Cientos de personas se manifiestan en París contra Boko Haram
Cientos de personas se manifiestan en París contra Boko Haram - REUTERS

El conflicto de Boko Haram se internacionaliza (aún más)

De secuestros en Camerún, a envío de tropas por parte de Chad, la crisis yihadista ya no se limita a Nigeria

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El secuestro por parte de la milicia islamista de Boko Haram de 80 personas (entre ellas, al menos 50 menores) en Camerún vuelve a refrendar el evidente contagio fronterizo de los yihadistas nigerianos.

La acción armada se producía apenas días después de que, el pasado 7 de enero, el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, amenazara a su vecino con una oleada de ataques de continuar los bombardeos realizados contra sus milicianos.

«Paul Biya (en referencia al presidente de Camerún), si no pones fin a tu plan maléfico, tendrás lo mismo que precipitó la caída de Nigeria», aseguró el líder radical en una grabación.

Curiosamente, en una extraña vuelta de tuerca, el pasado septiembre fuentes del propio Ejército camerunés habían asegurado que Shekau ( o quien lo representa en los vídeos) falleció en un enfrentamiento con sus tropas en la ciudad de Konduga. Sin embargo, tan solo una semana después de que esta afirmación, el yihadista reaparecía en un comunicado propagandístico para desmentir su deceso.

La campaña de Boko Haram en territorio camerunés, también es cierto, viene de lejos. El 19 de enero de 2013, siete franceses miembros de una misma familia (tres adultos y cuatro niños -de cinco, ocho, diez y doce años de edad-) eran secuestrados en la localidad de Dabanga, al norte del país africano. Entonces, el rapto se convirtió en la primera captura de ciudadanos extranjeros asumida por los rebeldes en la historia. Tres meses después, serían liberados «sanos y salvos», gracias a la mediación de «los gobiernos de Nigeria y Francia».

De igual modo, el pasado julio, miembros del grupo armado capturaban a la mujer del viceprimer ministro camerunés, Ahmadou Alí, en la ciudad de Kolofata. Finalmente, en octubre, era entregada junto con otros 27 rehenes en manos del grupo radical.

No obstante, para paliar este evidente recrudecimiento del conflicto, el pasado viernes, la vecina Chad anunciaba el envío de un destacamento militar a Camerún y Nigeria. En este sentido, la recienta matanza cometida en la localidad de Baga, a orillas del Lago Chad y cuyo número de muertos se estima en dos millares, habría acelerado la iniciativa. Un caso contrario al de Níger, país que comparte frontera con el norte de Nigeria y que ya ha mostrado su negativa a enviar tropas para combatir a Boko Haram en algunas ocasiones.

Las conexiones de Arabia Saudí

Aunque los hilos se extienden más allá de las fronteras terrestres.

En julio, el Gobierno de Sudán extraditaba a Nigeria a Aminu Sadiq Ogwuche, considerado uno de los principales autores intelectuales de los dos atentados llevados a cabo en la capital nigeriana, Abuya, por la milicia islamista de Boko Haram en abril y mayo pasados.

De origen británico, Ogwuche  formó parte de los servicios de Inteligencia del Ejército nigeriano entre 2001 y 2006. Posteriormente, tras desertar del mando militar, el joven realizaría estudios de árabe en la Universidad Internacional de África de la capital de Sudán, Jartum. A su regreso a Nigeria en 2011, sería arrestado, aunque liberado al año siguiente.

Ogwuche, a quien se vincula también con  el mediático secuestro de más de 200 estudiantes  de un internado del noreste de Nigeria, contaba con una orden de detención por parte de Interpol desde mayo pasado, tras el doble ataque que se cobró la vida de al menos 90 personas en Abuya.

La captura de Ogwuche demuestra, también, la facilidad con la que los miembros de Boko Haram continúan moviéndose más allá de las fronteras de Nigeria. El propio grupo armado reconoce que cuenta en su tropa con simpatizantes de Níger, Chad y Camerún. De igual modo, en 2012, David Alton, miembro de la Cámara de los Lores británica, denunciaba que organizaciones de caridad basadas en Reino Unido captaban fondos para el grupo radical.

Para poner fin a estas conexiones internacionales, a finales de 2013, el Departamento de Estado norteamericano incluía al grupo yihadista en su lista de organizaciones terroristas. La decisión estaba encaminada a congelar los activos del grupo armado, imponer prohibiciones de viaje a sus miembros, así como impedir que cualquier ciudadano estadounidenses ofrezca material de apoyo a los milicianos.

Otro caso son ya las relaciones diplomáticas. En noviembre de 2012, por ejemplo, el grupo armado establecía sus primeras demandas para iniciar conversaciones de paz con el Ejecutivo y poner así fin a una sangría humana que, entonces, ya amenazaba la estabilidad del país africano.

Entre las principales reclamaciones del grupo rebelde se encontraba que ambas partes se trasladaran a Arabia Saudí para desarrollar el armisticio, así como la detención inmediata de Ali Modu Sheriff, exgobernador local (y acusado de ser la mano negra detrás del grupo en sus comienzos).

Precisamente, el fundador de Boko Haram, Mohammed Yusuf, ya había encontrado refugio en territorio saudí en 2004, tras huir de las autoridades nigerianas. Desde entonces, y a pesar de su muerte en 2009, las especulaciones sobre la «conexión saudí» del grupo radical son constantes.