«La izquierda debe saber que Correa va contra la democracia»
El exbanquero Guillermo Lasso, candidato del movimiento CREO, este jueves en el cierre de campaña en Guayaquil - efe
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«La izquierda debe saber que Correa va contra la democracia»

Entrevista a Guillermo Lasso, candidato a la presidencia ecuatoriana por el movimiento CREO, en segundo lugar en las encuestas

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Guillermo Lasso recibe a ABC en el único día que podría llamarse tranquilo de los últimos 42 que ha durado la campaña electoral en Ecuador. En la apacibilidad de Samborondón, una zona residencial a las orillas del río Guayas, nos abre las puertas de su casa, vestido con polo y sin calcetines. Hoy no es un día para ponerse traje, dice entre risas. Este domingo, este exbanquero de 57 años pretende ganarle el pulso al todopoderoso Rafael Correa y llevarle, como mínimo, a una segunda vuelta electoral en abril.

-Cuando usted presentó su candidatura a la Presidencia las encuestas le daban porcentajes más altos, pero ahora parece que se ha desplomado.

-Esas encuestas tienen la huella del Gobierno. Y este sistema electoral tan intervenido por el Estado no permite que salga a la luz información independiente, transparente y objetiva. Las encuestas a las que hemos tenido acceso nos ubican ya en una segunda vuelta.

-A lo largo de la campaña ha habido críticas a la oposición por parte de algunos analistas y líderes de opinión, que creen que los candidatos se han centrado en el anticorreísmo o que no ha habido un tema fuerte de debate.

-No comparto esas opiniones. Yo hablo por mí. Yo he publicado dos libros para darme a conocer y para presentar mi programa para Ecuador. He sido el único candidato que ha hecho una propuesta por cada día de campaña. Me he presentado de cuerpo entero. De hecho, debo hacer una crítica a los generadores de opinión que, teniendo a su mano toda esta información, han hecho muy poca evaluación. No he escuchado ni una sola opinión sobre mi actividad política y mi interés en hacer propuestas, ni de mi llamamiento a debatir con Correa.

La prensa nacional, probablemente atemorizada por el exceso del intervencionismo estatal, ha pecado de ausente en esta campaña. No se han centrado en nada. La prensa, a la que considero la guardiana de la democracia, ha sido un guardián dormido.

-Hablemos de usted y de Rafael Correa. Usted dijo que el actual presidente le pidió financiación en 2006…

-Correa visitó mi casa dos veces cuando iba a presentarse a presidente en 2006. La primera vez hablamos de que habíamos ido al mismo colegio y sobre la situación de la banca. Del segundo encuentro rescato un episodio: me dijo que ojalá algún día pudiera debatir conmigo si me interesaba ser candidato.

-Según usted, eso no ha pasado.

-Esa definición democrática que yo busqué en él, de hecho, no existe. Su estilo es agredir y, si le queda un poco de tiempo, razonar sobre lo que dijo una persona que no está de acuerdo con él. Ya lo hemos visto los últimos seis años con su actitud hacia la prensa. También se ha visto que no ha querido debatir. En esta campaña, en los aspectos de fondo, Correa ha sido el peor de los ocho candidatos. Se ha dedicado a burlarse del resto y, en concreto, solo a responder a mis propuestas.

-Usted fue el primer candidato que propuso subir el subsidio a los pobres, conocido como bono de desarrollo humano e instaurado por Correa, de 35 a 50 dólares. Algunos sectores conservadores del país vieron eso como un movimiento populista.

«¿Por qué pensar que el socialista es el único que tiene el corazón sensible? No es patrimonio de las izquierdas»

-En mis recorridos por el país de estos últimos años conocí a Edith Vélez, una ecuatoriana como muchas, abandonada por su esposo, a cargo de siete hijos. Le pregunté cómo vivía. Me dijo que recibía el bono de desarrollo humano de 35 dólares, y que no tenía empleo. Luego hablé con su hijo de 10 años y le pregunté cuál era su sueño. Me dijo que quería ir a la escuela. Al salir de la casa de Edith y de las muchas Edith de este país, comprendí la necesidad de mantener el bono de desarrollo humano. Y no solo hay que mantenerlo, sino que hay que incrementarlo. ¿Por qué pensar que solo el socialista es el único que tiene el corazón sensible? Eso no es patrimonio de las izquierdas.

-El Gobierno de Correa es el que más ha gastado en asuntos sociales. ¿Qué ofrece usted de nuevo?

