Un legítimo Estado judío

Hay algunos a los que según cuándo y dónde el colonialismo les parece muy positivo

Ramón Pérez-Maura
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Vuelve la burra al trigo. Israel ha legislado esta semana haciendo constar una obviedad y en el resto del mundo le han caído golpes sin misericordia. ¿Recuerdan ustedes por qué se fundó el Estado de Israel en 1948? Para dar a los judíos del mundo entero un Estado propio. Eso no implicaba, ni entonces ni ahora, que no pudieran ser israelíes los árabes que estaban en esas tierras ni los miembros de otras razas o religiones –como los drusos, por ejemplo. Hoy hay un 20 por ciento de los ciudadanos de Israel que son árabes y son los únicos árabes que viven en una democracia plena. Se dice ahora que a esos árabes se les han recortado sus derechos porque su idioma ha dejado de ser oficial y a partir de ahora sólo lo será el hebreo. Ciertamente es un recorte, pero recordemos que Israel tenía hasta ahora no dos sino tres idiomas con un estatus oficial: hebreo, árabe e inglés. Esa era una norma colonial: la norma del mandato británico sobre Palestina. Pero hay algunos a los que según cuándo y dónde el colonialismo les parece muy positivo. Y contribuir a acabar con los vestigios del colonialismo, como se ha hecho con esta nueva legislación es «el comienzo oficial del fascismo y el apartheid», como se oyó decir a un miembro árabe de la Knesset el pasado jueves.

En la Unión Europea tenemos países como Letonia, en cuya constitución se especifica su deseo inquebrantable de tener su propio Estado «para garantizar la existencia y desarrollo de la nación lituana, su lengua y su cultura por los siglos de los siglos». Nada se dice de la población rusa, que tiene una lengua y cultura diferentes, que no están protegidos por la constitución y que son el 25 por ciento de los lituanos. ¿Escuchan ustedes protestas contra esa constitución? Otrosí: en Europa hay hasta siete países que tienen una religión oficial del Estado y no parece que nadie denuncie la violación de sus derechos humanos por que haya esa confesión estatal. Israel, aún siendo el Estado judío, no tiene una religión oficial.

Pero creo que lo más relevante es recordar que esta legislación no se ha promovido por nada. Tiene una motivación remota en la reivindicación de un estado propio hecha por el sionismo, y una causa inmediata en las constantes agresiones que padece el Estado de Israel. Porque los derechos de los que disfrutan los árabes israelíes son tantos, que hasta el Tribunal Supremo israelí ha fallado que los árabes tienen el derecho a crear comunidades residenciales en las que no puedan vivir judíos. Y cuando se intentó crear comunidades residenciales judías en las que no puedan vivir árabes, en un procedimiento diferente en los tribunales, ese derecho fue negado.

Todos son iguales ante la ley, pero algunos un poco más iguales que otros. Y es sabido cómo en Jerusalén desde el entorno de la Autoridad Nacional Palestina se ha prescrito la muerte de árabes que han vendido sus tierras a judíos. Y como recuerda Eugene Kontorovich («Get Over it –Israel is the Jewish State» WSJ 20-07-2018) «esta nueva legislación ni siquiera pretende negar esas injusticias; simplemente espera actuar como contrapeso». Y eso es lo que quieren impedir tantos enemigos de Israel como hay en Occidente.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura