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Irán acude a la ONU para probar que el dron de Estados Unidos violó su espacio aéreo

Trump frenó en el último momento un bombardeo contra la república islámica

Corresponsal en JerusalénActualizado:

El jueves Irán derribó un avión no tripulado de Estados Unidos cerca del estratégico estrecho de Ormuz. Este es el único punto en el que Teherán y Washington están de acuerdo a la hora de hablar de una acción que estuvo a punto de provocar un bombardeo de represalia contra la república islámica que Donald Trump decidió suspender en el último momento, tal y como reveló en su cuenta de Twitter. Los iraníes defienden que el aparato violó su espacio aéreo y «le lanzamos dos mensajes de advertencia, pero no respondieron y nos vimos obligados a derribarlo», según el comandante de la Fuerza Aérea de los Guardianes de la Revolución, Amirali Hayizadé. Desde el Pentágono defienden que su avión se encontraba en «espacio aéreo internacional», a lo que Irán respondió con una carta al secretario general de la ONU, António Guterres, con información exacta sobre las zonas y las coordenadas a las que llegó. La Fuerza Aeroespacial de los Guardianes de la Revolución organizó en Teherán una muestra para que los medios oficiales pudieran ver las partes que pudieron recuperar del aparato derribado por el sistema de defensa Jordad 3.

La guerra de propaganda se intensifica al ritmo que la tensión gana enteros, con rumores y desmentidos sobre temas sensibles como el supuesto mensaje que Trump habría enviado al Líder Supremo a través de Omán para pedir abrir un diálogo, que al final fue negado por ambas partes. En medio del choque de acusaciones, Irán apostó por ofrecer datos en su versión oficial y el ministro de Exteriores, Yavad Zarif, detalló que el dron despegó de una base de Emiratos Árabes Unidos «en modo oculto y violó el espacio aéreo iraní al ser dirigido a las coordenadas 25°59'43"N 57°02'25"E, cerca de la zona de Kuhe Mobarak». El jefe de la diplomacia, uno de los grandes arquitectos del pacto nuclear firmado en 2015, aseguró en Twitter que «hemos recuperado restos del avión militar estadounidense en NUESTRAS aguas territoriales, donde fue derribado».

Segundo avión espía

Las coordenadas, la grabación de las advertencias emitidas y el hallazgo de los restos del dron fueron las pruebas que la república islámica presentó ante la ONU para defender la legitimidad de su ataque contra el aparato enemigo. Un alto mando de la Guardia Revolucionaria reveló además que junto al avión no tripulado volaba otro avión espía, un Boeing P-8 Poseidon con unos 35 tripulantes a bordo, que Irán hubiera podido derribar también pero prefirió no hacerlo. Estados Unidos no hizo comentario alguno sobre esta información.

A diferencia de lo ocurrido en Siria, donde Trump no ha dudado en lanzar Tomahawks en dos ocasiones en las que se ha acusado el Ejército de usar armas químicas, sin esperar a los resultados de ninguna investigación, parece que con Irán la forma de actuar del presidente es más cuidadosa. Una precaución que choca con la presión de su asesor de Defensa, John Bolton, o sus grandes aliados regionales, Israel y Arabia Saudí, partidarios de frenar como sea a los iraníes.

El pacto nuclear firmado por Barack Obama en 2015 era «el peor acuerdo posible» para Trump, pero desde que decidió romperlo de forma unilateral y volver a imponer sanciones a Irán la situación de seguridad se ha ido deteriorando hasta poner a los dos países al borde de un enfrentamiento armado. Seis petroleros han sido atacados en extrañas circunstancias en el Golfo de Omán en el último mes, Estados Unidos ha enviado miles de soldados de refuerzo y ha desplegado bombarderos B52 y baterías de misiles Patriot en la zona… y por si la escalada militar no fuera suficiente, los iraníes anunciaron que dejan de cumplir algunos compromisos del acuerdo en respuesta a los castigos de Trump y la próxima semana superarán el límite de 300 kilos de uranio enriquecido almacenado, la cifra marcada por el acuerdo.