Un grupo de inmigrantes desembarca en el puerto siciliano de Catania el pasado 23 de abril
Un grupo de inmigrantes desembarca en el puerto siciliano de Catania el pasado 23 de abril - AFP
entrevista

Frontex o la hipocresía de Europa ante la inmigración

Cruz Roja advierte de que la UE sigue priorizando la vigilancia al rescate y vaticina otro verano negro en el Mediterráneo

Actualizado:

«La emigración nunca se detendrá», le avisó a este reportero hace nueve años un diplomático español en plena crisis de los cayucos (2006), que subían desde Senegal y Mauritania a las islas Canarias. Efectivamente, cada vez que se cierra o se tapona una ruta, otra se abre. Así ocurrió entonces y así sigue ocurriendo. Hoy es Libia el principal agujero negro. De allí salieron hacinados en un pesquero los más de 800 emigrantes que se ahogaron en el Mediterráneo el pasado domingo. La inestabilidad que arrastra desde la Primavera Árabe y la defunción del régimen de Gadafi han abierto de nuevo la brecha a las mafias.

La anarquía reinante es tal que ni siquiera la UE ha podido abordar acuerdos con ese país magrebí. Mientras tanto, el principal puerto de partida de los barcos es escenario de los más crueles abusos contra los emigrantes. «Solo nos queda estar preparados para que sigan huyendo de Libia», vaticina en declaraciones a ABC el presidente de la Cruz Roja de Italia, Francesco Rocca. «Allí nadie les atiende allí».

«Honestamente, el principal problema para nosotros está donde muere la gente, donde la gente sufre. Por supuesto Libia, donde se ejerce una gran violencia contra los emigrantes; Siria, con su guerra, y también países de origen o tránsito como Nigeria o Malí», señala Rocca, quien se queja de que los Gobiernos europeos están más preocupados en frenar los flujos de inmigración que en salvar las vidas de los que escapan de guerras, dictaduras y estados fallidos. «Esto nos lleva a pronosticar un verano caliente», comenta Rocca, y no por las temperaturas precisamente. «No esperamos nada de la UE. Tenemos que estar preparados y trabajar porque van a seguir escapando».

En la cumbre de la UE del jueves se habló de triplicar el presupuesto para intentar mantener a los candidatos a emigrar en África, pero no está previsto que se pongan en marcha mecanismos que den a entender a esos emigrantes que el Viejo Continente les abre las puertas. En efecto, la Operación Tritón, que desarrolla Frontex, la agencia que controla las fronteras exteriores de Europa, pasará de tres a nueve millones mensuales, pero su misión, entiende Francesco Rocca, seguirá siendo la de vigilar por encima de rescatar. «La operación Tritón debe dejar de ser una misión de patrulla para ser de rescate», añade el presidente de la Cruz Roja italiana, que se queja, además, de que la falta de «solidaridad» de los líderes europeos a la hora de pensar en acoger y distribuir a los emigrantes que llegan cada día a cientos a Italia.

La coerción no funciona

No hizo un alarde de astucia en 2006 aquel diplomático español con su pronóstico, porque desde que el hombre existe nada le ha hecho detenerse, pero con su frase sí dejaba claro lo que muchos no ven, que es casi imposible frenar las salidas desde costas africanas hacia Europa. Ninguna medida coercitiva, como doblar la altura de las vallas españolas, ha servido hasta ahora para mantenerlos al otro lado.

Las autoridades españolas pueden dar hoy por cerrada la ruta de os cayucos que partía de Senegal y Muritania, mucho más larga y peligrosa que la del estrecho de Gibraltar y que se abrió cuando se sellaron las vallas de Ceuta y Melilla tras la crisis de 2005. Pero los puntos de partida se fueron redirigiendo al noreste, principalmente a la Libia de Muamar Gadafi y mucho menos a Túnez. En 2008 más de 35.000 inmigrantes desembarcaron en la isla italiana de Lampedusa, la mayoría procedentes de las costas libias. Taponada esa vía, el flujo se desplazó más al este todavía, hacia Grecia, donde, como en ocasiones anteriores, la Unión Europea desplegó una operación de Frontex. Y si Ceuta y Melilla son principalmente preocupaciones españolas, Libia ha sido tradicionalmente preocupación italiana. Si acordar con Marruecos un control de los flujos migratorios es complicado, hacerlo en Trípoli, con o sin Gadafi, lo es muchísimo más.