Nigel Farage, tras votar en las últimas elecciones europeas cerca de Biggin Hill, al sur de Londres
Nigel Farage, tras votar en las últimas elecciones europeas cerca de Biggin Hill, al sur de Londres - afp
entrevista al líder del partido eurófobo ukip

Nigel Farage: «Estaríamos mejor sin el cadáver moribundo de la Unión Europea»

Pese a sus orígenes conservadores y su euroescepticismo, el populista que quita el sueño a Cameron asegura que «no somos un partido nacionalista, somos un partido libertario»

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El dicharachero e inteligente Nigel Farage, de 50 años, es a día de hoy el perejil de todas las salsas en la política británica. La resaca de la gran recesión de 2008 ha dejado un reguero de populismos que rasgan la piel de la vieja Europa. En Francia se llaman Frente Nacional y son de extrema derecha. En España su filiación es comunista y atienden por Podemos, en copia facilona del eslogan de Obama. En Reino Unido su nombre es UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido). La formación eurófoba que ganó contra pronóstico las pasadas europeas y que hoy desvela a David Cameron, porque puede hacer peligrar su mayoría en las generales de dentro de cinco meses.

UKIP es visceralmente anti euro y anti Bruselas, liberal en economía y con un discurso duro contra los inmigrantes. Acaba de doblarle la mano a los conservadores en dos elecciones adelantadas, que le han otorgado sus dos primeros parlamentarios en Westminster. Lo hizo además presentando como candidatos a dos tránsfugas del partido «tory», al que humilló en feudos que eran tradicionalmente suyos.

Pero el fenómeno UKIP no se entendería sin Nigel Farage, un político que rompe moldes y que al margen de su ideario hace gala de una simpatía personal arrolladora. Humor, campechanía y siempre una pinta en una mano y un cigarro en la otra. Un personaje. ¿Pero quién es realmente Farage? ¿Qué piensa? ¿Encarna de verdad la imagen del inglés común que pretende representar? El gran bocazas de la política inglesa se explica en ABC, aunque descarta opinar de asuntos internos de la vida española, y emerge un liberalismo más sofisticado que su caricatura.

«Nuestras ideas políticas y políticos que nada tienen que ver con el origen y la raza»

–Su idea fuerza es que el Reino Unido estaría mejor fuera de la Unión Europea. Sin embargo, estudios acreditados acaban de afirmar que su país perdería más de un millón de empleos si deja la UE. ¿Cómo pueden ustedes pretender ser más grandes con un mercado más pequeño?

–Son las empresas y las personas las que comercian en un mercado abierto, no los estados. Los empleos dependen del comercio, de los negocios, no de ser miembro de una unión política. Las empresas de China, Estados Unidos e Islandia compran y venden en Europa, y no son miembros de la UE.

–Pero insisto, ¿y los empleos que perderían?

–Reino Unido está perdiendo hoy empleos como consecuencia directa de políticas de la UE. Su fomento de la energía cara, de la emigración masiva, de un euro perjudicial y una legislación hiper-regulatoria nos están costando puestos de trabajo cada día. La inmigración masiva provocada por nuestra pertenencia a la UE ha supuesto pérdida de empleos y una contracción enorme de los salarios. Un informe de la GMB [sindicato británico con más de 600.000 afiliados] concluyó que ha habido una caída de los ingresos medios en valor real del 13,8% desde el 2008.

–¿Y las ventajas de formar parte de los órganos de decisión de un gigante como la UE?

–En relación a eso, a la influencia del Reino Unido allí, desde que empezó a haber actas de registro, en 1996, Gran Bretaña ha presentado 55 medidas en el Consejo de Ministros europeo y las han anulado 55 veces. Tenemos muy poca influencia en la UE. Estaríamos mucho mejor haciendo nuestras propias leyes, nuestros propios tratados de comercio y trabajando por nuestro progreso en un mundo dinámico, sin el estorbo del cadáver moribundo de la UE.

–Voy a seguir intentándolo: cortar con la UE, ¿no puede ser un durísimo revés para la City de Londres, el pulmón del Reino Unido, su primera industria? Es indudable que muchas firmas dejarían Londres.

–La Unión Europea ha conseguido un dominio absoluto sobre nuestros servicios financieros, una de las empresas de más éxito de Gran Bretaña. La UE tiene una clara agenda para diluir nuestra industria de servicios financieros. Yo he visto a la Comisión Europea comprometerse a más regulación, la he visto incrementar las cargas y proponer impuestos que conducirán a perder negocios y trabajos en Reino Unido.

