Francia vive una ola de vandalismo anticristiano sin precedentes

Las iglesias sufrieron durante el 2018 129 robos y 877 degradaciones de la profanación pura al vandalismo sin escrúpulos

Incendio en Notre Dame, París

Corresponsal en París Actualizado: Guardar
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Francia vive una ola sin precedentes de profanación de iglesias, víctimas del vandalismo «puro» al vandalismo expresamente anticristiano: de dos a tres iglesias son profanadas, cada día, durante los últimos años.

Según las cifras oficiales del Service central de rensignement criminel (SCRC), reveladas por el matutino conservador Le Figaro, las iglesias de Francia sufrieron, durante el 2018, 129 robos y 877 degradaciones, de la profanación pura al vandalismo sin escrúpulos. «Buen» o «mal» año, las iglesias francesas sufren del vandalismo de manera crónica, ante la aparente impotencia policial.

Según esa misma fuente, dependiente de la Gendarmería y el Ministerio del Interior, Francia fue víctima el año pasado 1.063 actos anticristianos: profanación de tumbas y cementerios, saqueo de iglesias, pintadas obscenas y lugares de culto, grabación de vídeos sacrílegos… Los orígenes del vandalismo son muy diversos. Las acciones anti cristianas tienen una «raíz» más atroz y endemoniada.

Consciente que se trataba de un problema de inmenso calado, religioso, cultural, social y político, el Episcopado francés creó hace dos años un servicio especial de seguimiento de ese conflicto, pidiendo a los sacerdotes de toda Francia que comunicasen a la jerarquía religiosa los actos de vandalismos o las profanaciones, presentando siempre querellas, ante juzgados y comisaría, tras todos los actos de los que tuviesen directa. Se estableció una estadística oficiosa que coincide con las estadísticas policiales: de 2 a 3 iglesias son víctimas del vandalismo, cada día, desde hace varios años. Los centenares de querellas y denuncias presentadas por los sacerdotes solo han tenido un éxito policial y jurídico muy relativo. Se han detenido a muchos malhechores. Pero han quedado en libertad muchos otros.

La Iglesia y el Ministerio del Interior establecen una diferencia clara, muy nítida, entre los robos de tipo puramente crapuloso (en aumento, igualmente) y los ataques con «vocación» expresamente anti cristiana, de muy diversa índole. Tabernáculos y sagrarios de muchas iglesias, donde se guarda el Santísimo Sacramento, son profanados, dispersando las hostias por el altar para mejor profanarlas con heces. Muchos altares han sido «escenario» de bajas pasiones obscenas. Grupos «musicales» han llegado a filmar vídeos con canciones «duras» utilizando como «fondo» un altar mayor. La figura de Cristo, en la cruz, ha sido profanada y violada, en muchas ocasiones, mutilando pies y manos de manera atroz. Son innumerables las pintadas obscenas con las que se han profanado tumbas e iglesias…

A juicio de la jerarquía eclesiástica, las iglesias católicas no tienen «vocación» a estar cerradas ni «vigiladas» por militares o anti disturbios. Salvo en los casos excepcionales, como es el de la catedral de Notre Dame, en el corazón histórico de París. De ahí que sea relativamente fácil penetrar en una iglesia de pueblo, cuando cae la noche, para cometer todo tipo de tropelías.

Monseñor Ribadeau Dumas, secretario general del Episcopado, comenta la crisis en curso de este modo: «Iglesias incendiadas, profanadas… jamás podremos “habituarnos” a la inmensa tragedia de esas violencias sacrílegas». Y agrega: «Nuestra sociedad tiene una cierta tendencia a despreciar a la iglesia católica: está en el aire de la época la agresión contra nuestras iglesias, donde los fieles estamos unidos en la comunión en la misma fe».

Varios diputados han pedido a Emmanuel Macron la creación de una misión parlamentaria, destinadas a estudiar la tragedia en curso, para proponer una «respuesta» práctica, policial, política, cultural. Se trata de una «vía» administrativa compleja e imprevisible, cuando el vandalismo sigue siendo una «marea negra» y que sigue su amenazante curso como un torrente endemoniado.

Hace apenas diez días, la Iglesia de Saint-Sulpice, en el corazón histórico de París, uno de los templos emblemáticos de la historia religiosa y cultural de Francia, fue víctima de un incendio de origen desconocido, oficialmente. La jerarquía religiosa ha descartado el ataque anticristiano. Queda en el aire la evidencia: vandalismo ciego, sin consecuencias dramáticas, pero altamente simbólico. El incendio de Saint-Sulpice quizá sea el más llamativo de los actos de vandalismo, en una plaza y un barrio altamente simbólico de la historia cultural y religiosa de París y de Francia.