El miedo de «Bibi» a los espías de Barack Hussein

LAURA L. CARO | JERUSALÉN
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En contra de lo que hicieron todos sus antecesores, Benjamin Netanyahu no mantuvo el domingo las últimas consultas con su equipo, previas a la reunión con Barack Obama, en la residencia de invitados que Washington ha puesto a su disposición y de su esposa Sara. Netanyahu prefirió la blindada intimidad de la Embajada de Israel, «por miedo a las escuchas de las agencias norteamericanas», aseguraba ayer el «Yedioth Ahronoth» de Tel Aviv. «Estas sospechas y conductas cautelosas caracterizan, quizás más que ninguna otra cosa -añadía el diario-, la incomodidad israelí con los nuevos vientos que soplan en la Casa Blanca».

Si hay una palabra que retrata por sí misma el ambiente que ha rodeado los prolegómenos de este encuentro es desconfianza. Desconfianza en Obama. Israel ha recordado que antes de ser elegido presidente, el político demócrata les dijo a los judíos de Florida que «en hebreo, mi nombre es Baruch». Tras las elecciones, ante el Parlamento turco enfatizó su identidad árabe, que se llama Hussein de segundo nombre. Pero también hay desconfianza en Netanyahu, al que estos días tertulias, chistes y debates callejeros han recordado que entre 1996 y 1999 -su anterior etapa como primer ministro»-, y a pesar de su manifiesta educación a la americana, fue incapaz de ganarse a Bill Clinton.

De puertas para dentro, aseguran, Netanyahu se había referido a la entrevista de ayer como «la misión de su vida». «No hay que exagerar la importancia de la reunión. Habrá otras. Pero Netanyahu sabe que si no derrite el iceberg americano esta vez, será más difícil después», escribía ayer el reputado analista del «Ma´ariv Ben Caspit».