Juncker, Merkel y Macron reciben a Xi Jinping en el Elíseo
Juncker, Merkel y Macron reciben a Xi Jinping en el Elíseo - REUTERS

Macron y Merkel escenifican un frente unido ante China

La UE pide a Xi un «papel colectivo» en las nuevas grandes inversiones de Pekín

Corresponsal en ParísActualizado:

Reunidos en el palacio del Elíseo, ante Xi Jinping, Angela Merkel, Emmanuel Macron y Jean-Claude Juncker han sentado las bases de las futuras relaciones de la Unión Europea (UE) con China, en el marco de la nueva geografía mundial de la influencia económica y comercial.

Tras varios meses de diálogo bilateral, ante tal cuestión, estratégica para el futuro de toda Europa, la canciller de Alemania decidió sumarse a la iniciativa del presidente francés, «cooptando» al presidente de la Comisión, sensible a la necesidad de adoptar una estrategia común, más allá de las distintas sensibilidades de varios países de Europa del Este y algunas iniciativas aisladas, como la italiana. En una cumbre sin precedentes, los líderes de las dos primeras potencias europeas y el responsable del órgano ejecutivo de la UE echaron los cimientos de las futuras relaciones, que pudieran ser matizados en la próxima cumbre eurochina, en Bruselas, el 9 de abril.

Ante la complejidad y envergadura histórica del proyecto, la pareja Merkel-Macron ha deseado fijar los primeros jalones que debiera adoptar el núcleo duro europeo, el primer círculo de aliados y miembros de la Unión.

Tras la cumbre de trabajo, celebrada ayer en el Elíseo, la canciller de Alemania fijó de este marco de trabajo: «Europa debe tener un papel colectivo en el proyecto chino de las Rutas de la Seda». Y ese «papel colectivo» pasa por el «respeto mutuo»: apertura del mercado chino a las empresas europeas, en la misma medida que las empresas chinas han comenzado a penetrar de manera muy agresiva los mercados europeos.

Macron insistió en otro ángulo complementario del mismo problema de fondo: «China debe respetar la unidad de la Unión Europea y los valores que ella representa en el mundo». Dicho de otro modo, París considera «poco amistosas» las iniciativas bilaterales que pudieran fragilizar el frente común de los intereses comunes de la Unión y la zona euro, con su mercado único. Con una prudencia excepcional, la pareja Merkel-Macron evoca de manera elíptica el problema de inmenso calado del respeto de los derechos del hombre, cuando las minorías étnicas del continente chino denuncian la represión totalitaria de Pekín.

Un enemigo común

Respondiendo a su manera a algunas de las reservas franco-alemanas, el presidente chino confirmó su deseo de iniciar con la UE una reforma global de la Organización Mundial del Comercio (UMC). Segunda potencia económica mundial, China desea preservar sus intereses en varios frentes: ante los EE.UU. de Donald Trump, ante su propia expansión en otros continentes (África), ante una Europa donde Pekín percibe matices que van del rosa (Mónaco) al amarillo (Roma), pasando por el arco iris europeo que la pareja Merkel-Macron desea «organizar» para formar un frente común.

Pekín y sus interlocutores europeos tienen un enemigo común: los EE.UU. de Donald Trump. En el frente europeo se teme que las tensiones chino norteamericanas pudieran tener consecuencias muy negativas para la Unión. Desde Pekín, la UE parece ser percibida como un aliado táctico, en defensa de un multilateralismo «bien entendido». Antiguo banquero, Macron percibe con precisión los intereses comunes de Pekín, París, Berlín y el núcleo duro europeo: «Podemos trabajar juntos en un proyecto compartido de renovación del multilateralismo. Tenemos divergencias, sin duda, que forman parte de nuestras historias respectivas. La historia de la humanidad no marcha sin rivalidades. Quizá nuestra tarea ser organizar nuestra rivalidad en defensa de posibles intereses comunes».

Desde esa óptica, Merkel, Macron y Juncker esperan imponer al resto de la UE su visión de la nueva relación estratégica: «Juntos, podemos pesar e influir más. Separados corremos el riesgo de una dispersión catastrófica que solo nos perjudica a los europeos».