Manifestantes con pancartas contra AfD en la localidad de Taufkirchen, la víspera de las elecciones en Baviera
Manifestantes con pancartas contra AfD en la localidad de Taufkirchen, la víspera de las elecciones en Baviera - Efe

Las elecciones en Baviera pueden hacer temblar Berlín

La CSU puede perder el poder este domingo en el estado por primera vez en 60 años, lo que afectaría a la Gran Coalición

Enviado especial a MúnichActualizado:

En Baviera hay ya anunciada para este domingo un cambio de era. Desde hace semanas se da por hecho que las elecciones del estado de Baviera traen consigo el fin de las mayorías absolutas de la Unión Socialcristiana bávara, la CSU, el partido hermano de la CDU de Angela Merkel. Es el final de una era, de la trayectoria sin parangón, inaudita en una democracia occidental, de un partido que en 72 años, solo ha estado fuera del gobierno tres años hace más de seis décadas. Y que ha tenido mayorías de más del 60%. El ocaso de la hasta ahora incuestionable hegemonía de la CSU no llega por el ascenso de sus rivales tradicionales. Llega por la irrupción de un partido a su derecha, la AfD, que ha trastocado todo el escenario político alemán desde su llegada al Bundestag en las pasadas elecciones federales con 94 escaños. Y que ha provocado una sangría de votos por la derecha en una CSU que, aunque a regañadientes, ha apoyado políticas de Merkel muy ajenas a su vocación de partido de derechas. Incluida la de inmigración, principal causa del enajenamiento de electores.

Pero además del cambio histórico que se da por seguro en la propia Baviera, estas elecciones tienen una enorme trascendencia para las perspectivas inmediatas de la gran coalición de gobierno federal en Berlín que preside Angela Merkel. La canciller está prácticamente condenada por estas elecciones. Ningún resultado le favorece. Aunque algunos podrían intensificar más que otros las presiones para plantear abiertamente el relevo de Merkel, primero en los órganos del partido, pero ya con caducidad explícita en la cancillería. Merkel en todo caso no acudió a crear campaña con la cúpula de la CSU. Su puesto lo ocupó el canciller austriaco Sebastian Kurz, que ya es una referencia en Alemania y no solo para la CSU en Baviera.

Los sondeos auguran a la CSU un resultado en torno al 34%, que es una caída dramática de más de 13 puntos respecto a su mayoría absoluta con el 47,7% de los votos. Si cayera menos, la CSU se presentará en Berlín reafirmada. Lo cual no será bueno, porque agudiza las ya graves tensiones con el SPD. En todo caso, el peor resultado posible de la CSU siempre es inmensamente superior al magro 26% que las encuestas le otorgan en estos momentos a la CDU de la canciller. Si la CSU cae todo lo esperado o más, buscará causas y desde luego la primera será Angela Merkel y su política de inmigración. Sobre todo la política de ignorar o minimizar los efectos de esa política sobre la población. Ese ha sido el principal motor de la indignación que hace crecer a la AfD.

Descalabro socialdemócrata

Si el SPD también cae como espera hasta prácticamente la mitad del voto que tuvo en las pasadas elecciones en 2013, la Gran Coalición en Berlín queda expuesta en una debilidad que tendrá efectos inmediatos. Si los resultados dentro de dos semanas en el estado de Hesse confirman, como se esperan, esta caída general y grave de los partidos de la coalición, la legislatura será ya una pura agonía. Lo cierto es que la economía en Alemania va bien, pero ya no beneficia a los gobernantes. Lo mismo en Baviera, uno de los estados federados más ricos y en gran prosperidad, pero cuyo partido en el gobierno puede perder 13 puntos. Merkel pierde ya 15 puntos respecto al otoño de 2015.

Los resultados en Baviera dictarán si es posible que el partido más votado, que será la CSU, puede gobernar con un socio o con dos. Uno podría ser el partido de los Verdes, que ya ha jugado con la idea y que podrá tener un gran éxito y ser el segundo partido con un 18%, gracias a votos huidos del SPD, pero también de liberales de la CSU. El otro podría ser la curiosa lista Electores Libres (Freie Wähler), que se postula desde un principio como socio de gobierno de la CSU. Ellos se dicen centristas y podrían tener hasta un 10%. Sus expectativas son así mucho mejores que las de los liberales del FDP, otro socio potencial de la CSU, que apenas supera el 5%. El izquierdismo de Die Linke también aspira a superar el 5% para entrar en el parlamento.

Miedo a AfD

La gran incógnita en cuanto a resultados es el resultado del derechista AfD. Genera tal pavor que líderes de compañías punteras como Siemens pedían este sábado que no se votara a «populistas». Estos llamamientos han sido siempre contraproducentes. Porque se ha roto ya el maleficio y la población asume cada vez más, no así los medios, al AfD como un partido más. Los sondeos le han otorgado entre el 10% y el 14%.

Pero por sus especiales características, porque es un partido sometido a acoso del izquierdismo y los medios de comunicación, sus votantes ocultan con frecuencia el voto. Ayer en el barrio de Schwabing, donde el SPD y la CSU hacían campaña sin problemas, los puestos electorales de la AfD estaban con protección policial. Todos los actos de AfD son acosados por grupos de la ultraizquierda que los llaman nazis, racistas y toda la sarta de insultos habituales.

También es curioso pero muy habitual en las campañas en Alemania que la única propaganda electoral que está dañada, pintarrajeada o arrancada es precisamente la de este partido derechista. Mientras la propaganda del resto de partidos está intacta, declaraban este sábado que un 10 o 12% era ya un éxito en un estado como Baviera pero que esperaban más. Y habían algunos que se decían convencidos de que serían segundo partido por delante de los Verdes.

De momento nadie está dispuesto a gobernar con el AfD, lo que, según el resultado que tenga, tendrá unos efectos u otros sobre las posibilidades de coalición. Para gobernar en contra de la CSU y del AfD tendrían que crearse mayorías previsiblemente de cuatro partidos que podrían ser muy inestables. En todo caso, las leyes bávaras son implacables y solo dan cuatro semanas para la formación de un gobierno. En caso de no haberse logrado, se convocan de inmediato nuevas elecciones.