Un superviviente del Costa Concordia: «Me sentiría compensado con algo razonable y las disculpas de la compañía y del capitán Schettino»
Carlos José Peñacoba, superviviente del Costa Concordia - Foto y Video: Luis miguel farraces

Un superviviente del Costa Concordia: «Me sentiría compensado con algo razonable y las disculpas de la compañía y del capitán Schettino»

Carlos José Peñacoba se encuentra «más o menos bien» un año después del naufragio tras haber estado en tratamiento psiquiátrico

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«Por poco me pierdo el hundimiento», bromea Carlos José Peñacoba recordando cómo estuvo a punto de no embarcar en el Costa Concordia al embarcar con retraso en Sicilia. Ha recuperado el sentido del humor después de noches de pesadilla que le llevaron a someterse a un tratamiento psiquiátrico. «Ahora me encuentro más o menos bien. Es una experiencia muy fuerte», explica este madrileño que viajaba en el camarote 1034 de la cubierta número 10, cerca del puente de mando del buque.

Solo en una ocasión vio al capitán Francesco Schettino , en un espectáculo en el crucero en el que presentaban a todo el personal de a bordo, pero cree que éste le debe unas disculpas. «Ha habido 32 víctimas mortales por la impericia de un señor que encima abandonó el barco cuando tenía que haber salido el último y sobre todo, porque pudo haber evitado la tragedia. Si desde el primer momento hubiera dado la orden de evacuación del buque, seguro que no hubiera pasado nada», señala.

También las exige a Costa Cruceros, contra la que pleitea a través de Ceaccu por una indemnización de hasta 100.000 euros, muy superior a los 11.000 euros que rechazó. Dice que se sentiría compensado «con algo razonable y las disculpas de la propia compañía y del señor que está encausado y que fue el comandante que la compañía puso ahí para dirigir un barco y que demostró su impericia y su cobardía».

Peñacoba viajaba junto a su padre que entonces tenía 81 años y que, sorprendentemente, «estaba más tranquilo». «Decía que ya estaba amortizado», recuerda su hijo entre risas. El apoyo que uno a otro se prestaron en aquellos momentos fue clave para salir con vida de aquel «sálvese quien pueda».

«Todo lo que transmitían por megafonía era que se trataba de un fallo en los generadores eléctricos (...) y al principio nos lo creímos, pero poco a poco te veías obligado a agarrarte porque ibas perdiendo el equilibrio», cuenta. En un primer momento no les dejaron ocupar los botes... hasta que lanzaron los siete pitidos. «En ese momento sí, fue dramático y drástico».

«La aventura del Poseidón»

«Tuvimos suerte porque pudimos embarcar al cambiarnos de lado de cubierta. En la que estábamos había mucha más gente y con la inclinación que estaba tomando el barco, si se vencía esa mole enorme, nos iba a atrapar como ratones», relata este superviviente al que en esos momentos le vino a la mente la película de «La aventura del Poseidón» y «El Titanic».

Subieron al que cree que fue el último bote que pudo bajar por aquel costado junto a un centenar de personas. «Levanté la lona y la altura era considerable, siete u ocho pisos con la inclinación». Fueron momentos de tensión. El bote rozaba el casco del barco, haciendo saltar piezas metálicas con un ruido infernal. No es de extrañar que al llegar al agua padre e hijo se abrazaran. «Comprendimos que para nosotros el peligro había pasado».

Al alejarse en el bote, Peñacoba vio por primera vez que el barco se hundía de verdad. «De noche, con las luces, era un ambiente fantasmagórico, se salía de la realidad», asegura.

Era un «experto en cruceros», pero achaca más a la suerte que a la experiencia haber dado con la solución para salir de allí. «Veías a madres con niños, gente impedida... aquello era una ciudad», recuerda.

Hoy su camarote continúa al aire por lo que confía en recuperar lo que se vieron obligados a abandonar. «Dejé conectado un iPhone, pero con la humedad y después de un año, no sé cómo estará», dice.

Su padre aceptó los 11.000 euros de indemnización que les ofreció Costa «por motivos de edad y para disfrutarlos con sus hijos» e incluso se embarcó en otro crucero al que invitó a Carlos José para ayudarle a superar el trauma. «Me vino bien», confiesa el hijo. Hoy ha recobrado su día a día, incluso los ensayos de Totem, el grupo de música de los años 80 que formó junto a su hermano.