Seguidores de Osama bin Laden en Pakistán
Seguidores de Osama bin Laden en Pakistán - AFP

Al Qaida ha renacido tras la derrota del «califato» de Daesh

Solo en el 2018, el grupo que creó Bin Laden llevó a cabo 316 ataque en el mundo

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El 2 de mayo de 2011 un comando de EE. UU. acabó con la vida de Osama bin Laden, el líder de Al Qaida y cerebro de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, en la localidad de Abbottabad, Pakistán. Ocho años después, las autoridades norteamericanas han informado de que el hijo del «Emir», como se le conocía a Osama, Hamza bin Laden,habría muerto «en los últmos años durante el gobierno de Donald Trump».

Hamza bin Laden se estaba erigiendo como el nuevo líder de la organización terrorista fundada por su padre, según el Departamendo de Estado de los EE.UU. Pero con la muerte de Osama bin Laden y la aparición en esecena, el mismo año, del autoproclamado Estado Islámico, también conocido como Daesh, el poder de influencia de Al Qaida se vio debilitado sustancialmente. A partir de 2011, todos los focos se centraron en la actividad de Daesh, pero la formación que Bin Laden y Aymán al Zawahirí fundaron en 1988, en el contexto de la invasión soviética en Afganistán, desapareció.

Hegemonía del terror

El 11 de septiembre abrió una nueva era en el contexto global. El fanatismo religioso, como el salafismo yihadista, defendido por los miembros de Al Qaida, se convirtió en el gran peligro. Tras los atentados de Washington y Nueva York , el núcleo de Al Qaida se vio fuertemente atacado a través de la política antiterrorista de EE. UU. y la organización quedó muy debilitada, pero no supuso la desaparición ya que demostró gran resiliencia, reubicando sus células, adaptándose a las nuevas tecnologías por donde se centró su estrategia de propaganda y manteniendo una robusta estructura, la cual no se vio afectada tras la muerte de Bin Laden en 2011. Al Qaida optó por descentralizarse y no solo encontró apoyo en las zonas tribales de Pakistán fronterizas con Afganistán, sino que se extendió por diferentes zonas, ya fuese por acuerdos con grupos asociados al yihadismo como con el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino o a través de organizaciones activas en diferentes lugares del mundo con los que Al Qaida mantenía algún tipo de vinculación. Además, no solo extendieron su yihad global en otros lugares ni con otras organizaciones terroristas, sino que también desarrollaron grupúsculos independientes, que se autoconstituían principalmente a través de Internet, sobre todo con especial atención las células que se formaban en territorio occidental.

Relación Daesh y Al Qaida

Por su parte, a partir de 2011, el Daesh llegó a gobernar a cerca de ocho millones de personas y controló un territorio de 88.000 kilómetros cuadrados en su autoproclamado califato.

En 2013 Al Qaida y Daesh marcaron sus divisiones y los dos movimientos pasaron a competir por el liderazgo del yihadismo global. En un primer momento, Daesh pareció una fuerza imparable, pero tras su derrota en 2017, Al Qaida volvió al tablero y según un informe de la ONU «continúa siendo resistente y activa en muchas regiones y mantiene su pretensión de conseguir mayor proyección internacional».

Actualmente, según la inteligencia de EE. UU, Al Qaida está presente en Burkina Faso, Kenia, Somalia, Mali, Argelia, Libia, Egipto, Turquía, Siria, Afganistán, Pakistán y Bangladesh. En 2018, llevó a cabo un total de 316 ataques por todo el mundo, según la ONG Armed Conflict Location & Event Dat a Project.