-La red de protección social es como la red de protección en el circo. El problema de Ecuador es que esta red no es elástica. Es como una telaraña. Lo atrapa a uno porque no hay empleo. Mi propuesta fundamental es crear un millón de empleos. El subsidio tiene que ser permanente en el Estado, pero transitorio para cada persona. Luego, el análisis de la inversión en lo social no se puede quedar en lo cuantitativo. En los últimos cinco años, este Gobierno, que ha disfrutado de los mayores precios del petróleo en la historia de Ecuador, ha invertido 21.000 millones de dólares para la reducción de la pobreza y esta se ha reducido en un 7%. En el quinquenio previo al último, varios gobiernos invirtieron aproximadamente un tercio, 7.000 millones de dólares, y redujeron la pobreza un 21%. Queda evidenciado que hay una mala administración de los recursos y hasta la posibilidad de actos de corrupción.

-En caso de que gane Correa ¿cómo ve al país en los próximos cuatro años? ¿Va a convertirse en una nueva Venezuela?

-Viendo estos últimos años no resulta difícil imaginar el futuro. El socialismo del siglo XXI es como un caballo de Troya que usa los mecanismos democráticos para instalarse en el poder y luego implosionar a las instituciones de la democracia tradicional. Se encontraron con Hugo Chávez, que compró la idea. Tomó vuelo internacional tratando de insulso al señor José Miguel Insulza, presidente de la OEA, tratándolo de pendejo y con ese lenguaje agresivo lo que logra es amedrentar a América Latina y a la OEA, que se puso de rodillas ante Chávez. Con su actitud de acción y omisión, Insulza y la OEA, se han convertido en los alcahuetes del socialismo del siglo XXI, que no es un modelo democrático.

Esta franquicia ideológica se ha replicado en Ecuador y representa varias amenazas para la democracia. El uso y abuso de la democracia para llevar adelante consultas populares que terminan en una asamblea constituyente, en una nueva Constitución que les dé garantía para perpetuarse en el poder y eliminar el valor esencial de la alternancia. Chávez, muy hábilmente utiliza a Bolívar; Correa, a Eloy Alfaro. Al igual que el Bolívar de Chávez, el Alfaro al que apela Correa no tiene nada que ver con el real. Alfaro era un verdadero liberal que construyó el ferrocarril, no solo con deuda, sino con inversión extranjera y privada, las que repudia Correa en el siglo XXI. Otra amenaza es el uso del lenguaje violento, la construcción de fantasmas enemigos del modelo del Gobierno. Correa ha construido, en los medios, en la banca, en Estados Unidos, en la inversión extranjera y en los empresarios, a los enemigos de la sociedad ecuatoriana.

En ese escenario, en el futuro veremos que se va a acentuar la revolución, lo que implica más impuestos, más dispendio del gasto público, más prepotencia, menos democracia y más censura, que ya existe hoy.

-Usted mismo ha señalado que ha habido una campaña sucia. Además, con el panorama que ha descrito, ¿cree realmente que es posible derrotar a Correa?

-Claro que sí. Mi equipo y yo hemos trabajado con propuestas y hemos hablado con claridad. Pero la izquierda internacional tiene que saber que Correa contradice los principios democráticos. Los medios de comunicación incautados por el Gobierno han actuado como actores políticos en irrespeto a las reglas del juego. Han hecho exactamente lo que criticaba Correa a los medios independientes: apoyar a candidatos favoritos, tener su propio interés político. En un telediario de 30 minutos dedicaron 10 minutos a Correa y un solo minuto para todos los otros 7 candidatos. Correa ha utilizado todo su poder para agredir, para denostar, para burlarse y para desprestigiarme injustamente.

-¿Ha sentido, al igual que Capriles Radonski en Venezuela, apoyo internacional?

«He sido abandonado por todos los gobiernos de derecha, incluido Rajoy»

-La izquierda en el mundo es solidaria: cuando aparece un proyecto político de izquierda, es inmediatamente apoyado por los distintos gobiernos. Pero cuando aparece un proyecto político de derecha, como el mío, en un país como Ecuador, he sido absolutamente abandonado por todos los gobiernos de derecha. Mi lucha ha sido una lucha en solitario sin apoyo moral, sin ningún respaldo. E incluyo, en concreto, al Gobierno de Mariano Rajoy.

-¿Saldría de una organización como la ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América)?

-No, porque no me voy a perder la oportunidad de asistir a una cumbre para decirles que no puede ser ni hacer la vista gorda y apoyar a regímenes como Siria. Eso no es democracia. Hay que recuperar la democracia en América Latina.

-¿Revocaría el asilo a Julian Assange?

-En primer lugar, no le hubiera dado asilo ni me hubiera metido en ese lío. Eso es consecuencia de un brabucón de barrio que se anda metiendo en los lugares que nadie lo invita. Pero ya ha sucedido el hecho, y para mí hay un marco referencial para resolver ese tema: primero el respeto a los derechos humanos de Assange y luego el respeto al derecho internacional. Si yo asumo el mando, no voy a expulsar a Assange de la Embajada, pero buscaría resolverlo dentro del ámbito del derecho internacional y asegurándome de que se respeten los derechos humanos del señor Assange una vez fuera de la sede diplomática.