–Cuando veo a los seguidores de UKIP, me da la sensación de que en toda esta historia juega un importante papel lo emocional. Percibo entre su público como una nostalgia del gran Imperio Británico, o de la encantadora Merry England idealizada. ¿Acepta que lo suyo es en parte un asunto sentimental?

«No queremos apartar al Reino Unido del mundo y levantar el puente levadizo»

–No, UKIP no va de historias de escuderos en los viejos condados. Es el partido de los trabajadores que aspiran a cosas mejores para ellos y sus familias. Se ha creado un malentendido en los medios de comunicación, como si UKIP quisiese apartar al Reino Unido del mundo y levantar el puente levadizo. ¡Absolutamente no! Debemos ser una potencia comercial global, no seguir atados a ese cadáver económico que es la zona euro. Queremos nuestros propios acuerdos comerciales, con nuestros socios de la Commonwealth, con zonas emergentes de la economía mundial. Yo no soy un pequeño inglesito. Yo creo en Gran Bretaña.

–¿Es UKIP un partido nacionalista inglés, como por ejemplo el catalán CiU en España?

–No somos un partido nacionalista. Somos un partido libertario, con unas ideas políticas y unos políticos que nada tienen que ver con el origen y la raza. Simplemente queremos que la democracia determine nuestro propio futuro. Vivir y prosperar bajo nuestras propias leyes.

–Algunas encuestas, las más optimistas, llegan a darle a su partido hasta un 20% de los votos en las próximas elecciones generales. Otras hablan del 16% ¿Comparte esos pronósticos? ¿Hasta dónde puede llegar la crecida de UKIP?

–Mira, el sistema electoral británico hace muy difícil para los partidos pequeños romper su techo. Hemos hecho un buen trabajo para estar donde estamos, pero no intentemos ser más de lo que somos. Un 20% sería un buen resultado, ¡sobre todo teniendo en cuenta que la última vez tuvimos un 3%! El paisaje electoral británico está cambiando de manera profunda y rápida. Cuando las elecciones europeas prometí que habría un terremoto de UKIP y lo hubo. Ahora es mucho más difícil. Pero yo siempre viajo a lomos de la esperanza.

–¿Le importaría que aclarásemos algunos aspectos del ideario de UKIP que no tengo claros?

–Adelante.

–¿Más o menos impuestos?

«Es con la inmigración incontrolada con la que existen problemas»

–Menos impuestos y un Estado más pequeño. No queremos al Estado diciéndole a la gente como tienen que gastar su dinero y vivir sus vidas. La burocracia gubernamental es cara, ineficiente e innecesaria.

–¿Quiere recortar la sanidad pública o reforzarla con más inversión?

–Queremos gastar el dinero más cuidadosamente. Pero estamos absolutamente comprometidos con mantener un servicio sanitario gratuito en el punto de contacto del Servicio Nacional de Salud.

–¿Qué opina del matrimonio gay?

–Te leo lo que dice de esto David Coburn [un europarlamentario escocés de UKIP], que es una persona gay: «La dificultad en relación a este debate estriba en que no hay garantías de que el Parlamento de Estrasburgo, que ya está recibiendo peticiones de ciertos grupos en este sentido, no fuerce a las instituciones religiosas a oficiar unas ceremonias que no quieren oficiar. Vemos esto como un acto de intolerancia y por esa razón no apoyamos el matrimonio entre personas del mismo sexo». Y yo añado que en mi libro la tolerancia es una calle de dos sentidos.

–Hablemos de otro de su gran caballo de batalla, la inmigración. Ustedes dicen que es un problema enorme. Pero por ejemplo aquí, en Londres, el 30% de los vecinos hemos venido de fuera y la ciudad es tal vez hoy la más pujante del mundo. Una vez más, ¿no están ustedes jugando más con sentimientos que con realidades?

–Nunca hemos dicho que la inmigración es mala. Simplemente es con la inmigración incontrolada con la que existen problemas. Queremos un modelo al estilo de Australia, donde nosotros podamos controlar el número y la cualificación de aquellos que vienen a nuestro país.

–Si usted gobernase Reino Unido, ¿yo tendría que abandonarlo? Al fin y al cabo, soy un ciudadano español que está viviendo aquí con su mujer española…

–Nosotros no creemos en leyes retroactivas, sino en el estado de derecho. A todo aquel que vive aquí legalmente ahora por supuesto que le permitiría quedarse.