Las 55 cajas con los restos de los soldados estadounidenses caídos en la guerra de Corea
Las 55 cajas con los restos de los soldados estadounidenses caídos en la guerra de Corea - AFP

Kim Jong-un sigue el deshielo devolviendo a EE.UU. restos de militares muertos en la guerra de Corea

Donald Trump agradece el dictador norcoreano la devolucíon de los restos

CORRESPONSAL EN ASIA/WASHINGTONActualizado:

Cuando se cumplen justo 65 años del armisticio que puso fin a la guerra de Corea, el régimen de Kim Jong-un dio ayer un nuevo paso en su deshielo con Estados Unidos devolviéndole los restos de 55 de sus soldados caídos en dicha contienda. Con este gesto cargado de simbolismo, el dictador norcoreano empieza a cumplir uno de los cuatro compromisos alcanzados en la histórica cumbre que celebró con el presidente Trump el mes pasado en Singapur.

En pequeñas cajas envueltas en banderas de la ONU, que lideró la coalición internacional contra el régimen estalinista de Pyongyang y sus aliados chinos y rusos, los restos llegaron desde Wonsan en un avión de transporte estadounidense hasta la base de Osan, en Corea del Sur. Allí fueron recibidos por sus compañeros de armas, quienes, ataviados con sus uniformes de gala, los sacaron del avión con ceremonialidad marcial. Tras una primera comprobación de estos huesos por parte de los forenses, el miércoles de la próxima semana se celebrará un acto en su honor y luego serán trasladados al laboratorio del Pentágono en Hawái para tratar de identificarlos mediante el ADN u otras pruebas.

En teoría, estos restos pertenecen a 55 de los 5.300 soldados estadounidenses que jamás volvieron de la Guerra de Corea, librada entre 1950 y 1953. Desaparecidos en combate, cayeron al otro lado de las filas enemigas o perecieron en campos de prisioneros durante el conflicto. Pero, como de la mayoría solo quedan sus huesos, también podrían ser de los 33.000 soldados desaparecidos de la alianza de 21 países que se enfrentó a Corea del Norte. Para determinar sus identidades y dar un poco de consuelo a sus familias después de tanto tiempo, los restos serán analizados con las técnicas más avanzadas en el sofisticado laboratorio antropológico de Hawai por donde han pasado todos los desaparecidos en combate de EE.UU., desde la II Guerra Mundial hasta la de Vietnam.

Distensión estancada

Frente a la falta de acuerdos concretos sobre la renuncia de Kim Jong-un a sus armas nucleares, esta simbólica repatriación de restos le vuelve a reconciliar con Trump. A pesar del encuentro en Singapur, la distensión con Corea del Norte se había estancado durante las últimas semanas por la falta de pasos concretos hacia su desnuclearización. A finales del mes pasado, la visita a Pyongyang del secretario de Estado, Mike Pompeo, para fijar la agenda del proceso acabó en un rotundo fracaso. Dando buena cuenta de sus distintos puntos de vista, Pompeo se marchó sin ser recibido por Kim Jong-un y la propaganda norcoreana hasta lo acusó de haber ejercido una «presión mafiosa». Una crítica feroz que volvió a despertar serias dudas sobre el compromiso real de Corea del Norte de renunciar a su arsenal atómico, como ya ocurrió con acuerdos anteriores que finalmente se quedaron en papel mojado.

A pesar de estas discrepancias, Kim Jong-un ha seguido adelante con su palabra, escogiendo además una fecha tan especial como el 65º aniversario del armisticio para cumplirla. De igual modo, y según ha detectado con imágenes por satélite el portal especializado 38 North, parece que también ha empezado a desmantelar la base de lanzamientos de misiles de Sohae, desde donde ha llevado a cabo algunos de sus ensayos balísticos.

Dichos gestos devuelven la esperanza al acercamiento entre Trump y Kim Jong-un escenificado en Singapur, sobre todo tras los últimos informes de la Inteligencia estadounidense alertando de que Corea del Norte no había detenido su programa atómico. A tenor también de imágenes captadas por satélite, el régimen de Kim Jong-un habría mejorado sus instalaciones nucleares de Yongbyon y estaría perfeccionando su enriquecimiento de uranio. Algo imposible de confirmar, como todo en la secreta Corea del Norte.

Esto pone en cuestión si la devolución de restos de soldados americanos es un paso más hacia la normalización de las relaciones entre ambos países, o si, por el contrario, es solo un caramelo de seducción para que la administración Trump levante las sanciones que ahogan la economía de Corea del Norte. Sea como fuere, y después de llevar semanas presumiendo de la inexistente devolución de hasta 200 cuerpos de soldados, ahora sí que el presidente Donald Trump tiene los primeros restos a punto de regresar a casa.

Herramienta de negociación

De momento permanecerán en la base militar de Osan, Corea del Sur, donde el próximo 1 de agosto está prevista una ceremonia por la repatriación a la que acudirá el vicepresidente de Estados Unidos. En un comunicado, Mike Pence agradeció al régimen de Pyongyang y subrayó «el inquebrantable compromiso del presidente [Trump] con los valientes hombres y mujeres que vistieron el uniforme de los Estados Unidos». Más adelante, Pence añadió que «como hijo de un veterano combatiente de la Guerra de Corea, es un gran honor formar parte de este momento histórico».

Donald Trump, que en varias ocasiones aseguró haber recibido en campaña peticiones de padres de soldados para que recuperara los restos de sus hijos (serían padres centenarios), agradeció a Kim Jong-un vía Twitter la devolución: «Un gran momento para muchas familias». Rick Downes, director ejecutivo de uno de los grupos que representan a familias de combatientes, señaló a «The Washington Post» que estos soldados «son fichas del póquer» y «todavía están de servicio. La guerra sigue y se les está utilizando como una herramienta de negociación». Y es cierto que, aunque la entrega se produce justo 65 años después de la firma del armisticio, la guerra nunca acabó formalmente con un tratado de paz, y Corea del Norte y Estados Unidos carecen de lazos diplomáticos.

Más de 36.000 soldados estadounidenses fallecieron en la Guerra de Corea, y más de 7.700 desaparecieron, incluidos los 5.300 que se considera lo hicieron en el norte de la península. Entre 1996 y 2005, equipos de trabajo de Estados Unidos y Corea del Norte localizaron 229 cuerpos. La última entrega se había producido en 2007, cuando Bill Richardson, antiguo embajador del país ante la ONU, recuperó seis.