El líder norcoreano, Kim Jong-un
El líder norcoreano, Kim Jong-un - EFE

Kim Jong-un juega al deshielo nuclear para sobrevivir

El régimen celebra su fundación mientras negocia su desarme con EE.UU. a cambio de que no lo derroque

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Con un gran desfile, Corea del Norte celebra este domingo sus 70 años de vida. Siete décadas de régimen estalinista marcadas por un denominador común: la supervivencia. Tras la derrota en la II Guerra Mundial de Japón, que ocupaba la Península Coreana desde 1910, el país quedó dividido por el Paralelo 38 entre el Sur capitalista y el Norte comunista. Frente a otros candidatos con más nombre, la Unión Soviética aupó al poder al guerrillero Kim Il-sung, abuelo del actual dictador, quien fundó la República Popular Democrática de Corea el 9 de septiembre de 1948.

Primer escenario de la guerra

Intentando la reunificación por la fuerza, Kim Il-sung invadió el Sur en 1950 y empezó el primer conflicto de la Guerra Fría. Tres años y cinco millones de muertos después, la contienda acabó donde había comenzado: en el Paralelo 38 separando al Norte comunista del Sur capitalista.

Desde entonces, Kim Il-sung estableció uno de los regímenes más férreos y personalistas del mundo y, con astucia, se aprovechó de la creciente rivalidad entre la URSS y China para conseguir ayuda de ambas y mantener su régimen. Hasta que el Sur despegó con su industrialización en los años 60 y 70, el Norte era más rico.

Aunque el régimen sobrevivió al colapso del bloque comunista tras la caída del Muro de Berlín, el fallecimiento del «Presidente Eterno» Kim Il-sung en 1994 coincidió con la implosión de su autárquica economía y la «Gran Hambruna», que se cobró entre 800.000 y dos millones de vidas.

Instaurando la primera dinastía comunista, le sucedió su hijo, el «Querido Líder» Kim Jong-il, quien impulsó el programa nuclear que su padre había vislumbrado para no perder el poder y disuadir a su archienemigo, EE.UU., de un cambio de régimen. Haciendo gala de esta «diplomacia atómica», Pyongyang detonó su primera bomba nuclear en octubre de 2006.

Amenaza nuclear

Hasta septiembre del año pasado, ha efectuado cinco ensayos atómicos más, cuatro de ellos ordenados por Kim Jong-un, quien sucedió a su padre tras su muerte en diciembre de 2011. Aprovechándose de una cierta mejora gracias a una incipiente economía de mercado por el comercio con China, el joven dictador ha perfeccionado su programa nuclear y de misiles, en teoría capaces de golpear suelo estadounidense.

Con su posición reforzada, pero también asfixiado por las sanciones internacionales, Kim Jong-un ha reabierto el diálogo e iniciado el deshielo con Washington. Así se vio e n la histórica cumbre de junio en Singapur con su presidente, Donald Trump. Al igual que hizo antes con su carrera armamentística, el dictador usa su desarme nuclear para negociar y blindarse en el poder, ya que se calcula que podría producir entre 30 y 60 bombas atómicas.

«Como dudo que las entregue a EE.UU., debería desmantelarlas en un proceso que la comunidad internacional pueda verificar, lo que parece difícil», razona escéptico para ABC David Wright, codirector del Programa de Seguridad Global de la Unión de Científicos Concienciados.

Un desmantelamiento caro

Según informa el periódico «Korea Herald», dicho proceso podría durar diez años o más, a tenor de un informe de la Universidad de Stanford. Su coste: 20.000 millones de dólares (17.000 millones de euros), calcula otro estudio de la Universidad de Kookmin. De ellos, habría que destinar directamente 5.000 millones de dólares (4.300 millones de euros) para desensamblar las cabezas nucleares y desmantelar sus centros de producción, donde trabajan 3.000 personas. Tomando como guía la reunificación alemana, otro estudio de la consultora londinense Eurizon SLJ Capital estima que alcanzar la paz en Corea costaría dos billones de dólares (1,7 billones de euros), informa Bloomberg.

La pregunta es quién lo pagaría. Con diez de los 25 millones de norcoreanos necesitando ayuda humanitaria, un 20 por ciento de los niños desnutridos y entre 80.000 y 120.000 presos en campos de trabajos forzados según la ONU, Kim Jong-un no podrá hacerlo. Por eso juega al deshielo y negocia su desarme nuclear: para sobrevivir.