Abdullah Öcalan, líder del PKK, en 1993
Abdullah Öcalan, líder del PKK, en 1993 - afp

Unos 40.000 muertos en 30 años de conflicto con el PKK

La captura de su líder absoluto, Abdullah Öcalan, en 1999, pareció señalar el final de la organización, sobre todo después de que este ordenase un alto el fuego unilateral para «favorecer las conversaciones de paz»

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El Partido de los Trabajadores del Kurdistán, más conocido como PKK, fue fundado en 1978 para luchar por un Kurdistán independiente que agrupase a la población kurda de Turquía, Irak, Irán y Siria. De ideología marxista, la organización ha evolucionado hasta convertirse en un grupo nacionalista que hoy en día solo reivindica «el reconocimiento de los derechos culturales de los kurdos». El violentísimo conflicto entre el PKK y el Ejército turco ha causado casi 40.000 muertos desde 1984, cuando la guerrilla inició sus acciones con el respaldo del régimen sirio.

La captura de su líder absoluto, Abdullah Öcalan, en 1999, pareció señalar el final de la organización, sobre todo después de que este ordenase un alto el fuego unilateral para «favorecer las conversaciones de paz». En realidad, Öcalan pretendía erigirse en interlocutor con el Gobierno turco. En 2004, cuando se dio cuenta de que la estrategia no funcionaba y que podía pasar el resto de su vida en prisión, decretó un regreso a las armas para presionar al Estado. El PKK también creó organizaciones hermanas, como el PJAK en Irán y el PYD en Siria, donde solo funcionó como partido político.

La cosa cambió con el estallido de la guerra civil siria: el PYD creó sus propias milicias, las Unidades de Protección Popular (YPG), para proteger las regiones kurdas del norte del país, y trató de mantenerse neutral en el conflicto. La irrupción de Estado Islámico, sin embargo, ha convertido a las YPG en uno de los principales actores de de la contienda. Fueron ellas, por ejemplo, quienes establecieron el corredor de seguridad que permitió evacuar a miles de yazidíes cercados por los yihadistas en el monte Sinyar, en la frontera entre Irak y Siria, el verano pasado.

A finales de 2012, después del año más sangriento del conflicto desde los 90, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan anunció el establecimiento de negociaciones de paz con el PKK para intentar resolver el conflicto kurdo por la vía pacífica. Öcalan le correspondió meses después, anunciando el final de la lucha armada. En primavera, los guerrilleros iniciaron su retirada de territorio turco hacia el norte de Irak, si bien conservaron sus armas.

Cruce de reproches

Sin embargo, en estos dos años las conversaciones apenas han producido resultados. La guerrilla acusa al Ejército y la Gendarmería de aprovechar el alto el fuego para construir nuevos puestos militares en la frontera turco-iraquí, y para continuar con sus «políticas militaristas». La posición turca también se ha endurecido progresivamente.

En mayo, el presidente Erdogan sorprendió a todo el mundo al asegurar que «no existe un problema kurdo en Turquía», una declaración que probablemente era un guiño a los votantes nacionalistas turcos, que no aprueban las concesiones a esa minoría. Se produjeron además incidentes peligrosos, como la colocación de dos bombas en un mítin electoral del partido de base kurda HDP, que causaron cuatro muertos y alrededor de doscientos heridos.

A pesar de ello, el HDP, que ha llamado repetidamente a «no caer en provocaciones», logró un 13 por ciento de votos en las elecciones y pudo entrar en el Parlamento turco. La violencia de esta semana, sin embargo, ha sido demasiado para una negociación ya muy dañada.