Las fábricas de la muerte de Bangladesh
Montaje fotográfico de la web de la empresa textil del español David Mayor, una de las ubicadas en el edifico derrumbado en Dacca - abc

Las fábricas de la muerte de Bangladesh

Los salarios más bajos del mundo han hecho de este país asiático una potencia muldial del sector textil a costa de la seguridad y los derechos de los trabajadores, que ignoran las autoridades locales y las empresas multinacionales

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El pasado noviembre 112 personas morían calcinadas en una fábrica textil de Bangladesh. A finales de enero, siete mujeres ardían en otra factoría del país asiático. El derrumbe el miércoles de un edificio de ocho plantas que alojaba cinco talleres textiles en las cercanías de Dacca, capital del país, ha causado por el momento 371 muertos y cientos de desaparecidos. En los últimos siete años más de 700 trabajadores han muerto confeccionando las camisetas, pantalones y cazadoras que vestimos en Occidente, según la Organización Internacional Foro de Derechos, un grupo estadounidense que defiende los derechos humanos.

Los bangladeshíes se encuentran entre los trabajadores textiles con los sueldos más bajos del mundo con 32 euros de salario mensual y jornadas de hasta 15 horas. Costes tan bajos que hasta China deslocaliza parte de su producción a Bangladesh.

En las últimas dos décadas Bangladesh se ha convertido en el segundo exportador mundial de ropa -solo por detrás de China- un sector que genera 15.000 millones de euros al año, representa el 80% de sus exportaciones y da trabajo a 3,5 de los 150 millones de habitantes de este país musulmán del sudeste asiático.

Pero un Gobierno que mira hacia otro lado y multinacionales que no hacen lo suficiente convierten a las fábricas bangladesíes en trampas mortales. «El sector experimenta un boom muy rápido, con los costes mas bajos del mundo y fábricas inseguras», afirma a ABC Eva Kreisler, miembro de la Campaña Ropa Limpia, una organización que vela por los derechos de los trabajadores. Las multinacionales «tienen códigos de conducta pero no se aplican y las auditorías no funcionan».

El Gobierno del país asiático tampoco vela por los derechos y un 10% de los miembros del Parlamento posee fábricas textiles. «Las autoridades conceden privilegios a los dueños de las fábricas», señala a este diario el presidente de la Federación Nacional de Trabajadores del Textil, Amirul Haque Amin. En los dos últimos años se han sucedido las manifestaciones de trabajadores pero el Gobierno las ha reprimido. En 2012 el conocido activista Aminul Islam apareció torturado y asesinado. El crimen no se ha resuelto.