Zaatari, el campo de refugiados sirios que se ha convertido en la cuarta población más grande de Jordania
Tres refugiadas sirias en Jordania obsvervan el paso de un convoy de la ONU el pasado 15 de abril - reuters

Zaatari, el campo de refugiados sirios que se ha convertido en la cuarta población más grande de Jordania

Unas 2.000 personas llegan cada día a las instalaciones, huyendo de la guerra. Algunos de ellos han comenzado a sufrir enfermedades que nunca habían padecido

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«La vida aquí es muy difícil. No tenemos nada. Sólo tenemos a Dios». El anciano sirio aprovecha la presencia de los periodistas que acompañan al ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo, en su visita al campo de refugiados de Zaatari, para expresar su queja. Quizás, como la tercera parte de los 100.000 sirios que se reparten por las tiendas y prefabricados instalados por ACNUR en este lugar del norte de Jordania, a sólo 15 kilómetros de Siria, ha dejado en su país una vida medianamente acomodada para huir de la guerra.

Ahora, echa de menos esas comodidades. Han cambiado sus casas por tiendas o prefabricados. El agua llega diariamente en 500 camiones cisternas que transportan tres millones y medios de litros, pero puede resultar insuficiente. Algunas de esas 100.000 personas –entre las que hay 58.000 niños- han comenzado a sufrir enfermedades que nunca habían padecido. Los esfuerzos de las agencias de la ONU que colaboran con ACNU, como Unicef, la OMS o el Programa Mundial de Alimentos, y las diversas ongs que trabajan en el campo, como la española Fundación Promoción Social de la Cultura no dan abasto a atender las necesidades de un campo al que llegan cada día 2.000 personas, y que se ha convertido ya en el cuarto núcleo de población más grande de Jordania.

Algunas de esas 100.000 personas han comenzado a sufrir enfermedades

Muchas de ellas llegaron casi con lo puesto, durante el pasado verano, con poca ropa, por lo que la llegada del frío e incluso de la nieve, obligó a suministrarle prendas de abrigo. El Programa Mundial de Alimentos lleva cada día medio millón de pan de pita, así como grandes cantidades de comida básica (arroz, lentejas, sal, azúcar, etc)

De todos modos, el campo, de unos nueve kilómetros cuadrados, se ha ido organizando desde que comenzó a finales de julio del pasado año. Con el trabajo de Unicef, hay un parque de juegos y par de escuelas para los niños que atienden profesores jordanos y unos 200 sirios refugiados, aunque, a veces, resulta difícil que las familias accedan a llevar a sus hijos, porque piensan que van a estar allí por poco tiempo. No obstante, cuando se ha comenzado a facilitar alimento para los escolares, la asistencia ha mejorado en un 20 por ciento.

Mafias

Hay igualmente consultorios médicos, atendidos por sanitarios sirios que llegaron como refugiados y también han surgido improvisadas tiendas de maderas y hojalatas en las que se venden diversos productos alimenticios o de higiene, a lo largo de una calle, que con sentido del humor, los refugiados y quienes les atienden han dado en llamar «los Campos Elíseos». La procedencia de esos productos es difícil de averiguar, pero en algunos casos puede haber sido facilitada por grupos de tipo mafioso instalados en el campo y que, por cierto, utilizan, en ocasiones, a los niños, para sus operaciones, incluidas las de hostigar a los agentes jordanos que se ocupan del orden en el campo, para tenerlos ocupados mientras introducen los productos.

El problema de la violencia es uno de los más serios del campo y preocupa sensiblemente a las autoridades jordanas, temerosas también de la posible infiltración de elementos yihadistas. Por ello, cuando los refugiados llegan a las fronteras jordanas, los Servicios de Inteligencia hacen un detenido control y envían a los llamados «single men» (hombres que llegan sólos, sin familia) a unas instalaciones especiales, porque los consideran sospechosos.

Lo cierto es que Jordania se ve hoy aquejada de un serio problema al haber acogido a unos 400.000 refugiados y reclama un mayor apoyo económico por otros países, porque, por desgracia, no da la impresión de que el conflicto en suelo sirio esté a punto de terminar.