Campo de refugiados cerca de Dunkerque (Francia)
Campo de refugiados cerca de Dunkerque (Francia) - EFE

La inmigración ilegal vuelve a enfrentar a Londres y París

Alerta en el Gabinete de May por el flujo que parte de Calais en botes hinchables

Corresponsal en ParísActualizado:

La inmigración ilegal, en el Canal de la Mancha, ha vuelto a convertirse en un problema inflamable para Francia y el Reino Unido, que vuelven a prometer más coordinación. Más de quinientos inmigrantes han conseguido llegar hasta las costas del Reino Unido, en botes y lanchas precarias, durante las últimas seis semanas.

Tras una sucesión de incidentes, el ministro británico del Interior, Sajid Javid, terminó estallando la tarde de ayer, tras suspender sus vacaciones navideñas, denunciando un incidente mayor, acusando al Gobierno francés de «laxismo». Javid sostuvo una conversación clara y enérgica con su homólogo francés, Christophe Castaner, que se apresuró a responder públicamente, a través de su cuenta en Twitter, afirmando que París y Londres se proponen «intensificar» y «combatir con más eficacia» la inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos, a través del Canal de la Mancha.

Hace años que Londres y París intentan intensificar y combatir con más eficacia estos dos problemas, pero con un éxito relativo. Hasta que un incidente o la agravación de los problemas de fondo toman una dimensión angustiosa para una o ambas partes. Conscientes de esa dimensión histórica de la penúltima crisis, Castaner y Javid acordaron ayer nuevas formas de cooperación. Entre las medidas consensuadas se incluyen la creación de nuevas patrullas conjuntas franco-inglesas de control y vigilancia del tráfico marítimo en el Canal de la Mancha; acelerar los procesos de intercambio de información sensible, para combatir el tráfico de seres humanos; así como la celebración de una cumbre monográfica bilateral, en la que participarán los ministros del Interior de Francia y Reino Unido, consagrada al problema de la inmigración.

La UE, dividida

La inmigración legal e ilegal es uno de los problemas de fondo que divide y enfrenta de manera sensible a casi todos los miembros de la Unión Europea (UE), incapaz de negociar una posición común clara y determinante que satisfaga a todos los Estados miembros.

La nueva crisis bilateral franco-inglesa se inscribe en un marco nacional y bilateral inflamable. Para el Reino Unido, se trata de un problema indisociable del Brexit y la colaboración futura, bilateral y multilateral, no solo con Francia; mientras que para Francia, la nueva crisis del Canal de la Mancha forma parte de un arco iris de tensiones del Gobierno de Emmanuel Macron con otros Estados europeos, comenzando por Italia.

La agravación del «frente» francés de la inmigración ilegal hacia el Reino Unido se ha complicado desde el verano pasado. Un número creciente de iraquíes, iraníes, sirios y afganos ha conseguido llegar hasta las costas del Reino Unido, usando botes y lanchas muy frágiles. Esos inmigrantes, entre los que se encuentran muchos menores, no siempre acompañados, consiguieron llegar a Francia siguiendo diferentes rutas -a través del Mediterráneo o de los Balcanes-. Y desde allí atraversaron el Canal de la Mancha para buscar refugio en el Reino Unido.

Indiferencia y hostilidad

Hace meses que las organizaciones humanitarias denuncian el comportamiento entre indiferente y hostil del Gobierno francés hacia los inmigrantes que viven en campos de acogida provisionales. La nueva crisis ha estallado cuando el Gobierno británico ha considerado que el crecimiento exponencial de la llegada de inmigrantes ilegales se había transformado en un problema mayor. En 2017 se contabilizaron una quincena de tentativas de atravesar el Canal de la Mancha. Cifra relativamente modesta. A juicio de varias organizaciones humanitarias, estos intentos por llegar al Reino Unido desde Francia han crecido de manera exponencial durante el último semestre. Ayer mismo, seis iraníes fueron detenidos en una playa del condado de Kent, mientras que el viernes fueron capturadas otras doce personas en Dover. Un día antes, fueron recogidos, en Sandgate, nueve inmigrantes, entre los que había tres niños.

Desde la óptica británica, el Gobierno de Emmanuel Macron es aparentemente laxo, por «dejadez» o por «ineficacia». Medios británicos como la BBC han publicado los detalles, muy crudos, del tráfico de seres humanos, entre Calais y Dunkerque, en Francia, y algunos puertos ingleses. Según esas informaciones, las mafias establecidas en Francia cobrarían entre 3.000 y 4.000 euros por pasar a hombres, mujeres y niños, desde las costas francesas a las inglesas. Esas mafias utilizan botes y lanchas muy frágiles para ofrecer unos servicios que Londres y París nunca han conseguido neutralizar con eficacia, desde hace años.

Desde la óptica británica, Francia debe controlar sus fronteras, para evitar que los inmigrantes ilegales lleguen al Reino Unido. A cambio, Londres ha ofrecido y ofrece dinero contante y sonante. Sin embargo, desde el punto de vista francés, el Reino Unido adopta una posición «muy cómoda» delegando a otro Estado la vigilancia de sus propias fronteras. Se trata de reproches muy agrios que llevan muchos años repitiéndose, al ritmo de las sucesivas crisis migratorias. Amnistía Internacional y otras organizaciones humanitarias estiman que París y Londres ofrecen respuestas inadecuadas e ineficaces, refugiándose en un diálogo de sordos.

Brexit

El Brexit y la crisis de la UE iluminan la crisis de los botes y lanchas con una luz inquietante. Para el Gobierno de Theresa May el control férreo de las fronteras nacionales es una cuestión capital de credibilidad nacional. La llegada a Reino Unido de inmigrantes procedentes de los campos de refugiados instalados en Francia es percibida como una amenaza, que el Gobierno conservador desea combatir con «energía».

Para el Ejecutivo de Emmanuel Macron, la inmigración es uno de los grandes problemas que estarán en el centro de la próxima campaña de las elecciones europeas, que se celebrarán el próximo mes de mayo. Más allá de la tragedia humanitaria, la proliferación de campos de refugiados, en Francia, es un problema político de fondo. Las organizaciones humanitarias denuncian la «ineficacia» de la política gubernamental.

En la franquicia de los chalecos amarillos han aparecido algunas «familias» tentadas por la xenofobia racista. La oposición de izquierdas y la oposición conservadora utilizan el problema de fondo contra Macron, cuyos equilibrios nacionales y europeos son volátiles e imprevisibles.