tesoro público que dejarían esas políticas.

La disyuntiva ante la que se encuentra Dinamarca, sin embargo, no es tanto política como demográfica. La generación de «baby-boomers» que se están acercando a la jubilación somete el modelo nórdico a una presión inédita hasta ahora y que afecta igualmente al resto de países del entorno. En Finlandia, los socialdemócratas resultaron vencedores en las elecciones de abril, por primera vez en 20 años, después de hacer campaña con promesas de subidas de impuestos destinados a los crecientes costes de la asistencia social. En Suecia, uno de los países más ricos de Europa, el apoyo a los nacionalistas demócratas suecos surgió en las elecciones del año pasado debido también a los temores sobre la inmigración y el bienestar. Los países nórdicos siguen encabezando el gasto público per cápita de la OCDE en prestaciones sociales destinadas a los pobres, la tercera edad, los discapacitados, los enfermos o los desempleados.

Dinamarca, concretamente, sigue gastando una mayor proporción de su riqueza en bienestar público que la mayoría de los países europeos, con un 28% del PIB, tan solo por detrás de Francia, Bélgica y Finlandia. La percepción de los daneses, sin embargo, es de una grave pérdida de bienestar social. A ello contribuye, por ejemplo, el cierre de una cuarta parte de los hospitales estatales sólo en la última década. Una encuesta reciente señala que más de la mitad de los daneses no confían en que el servicio de salud pública ofrezca el tratamiento adecuado. Como consecuencia de ello, la proporción de la población danesa (5,7 millones de personas) que contrata un seguro médico privado ha pasado del 4% en 2003 al 33%, según la organización profesional Insurance & Pension Denmark.

Tratando de ganar tiempo de campaña, el primer ministro danés, el liberal Lars Løkke Rasmussen, rompió con la tradición no escrita en el país, de convocar las elecciones tres semanas antes de que se celebren, y anunció la convocatoria el 7 de mayo. La fecha escogida coincide con el Día de la Constitución danesa. Rasmussen, que gobierna desde 2015 en minoría, primero en solitario y luego con una coalición de tres partidos que incluye a los conservadores y a otra pequeña fuerza liberal, depende finalmente para controlar el Parlamento de los votos del ultraderechista Partido Popular Danés (DF), que ha garantizado la mayoría absoluta de todos los ejecutivos de derecha daneses desde 2001.

Mette Frederiksen denuncia que en los últimos 10 años los recortes han llevado al cierre de una quinta parte de las escuelas públicas, mientras que el gasto por persona mayor de 65 años en servicios tales como centros geriátricos, limpieza y rehabilitación después de una enfermedad ha disminuido en una cuarta parte. Promete revertir el proceso. Desde principios de la década de 2000 y al hilo de reformas para hacer el sistema social sostenible que llevó a cabo en Alemania el socialdemócrata Gerhard Schröder , los gobiernos daneses también han impulsado la adopción de medidas impopulares para alentar a la gente a trabajar más tiempo. Entre ellas se incluye el aumento gradual de la edad de jubilación a 73 años, la más alta del mundo, la eliminación gradual de las prestaciones de jubilación anticipada y la reducción de las prestaciones de desempleo de cuatro a dos años. «Basta ya. Es hora de poner fin a todo eso», dice Sonja Blytsoe en la televisión danesa, «el modelo nórdico es un modelo de éxito y debe ser preservado».