El líder de la CSU Horst Seehofer y el primer ministro del estado de Baviera Markus Soeder
El líder de la CSU Horst Seehofer y el primer ministro del estado de Baviera Markus Soeder - Reuters

División interna en la CSU a solo unos días de las regionales de Baviera

Algunas encuestas adelantan que la CSU obtendrá entre el 33% y el 35% de los votos, muy lejos de la mayoría absoluta

Corresponsal en BerlínActualizado:

«Vaya, en mi propia casa y soy solamente segundo plato», se quejó al inicio de su discurso el ministro de Interior alemán, Horst Seehofer, visiblemente contrariado por aparecer en el programa después de Markus Söder, presidente de su propio partido, la Unión Socialcristiana (CSU) bávara. A solo unos días de las elecciones regionales bávaras, que tendrán lugar el domingo, la CSU volvió a dejar en evidencia una lucha interna fratricida en medio de la cual difícilmente podrá plantar cara al ascenso que las encuestas avanzan para Alternativa para Alemania (AfD), el partido antieuropeo y antiextranjeros que está entre el 10% y el 12% en los sondeos. Algunas encuestas adelantan que la CSU obtendrá entre el 33% y el 35% de los votos, muy lejos de la mayoría absoluta y del 47,7% de los últimos comicios. La más pesimista, publicada por la televisión pública ARD y elaborada ad hoc por Infratest Dimap, el Bayertrend, anuncia solamente un 23% de los votos. Esto significa que en Baviera sería posible incluso un gobierno sin la CSU, todo un cambio de escenario en la política alemana a escala federal del que el presidente del partido, Markus Söder, culpa insistentemente a la «Berliner Politik», que es lo mismo que decir el estrepitoso manejo que su antecesor al frente del partido y hoy ministro de Interior, ha hecho de las relaciones con Merkel en la capital alemana.

«Te agradezco, querido Markus, por tu fabuloso apoyo en el trabajo en Berlín», seguía anoche Seehofer en su discurso ante unos 600 militantes en el Teatro Estatal de Ingolstadt, «no a todos les han gustado allí las medidas que yo he aprobado, querido compañero». «Quien, como Höcke, marcha conjuntamente por las calles con el NPD y con Pegida, a ese no se le ha perdido nada en Baviera», había dicho en el discurso precedente Markus Söder, dejando claro que el enemigo de la CSU no es Angela Merkel ni la gran coalición, sino AfD, y dado así por errónea la estrategia de Seehofer. Söder habló desde la tribuna durante 61 minutos. Seehofer durante 43. Cuando terminó el primero y el segundo subió al escenario para tomar el relevo de la oratoria, los aplausos continuaron durante un minuto, impidiendo a Seehofer tomar la palabra. «Es hombre acabado, en cuanto pasen las elecciones habrá que arreglar esto», murmuraban los colegas de partido tras el escenario.

«La CSU refuerza el deseo del electorado de no votarles», explica el comentarista político de Die Welt, Thomas Vitzthum. El 71% de los bávaros afirma en las encuestas que prefiere que no vuelvan a gobernar solos en la región, sino que deban hacerlo en coalición y la explicación a este rechazo se encuentra en la fecha 4 de septiembre de 2015, cuando la canciller Merkel abrió las fronteras de Alemania a los refugiados sirios que esperaban hambrientos en Hungría. Seehofer sigue manteniendo hasta hoy que Merkel tomó esa decisión por su cuenta, sin consultarles, tratando de sacar provecho del enorme malestar que la política de refugiados ha causado en Baviera, «pero el argumento se le ha vuelto en contra. Nadie quiere aquí que sean ellos los que estén en el gobierno de Múnich en la siguiente situación dramática o decisiva, casi prefieren a cualquier otro».

Eso explicaría que AfD parezca haber tocado techo en las encuestas alrededor del 10%, muy por debajo de la media federal, mientras sigue subiendo Los Verdes, que asoman a la posición de partido de gobierno, y los socialdemócratas del SPD, también enfrascados en disputas internas por resolver, corren el peligro de desaparecer del mapa gubernamental alemán. Söder, la noche del domingo tratará de reunir fuerzas con otros partidos, como Freie Wähler, que en las pasadas regionales entró por primera vez en el parlamento bávaro, o los liberales del FDP, ambos con alrededor del 10% en las encuestas. Pero aunque lo consiga, el problema de base no se habrá solucionado. La CSU parece haber perdido la conexión con el electorado conservador cristiano, al que desagrada la prepotencia de la gran coalición de Berlín y el desorden causado por la masiva llegada de refugiados, pero que no desea asociarse con políticas demasiado poco solidarias y que está desencantado por una clase política que lleva gobernando décadas en Baviera y que ha quedado en evidencia en los momentos de crisis.

En busca del tono correcto, Söder recorre los mítines electorales prometiendo vivienda social y orden en las fronteras. Su equipo había previsto no invitar a Angela Merkel a hacer campaña, pero a última hora ha reculado y la canciller acudirá a varios actos, un tanto a la desesperada, después de que los últimos desplantes de Seehofer en Berlín no hayan servido para frenar la caída en picado en los sondeos y cuando ya ha calado en la directiva de la CSU que la crisis del partido es “made in Munich”.