Marie Le Pen junto con su padre, Jean Marie Le Pen en un acto público
Marie Le Pen junto con su padre, Jean Marie Le Pen en un acto público - Reuters

Las ambiciones y odios de los clanes de Le Pen

Jean Marie Le Pen reúne a toda la estirpe en su 90 cumpleaños y muestra una «reconciliación» familiar

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Los Le Pen se «reconcilian», pero dejan para «mañana», todo lo esencial: la «herencia» política que se disputan sus herederas y la «herencia» económica que deja en suspenso un patrimonio que suscita muchas «ambiciones» apenas ocultas entre las alfombras de unas residencias donde siguen siendo muy difícil la cohabitación de varias familias «recompuestas».

Con motivo de la fiesta aniversario de sus 90 años, Jean-Marie Le Pen montó para un fotógrafo acomodaticio de Paris-Match la foto de la «reconciliación» con sus hijas Yann, Marie-Caroline y Marine Le Pen. «Reconciliacón» que esconde bajo la alfombra de la imagen las relaciones a cara de perro de Le Pen (padre) con Pierrette, la madre de sus hijas, culpable de haberse fotografiado semi desnuda, disfrazada de «chacha», para humillar al patriarca, hace años.

«Reconciliación» que también deja en una tupida oscuridad las relaciones rayanas en el odio entre Marine Le Pen y Marion Marechal-Le Pen, la nieta - sobrina culpable de aspirar a crear su propio partido de extrema derecha, borrando el Le Pen de su nueva identidad pública.

Marion Marechal es la hija de Yann y uno de sus amantes, el periodista Roger. Aunque, comenzó por no reconocerla como hija. Yann Le Pen consiguió que su esposo oficial de la época, un ejecutivo del Frente Nacional (FN, extrema derecha), la reconociese como hija «propia». Cuando comenzó su prematura carrera política, Marion adoptó el Le Pen como apellido de guerra.

Marion Marechal-Le Pen terminó peleándose de muy mala manera con su tía Marine, presidenta del FN, y decidió alejarse y cambiar de nombre, borrando el Le Pen de su tarjeta de visita, por considerarlo «nocivo» para su carrera futura. La nueva Marion Marechal no se lleva mal con su abuelo, pero odia a su tía y rival.

Esas disputas políticas en el núcleo duro de los Le Pen solo son una parte de unas desavenencias familiares mucho más profundas.

A sus 90 años, Le Pen (patriarca) comienza a renunciar a cualquier ambición política. Pero sigue controlando lo esencial de la fortuna familiar: varias residencias de «complejo» origen y un patrimonio mal conocido.

Pierrette Le Pen (su primera esposa) sigue ejerciendo una «influencia» imprevisible en sus hijas y los novios, amigos y maridos más o menos recientes.

Jany Le Pen (segunda esposa del patriarca) es una mujer con mucho «trapío», no solo físico, capaz de intervenir en la vida pública y privada de su esposo con temible energía. Jamás ha tragado a las hijas de su marido, con las que sostiene una relación excelente en las formas, pero mucho más oscura en el fondo.

La «reconciliación» del patriarca con sus tres hijas deja en suspenso la cuestión esencial del testamento no solo político del patriarca. Por el contrario, las ambiciones íntimas de viuda (s), hijas, novios, maridos y diversos componentes de varias familias «recompuestas» siguen siendo muy difíciles de «reconciliar».