Nigel Farage, líder de Ukip, habla con los periodistas en Clacton
Nigel Farage, líder de Ukip, habla con los periodistas en Clacton - reuters

Los eurófobos británicos hacen historia y entran en el Parlamento

La UKIP de Nigel Farage, la pesadilla de David Cameron, arrasa en las elecciones parciales de Clacton

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Si se les preguntase a los ingleses de a pie con qué político se irían a templarse al pub, tengan por seguro que la mayoría elegirían al descacharrante Nigel Farage, de 50 años, el líder del Partido Para la Independencia del Reino Unido ( UKIP). Populista, eurófobo, conservador-libertario, bastante xenófobo y muy simpático, Farage ganó contra pronóstico las pasadas europeas y el viernes arrasó en las elecciones parciales de Clacton-on-Sea. En esa circunscripción del Sureste de Inglaterra ha logrado el primer diputado para su formación. Todo un hito que acrecienta la inquietud de David Cameron, quien teme una deserción masiva de votantes «tories» a UKIP en las generales del próximo mayo. Farage, con su campechanía de inglés de la calle –que para nada es-, su cigarrito, su pinta perenne y su demagogia puede acabar con el dibujo bipartidista tradicional. En 1951, el Partido Conservador y el Laborista sumaron el 98% de los votos para el Parlamento de Westminster. Hoy las encuestas calculan que se quedarán solo en el 47%.

Las elecciones de Clacton se celebraron para cubrir la baja del parlamentario Douglas Carswell, un tránsfuga del Partido Conservador que dimitió hace seis semanas para pasarse a UKIP. Con su nueva camiseta, la del odio a Bruselas y a los inmigrantes, Carswell ha vuelto a salir elegido, pero está vez goleando: 60% de los votos y un crecimiento del 60% para UKIP, mientras los conservadores caían un 28% en un feudo que era suyo, los laboristas perdían un 15% y los liberales se volvían irrelevantes. UKIP, fundada en 1993 sobre el odio a Maastricht y liderada desde 2006 por Farage, es un fenómeno interclasista, que bebe –nunca mejor dicho- del hartazgo ante la clase política tradicional de Westminster y roba votos a conservadores y laboristas.

Bien el Gran Manchester

En los otros comicios parciales del lunes, en Heywood y Middleton, UKIP fue la segunda fuerza política tras los laboristas, en una plaza donde la izquierda ha sido siempre hegemónica. Ese buen resultado en el Gran Manchester indica que también empieza a sacar tajada en las ciudades obreras del norte. Cameron, que en 2006 definía a los simpatizantes de UKIP como una pandilla de «locos casi racistas», ha ido a rebufo de su tirón convocando para el 2017 un referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la UE.

En víspera de los comicios, Farage levantó su penúltima polvareda declarando a «Newsweek» que habría que prohibir la entrada al Reino Unido de las personas portadoras del virus del sida. Carswell, el tránsfuga que ganó ayer, se esforzó en ofrecer una imagen más moderada y declaró que UKIP quiere ser «un partido para los británicos de primera y segunda generación».

Thatcherista

Cuesta definir el pensamiento Farage. Sus ideas-fuerza son dejar la Unión Europea y prohibir la inmigración. Su lema: «Primero los británicos». Simpatizante del thatcherismo, es liberal, rechaza un estado voluminoso y pide menos impuestos. Pero en un cóctel muy inglés, defiende también la pervivencia de su sistema de bienestar y hasta aboga por más obra pública. Odia las drogas y la prostitución, pero quiere legalizarlas. Adora la campiña tradicional, pero apuesta por las nucleares. Políticamente incorrecto, en 2009, cuando no había llegado al estrellato y era solo un eurodiputado bocazas en Estrasburgo, pasó por Madrid y regaló una entretenida definición de sí mismo: «Me intentan vincular a la extrema derecha, con los xenófobos, pero mi mujer es alemana, toda mi vida he trabajado para la banca francesa, he bebido más rioja que la mayoría de los hígados pudiesen soportar y la mitad de mi gabinete es o negro u homosexual. No soy el diablo. No soy antieuropeo. Soy anti UE».