El miedo a que se prohíba hablar en ruso moviliza a la población de Crimea
Unos soldados descansan cerca de la entrada de la base aérea de Bilbek, a las afueras de Sebastopol - efe

El miedo a que se prohíba hablar en ruso moviliza a la población de Crimea

Se trata de una cuestión muy sensible que puede jugar a favor de Moscú en el conflicto

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Nada moviliza más a la sociedad en Crimea y en el Este de Ucrania contra las nuevas autoridades de Kiev que agitar el fantasma de que la lengua rusa pueda llegar a desaparecer de Ucrania. «Nos quieren prohibir hablar en ruso y no lo vamos a permitir», declara indignada Svetlana, una mujer joven que el pasado domingo acudió con sus dos hijas a un concierto, precedido de una misa, en una tribuna instalada en la plaza Najímov de Sebastopol. Un acto festivo-político organizado bajo el lema «el universo ruso».

El presidente de Ucrania en funciones, Alexánder Turchínov, se negó ayer a firmar la modificación aprobada por los diputados el pasado 23 de febrero –nada más huir Yanukóvich del país– a la ley que confería al ruso el carácter de lengua cooficial, junto con el ucraniano, en Crimea y en la zona oriental del país. Turchínov admitió el error cometido por la Cámara en su intento de reducir el rango del ruso como lengua de comunicación y ha instado a elaborar una nueva ley que evite controversias. [Lee el análisis de Mira Milosevic sobre la crisis en Ucrania]

Tras derogarse la anterior ley de lenguas y antes de que la población prorrusa se levantase contra el Gobierno de Kiev, el analista del Instituto Gorshenin, Víctor Sokolov, ya alertó de que «es una grave equivocación despojar al ruso de su estatus de lengua regional en Ucrania. Es un gesto que denota inmadurez política». Y Sokolov tenía razón porque la cuestión de la lengua es muy sensible en Ucrania y el supuesto ataque dirigido contra el ruso está sirviendo a Moscú de factor movilizador de primer orden.

«Nuestra lengua materna»

«Yo nací en Crimea, en 1944, y esto entonces era Rusia y todo el mundo aquí hablaba ruso. Diez años después, Nikita Jruschov, decidió incorporar administrativamente la península a Ucrania y nadie nos preguntó nada. Ahora quieren que hablemos el ucraniano y nos olvidemos de nuestra lengua materna», se lamenta Nadezhda, una pensionista que asiste con su marido al concierto en la plaza Najímov.

El depuesto presidente ucraniano, Víctor Yanukóvich, intentó sin éxito hace dos años que el ruso fuera cooficial con el ucraniano en todo el país. Para lograrlo necesitaba una enmienda constitucional que requiere la aprobación de al menos 300 diputados. Al no conseguir reunir esos votos, Yanukóvich tuvo que conformarse con la cooficialidad del ruso en las regiones con más de un 10% de rusohablantes (Crimea y zona Este). Aunque lo cierto es que, en la práctica, Ucrania es bilingüe:_se habla ruso en todo país, también en el Oeste y, sobre todo, en Kiev.

El factor ultranacionalista

Aquel compromiso no satisfizo a nadie. A los rusos les pareció poco y en el Oeste hubo movilizaciones en contra con crisis política incluida. Los diputados ultras de «Svoboda» (Libertad), cuyo líder, Oleg Tiagnibok, ha sido una de las caras visibles del Maidan, han provocado en más de una ocasión altercados a puñetazos en el Parlamento por abuchear a los parlamentarios que empleaban el ruso en sus alocuciones. Por eso, en Crimea la sola mención del apellido Tiagnibok causa sarpullido.