Margaret Thatcher, en su vivienda en 1995
Margaret Thatcher, en su vivienda en 1995 - ABC

Margaret Thatcher: la confianza en la libertad

Primera ministra de Reino Unido entre 1979 y 1990

Actualizado:

Hay pocas personas en la historia de las que pueda decirse que, sin ellas, todo habría sido distinto en su patria. Es el caso de Margaret Thatcher, aquella aplicada hija de un tendero y piadoso metodista del pueblo de Grentahlm en Lincolnshire, se puede afirmar categóricamente que cambió profundamente el Reino Unido y también, en cierta medida, el mundo. Solo Winston Churchill puede superar la relevancia de la figura de Thatcher en el Reino Unido en el siglo XX. Nacida en 1925, creció en un ambiente de austeridad, rigor y trabajo y desde la edad escolar demostró el valor que daba al mérito y esfuerzo. Estudió Químicas en Oxford, donde ya militó y dirigió una organización de un partido conservador que no lograba zafarse del discurso único del estatismo. Thatcher entró en el parlamento en 1959 y pronto se ganó el respeto y el temor de todos. Edward Heath la nombró al ganar las elecciones en 1970 ministra de Educación y Ciencia. Cinco años más tarde derrotaba a su jefe y convertía en la primera mujer en liderar un gran partido británico. En 1979 ganaba las elecciones y se convertía en primera ministra del Reino Unido.

El 5 de mayo de 1979 la portada de ABC recogía la victoria electoral de Margaret Thatcher, la primera mujer en convertirse en primera ministra en una democracia occidental y la que más tiempo ha permanecido en el cargo, once años.
El 5 de mayo de 1979 la portada de ABC recogía la victoria electoral de Margaret Thatcher, la primera mujer en convertirse en primera ministra en una democracia occidental y la que más tiempo ha permanecido en el cargo, once años.

La vida política de Thatcher se convierte en un pulso por reducir la intervención del Estado y promover la libertad y la responsabilidad individual. Frente a todas las corrientes marxistas, socialdemócratas y socialcristianas, Thatcher se erige adalid en la lucha contra lo que calificaba de tiranías fiscal, sindical e intervencionista del Estado. En luchas encarnizadas logró quebrar el poder sindical. Su política de privatización de empresas públicas, la desregulación general y en especial del sector financiero y la flexibilización del mercado laboral dieron al Reino Unido el impulso para salir de la esclerosis laborista. Eso convirtió a Thatcher en uno de los personajes más odiados de la izquierda mundial y por supuesto británica.

Con el presidente norteamericano Ronald Reagan que había emprendido una revolución similar en EE.UU. y el Papa Juan Pablo II, Thatcher formó el triángulo de la firmeza frente al comunismo, radicalmente contrario a la política de concesiones. Y ese pulso se ganó cuando una URSS quebrada llevó al reformismo de Mijail Gorbachov, al hundimiento del imperio soviético y a la libertad de Europa Oriental. Su fiereza en la guerra de las Malvinas tras la invasión por la dictadura argentina le generó odio y triunfo.

Reelegida para un tercer mandato en 1987, el carácter que tanto la ayudó antes la llevó a un final precipitado en 1990 por su obcecación con el célebre «poll tax» y su hostilidad a Bruselas.

Es el símbolo de una derecha democrática sin complejos y volcada en la defensa de la libertad.