Mahmud Jibril: «Muamar Gadafi no ha sido ejecutado»
Mahmud Jibril, en el centro, con chaqueta, rodeado de milicianos tras la entrevista - MIKEL AYESTARAN
entrevista

Mahmud Jibril: «Muamar Gadafi no ha sido ejecutado»

Tras visitar el cadáver de Gadafi, el primer ministro del Consejo Nacional de Transición nos insiste en que «la guerra aún no ha terminado». Que no acabará hasta que caiga también el hijo del dictador, Saif al Islam, y el jefe de la Policía secreta

enviado especial a misrata Actualizado:

No se puede respirar en la sala. Medio centenar de milicianos rodean a Mahmud Jibril (Bani Walid, 1952) y le explican los detalles de la detención y muerte de Gadafi. El primer ministro del Consejo Nacional de Transición (CNT) acude para ver el cuerpo e interesarse por los pasos a tomar con el mismo en las próximas horas, uno de los secretos mejor guardados de Libia. Los milicianos de Misrata aprecian la visita porque en Libia el origen y la tribu de cada persona es su tarjeta de identidad y Jibril, antes que primer ministro, a ojos de estos hombres es original de Bani Walid, uno de los últimos feudos gadafistas —junto a Sirte donde las milicias de Misrata se han empleado a fondo. «Todos somos hermanos, somos libios y formamos parte del mismo país», repite el primer ministro ante la atenta mirada de los hombres allí reunidos. Poco antes de dirigir estas palabras el político ha tenido la oportunidad de visitar en solitario el enorme frigorífico donde descansa el cuerpo de Muamar Gadafi cuya muerte «no significa que esto se haya acabado».

—¿Ha visto el cadáver?

—Por supuesto, el objeto de esta visita era ver en primera persona el cuerpo de Gadafi.

—No está muy claro cómo se produjo la muerte, algunos dicen que le detuvieron malherido y que luego fue ejecutado…

—Es mentira, no hubo ejecución. Su muerte entra dentro de los estándares marcados por la ICC (Corte Criminal Internacional). Le vieron varios médicos cuando llegó a Misrata y he podido leer sus informes que avalan esta versión. No tengo dudas de que no hubo abusos de ningún tipo. Gadafi no fue ejecutado.

—¿Qué ha sentido al entrar a la cámara frigorífica?

—Lo mismo que todos los libios que hacen cola para verle, una sensación intensa.

—¿Qué piensan hacer con el cuerpo?

—Se le enterrará de la forma adecuada, como se entierra a cualquier musulmán en cualquier parte del mundo. Recibirá un trato islámicamente correcto.

—¿Cuándo?

—En las próximas horas.

—¿Se le mantendrá en secreto, o se le llevará de vuelta a su localidad natal de Sirte?

—Estamos debatiendo este punto y hay varias opiniones al respecto. Lo único que puedo hacer es insistir en la idea de que recibirá el trato que merece todo musulmán cuando muere.

—La OTAN prepara el inminente fin de su operación, ¿significa esto que ha terminado la guerra?

—No, aún nos quedan dos piezas muy importantes como Saif al Islam (hijo del dictador que estaba llamado a sucederle) y Abdulá Senusi (mano derecha de Gadafi y jefe de los servicios secretos), la guerra no ha terminado pero es cierto que con la muerte del dictador hemos dado un paso casi definitivo.

Los guardaespaldas cogen a Jibril en hombros y le suben hasta el todoterreno que le espera para regresar a Trípoli. Uno de los comandantes de las fuerzas de Misrata que se encarga de velar el cuerpo se acerca al periodista para decirle que «Jibril ha detenido el plan que teníamos: en unas horas teníamos previsto que tres de nuestros hombres se llevaran el cuerpo a un lugar secreto para enterrarlo, pero las autoridades opinan que es mejor hacerlo en un lugar que sea conocido, pero al que no tenga acceso nadie y que esté bien protegido», asegura antes de pedir que se mantenga su anonimato.

El Toyota arranca y se abre la verja del mercado central de Misrata donde ha permanecido el cuerpo del dictador desde su muerte. «Nosotros queremos que el cuerpo, de una manera u otra, permanezca en Misrata», asegura el oficial antes de volver a la misma sala de reuniones donde se tomará la decisión final