Manifestantes durante las protestas en Hong Kong
Manifestantes durante las protestas en Hong Kong - Reuters

Las protestas de Hong Kong pidiendo democracia enturbian el Día Nacional de China

En medio de un fuerte apoyo popular que abarrota las calles, la «Revolución de los Paraguas» redobla su pulso a Pekín

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China celebra este miércoles su Día Nacional en medio de las multitudinarias manifestaciones de Hong Kong reclamando democracia. Bajo una fuerte tormenta, la “ Revolución de los Paraguas” volvió a tomar durante la noche las calles del centro urbano, abarrotadas por decenas de miles de personas que se protegían de la lluvia con el símbolo de la protesta. Tras servirles de escudo contra el espray de pimienta que lanzaba la Policía el fin de semana y luego contra el sol, los paraguas han cumplido por fin con su uso tradicional.

Para conmemorar el 65 aniversario de la fundación de la República Popular China, que en 1997 recuperó el control sobre esta antigua colonia británica, el jefe ejecutivo de la isla, Leung Chun-ying, ha presidido al amanecer el tradicional izado de la bandera en la plaza de la Bauhinia, en el popular distrito de Wan Chai. Mientras Leung y otros funcionarios locales saludaban a la bandera china y a la de Hong Kong, un grupo de estudiantes les ha dado la espalda y cruzado sus brazos en forma de cruz a modo de protesta silenciosa. Entre ellos destacaba Joshua Wong, un líder estudiantil de 17 años que pertenece al grupo Scholarism y se ha convertido en el referente de la revuelta porque hace dos años organizó las protestas contra los planes educativos que el régimen de Pekín quería imponer en Hong Kong para incentivar el patriotismo chino. Un programa que muchos estudiantes consideraban un “lavado de cerebro” de la propaganda para anular la singularidad hongkonesa.

Para forzar la dimisión del jefe ejecutivo Leung, los universitarios amenazan con radicalizar sus protestas tomando edificios públicos. Pero éste ya ha anunciado que seguirá en el cargo y prevé una ocupación larga de las calles de Hong Kong, tomadas por miles de manifestantes que se están aprovisionando de víveres para resistir durante los próximos días.

A pesar de los constantes rumores sobre un posible desalojo policial, y del recuerdo aún vivo de la matanza de Tiananmen en 1989, el jefe ejecutivo ha asegurado que no recurrirá a las tropas del Ejército chino acuarteladas en Hong Kong. “Cuando surge un problema aquí, nuestra Policía debería ser capaz de resolverlo. No necesitamos pedir el despliegue del Ejército Popular de Liberación”, explicó el martes Leung.

De esta forma intentaba despejar el miedo que había generado una tribuna de opinión del periódico “Global Times”, altavoz del Partido Comunista chino. En dicho artículo, Wang Qiang, profesor en el Instituto Político de las Fuerzas de la Policía Armada, no descartaba una intervención militar de Pekín. “La Policía es parte de las fuerzas armadas de China y se rige por la ley nacional. Aunque la Región Administrativa Especial de Hong Kong está protegida por su Ley Básica, no habría barreras legales para permitir que la Policía Armada cumpliera allí ciertas tareas si la situación empeora”, explicaba en su artículo, que fue publicado en la edición impresa del citado periódico y también en su página “web”, de donde fue borrado a las pocas horas.

Ante la retirada de la Policía, la movilización ciudadana ya ha ocupado y cortado al tráfico importantes calles de Admiralty (sede del Gobierno regional), Causeway Bay (barrio comercial) y Mong Kok. Desde esta populosa área al otro lado de la bahía, fuera del centro urbano en la isla de Hong Kong, la protesta se ha extendido a Tsim Sha Tsui, un área plagada de tiendas y hoteles frecuentados por los turistas chinos que estos días aprovechan las vacaciones del 1 de octubre para visitar la ciudad.

En lugar de encontrarse con el habitual bullicio del comercio en Hong Kong, se han topado con una revuelta que ha obligado a cerrar numerosas tiendas, restaurantes y bancos. A pesar del ambiente festivo que han tomado las protestas tras los disturbios del domingo, los comerciantes se quejan del daño que está sufriendo la economía local. Buena prueba de ello es que la Bolsa de Hong Kong, que el martes sufrió su mayor desplome desde mayo de 2012, ha caído un 7,3 por ciento durante el último mes por la inestabilidad política.

“No hay negocio, estos días estoy vendiendo cero”, se queja a ABC Yvonne Chan, que regenta una tienda de trajes tradicionales chinos en un centro comercial de Admiralty. Defensora del Gobierno porque “somos chinos desde 1997”, denuncia que “muchos jóvenes se manifiestan porque les parece divertido y no piensan que somos afortunados al vivir en un lugar tan próspero y seguro como Hong Kong”.

Frente a dicha opinión, Selena Ho y Eva Ng, dos alumnas de 16 años, se unían a la masiva protesta de anoche sin haberse cambiado siquiera sus uniformes escolares. Repartiendo entre la multitud botellas de agua e impermeables que habían comprado con su paga semanal, proclamaban que habían venido “para apoyar a los estudiantes y luchar por la democracia y nuestro futuro”.

Bajo el aguacero, los voluntarios repartían de forma perfectamente organizada los víveres donados por los simpatizantes de las protestas: agua, comida, parches médicos, paraguas que aún llevaban la etiqueta, gafas especiales para protegerse del espray de pimienta y hasta bolsas de plástico para guardar los móviles y evitar que se mojen bajo la lluvia. Como se ve, nada queda al azar en las manifestaciones “made in Hong Kong”.