Rafael Correa en Moscú
Rafael Correa en Moscú - d. kostyukov

Correa, listo para suceder a Chávez

Comparten la costumbre de insultar a quienes les critican, el odio visceral a los medios de comunicación no afines y el sueño de implantar en Latinoamérica el socialismo bolivariano

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«Quiero dedicarle la victoria a ese gran líder, al comandante Hugo Chávez Frías, y desearle una pronta recuperación». Rafael Correa celebró su reelección como presidente de Ecuador la noche del pasado domingo acordándose del caudillo venezolano, que, aunque moribundo, sigue hoy al frente del bloque de políticos bolivarianos. Por su parte, Chávez hizo suya «la alegría desbordada del pueblo ecuatoriano tras la contundente victoria del líder de la Revolución Ciudadana, el compañero Correa». Rafael y Hugo se quieren. Luchan por un mismo objetivo. E incluso visten en algunos de sus mítines el mismo tipo de chándal.

Correa comparte con sus compañeros del «socialismo latinoamericano del siglo XXI» un perfil carismático y rupturista. Es el líder más popular de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y el más joven, ya que sólo tiene 49 años. El boliviano Evo Morales tiene 53, el venezolano Hugo Chávez 58, el nicaragüense Daniel Ortega 67 y el cubano Raul Castro 81. Además, académicamente es el más preparado: economista de prestigio, estudió en Estados Unidos - Universidad de Illinois- y Europa - Universidad Católica de Lovaina- y, aunque tan sólo por unos meses, entre abril y agosto de 2005, fue ministro de Economía en Ecuador durante la presidencia de Alfredo Palacio.

Está en forma. En las elecciones presidenciales de 2006 tuvo que pelear como candidato de la Alianza PAIS en la segunda vuelta, en 2009 ganó en la primera (con el 52% de los votos), pero ahora ha vuelto a conseguir el KO en el primer asalto con un apabullante 57% de los votos. Por esta razón son muchos los que lo ven como el sucesor lógico de Chávez al timón del frente bolivariano. Cuando le preguntan al respecto, Correa responde utilizando la primera persona del plural: «Nosotros estaremos, y hablo en nombre de Hugo, Cristina, Raúl y Fidel, donde seamos más útiles para nuestras patrias chicas y nuestra patria grande». Prietas las filas.

«Mi Revolución Ciudadana no la para nadie ni nada»

El 30 de septiembre de 2010 salió airoso de un intento de golpe de estado por parte de un grupo de policías, y con el triunfo en las elecciones del pasado domingo ha demostrado que está más fuerte que nunca. En su visión cada vez más radicalizada de las cosas, Rafael Correa advierte confiado a los liberales -a los que llama «boboaperturistas»- y a la izquierda disidente -a la que califica de «infantil»-: «Mi Revolución Ciudadana no la para nadie ni nada».

Indios o petróleo

En su exitosa carrera, Rafael Correa ha tenido muy en cuenta el peso político que tienen los indígenas en Ecuador. Uno de cada cuatro votantes pertenece a esta etnia. El presidente, que en su día aprendió la lengua quechua, supo ganarse para las filas de su movimiento socialista a esta población y a las clases populares del país mediante políticas de fuerte inversión pública en centros de salud y en educación. Sin embargo, en los últimos tiempos algunos sectores de la izquierda e importantes organizaciones indias le han retirado su apoyo en respuesta a las políticas gubernamentales de extracción de petróleo y minerales en sus tierras.

Con todo, Rafael Correa puede presumir en términos macroeconómicos. La economía ecuatoriana crece a más del 5% anual y las cifras del paro están por debajo del mismo porcentaje. El líder bolivariano ha conseguido revitalizar la industria, el comercio y los servicios del país, y por si esto fuera poco, el oro negro que atesora el subsuelo de Ecuador le permite ganar unos 50 millones de dólares al día.

Obsesionado con los «sicarios de la tinta»

Como Hugo Chávez, Rafael Correa informa puntualmente a sus compatriotas de lo bien que lo está haciendo al frente del Gobierno ecuatoriano desde su propio programa de televisión. Con los tres poderes en sus manos ya sólo le queda por conquistar el «cuarto», y por esta razón, ha montado todo un tinglado de periódicos y canales de televisión afines que combaten a diario a los medios privados que le critican. En su obsesión contra los que llama «sicarios de la tinta» y «coloraditas» -presentadoras de televisión que no le son afines-, el presidente ecuatoriano ha concluido que los resultados de las elecciones que acaba de ganar suponen una derrota para la «prensa mercantilista» del país.

Correa también quiere purgar las redes sociales de pensamientos antirrevolucionarios. A raiz de un comentario en Twitter crítico con sus políticas, ordenó a través de un tuit a la Secretaría Nacional de Inteligencia de Ecuador que investigase al díscolo en cuestión. «SENAIN: favor investigar a este malcriado que insulta al presidente con licencia», se podía leer en la cuenta del líder socialista. Además, Correa cuenta en internet con un aliado muy popular en la izquierda política: el fundador de Wikileaks Julian Assange, a quien protege de la Justicia francesa y la estadounidense en su embajada en Londres desde el pasado 19 de junio.

Algunos analistas políticos temen que la libertad esté en peligro en Ecuador. La oposición denuncia que el partido de Correa está financiado por el PSUV de Chávez, y su líder, Guillermo Lasso, advierte que «el socialismo del siglo XXI es un caballo de Troya que usa los mecanismos democráticos para instalarse en el poder» y posteriormente acabar con la democracia. Lo cierto es que entre las «amistades peligrosas» del presidente ecuatoriano están el iraní Mahmud Ahmadineyad y el bielorruso Aleksander Lukashenko, dos «adalides» de la defensa de los Derechos Humanos.

En cualquier caso, Correa no quiere engañar a nadie, y por eso suele poner fin a sus mítines gritando la más conocida frase del «Che» Guevara: «¡Hasta la victoria, siempre!». Las cosas claras.