25 años de su muerte

Tierno Galván: la huella de un «socialista honrado»

El alcalde de Madrid supo ganarse la admiración y el respeto de todos sus amigos... y sus enemigos políticos

MADRID Actualizado:

«Uno de los grandes intelectuales de España y el mejor alcalde de Madrid en toda su historia», «una figura que por su historia está por encima de todas las pasiones partidistas» o «su desusada cultura en el medio político en que se movía le hacía parecer, como lo que en realidad era, un hombre muy por encima de lo normal». Así se describían personajes tan dispares como el dramaturgo Antonio Buero Vallejo, el comunista Santiago Carrillo o su gran rival político, José María Álvarez del Manzano, la figura de Enrique Tierno Galván, al que aún hoy,25 años después de su muerte, le siguen rindiendo emotivos homenajes.

Todos son halagos para uno de los pocos políticos españoles que supo ganarse la admiración y el respeto de sus enemigos tanto como de sus amigos. El «viejo profesor», «el alcalde», el «socialista honrado» o, como le llegó a calificar la misma oposición del Partido Popular, «la reina madre», fueron algunos de los sobrenombres que se ganó durante sus siete años (1979-1986) que estuvo al frente del Ayuntamiento de Madrid.

«Tierno Galván ha continuado en la línea de los grandes alcaldes de la Villa»

El mismo Álvarez del Manzano, que fue derrotado en las urnas hasta en dos ocasiones por él, escribió para ABC el día de su muerte: «No se puede negar, ni nosotros lo hemos hecho nunca, la popularidad de Enrique Tierno Galván. Ha pasado por encima de criterios diferenciadores y ha continuado en la línea de los grandes alcaldes de la Villa».

A lo largo de su vida desplegó una intensa actividad contra la Dictadura, que le valió, por ejemplo, la expulsión de la Universidad de Salamanca y su marcha forzada como profesor a universidades americanas como Princeton. Durante la Democracia supo imponerse «a las adversidades y contratiempos de su propio partido a base de empeño, paciencia e inteligencia, saldando su mandato positivamente», como reconocía ABC. Pero también se convirtió en un defensor a ultranza de la Monarquía, a pesar de declararse «un republicano de formación y de corazón», como confesaba su gran amigo José María Areilza: «Fue uno de los primeros en considerar a la institución monárquica como una solución racional, inteligente y moderada, capaz de evitar traumas nacionales y de garantizar una salida democrática y pacífica a la nación».

Muriendo con las botas puestas

Todos veían en él, aun en sus diferencias, a un hombre íntegro, honrado, culto (no pedante), consecuente con sus ideas a favor de la libertad y la concordia y que, sobre todo, trabajó hasta la extenuación por los madrileños. Aun conociendo la gravedad de su enfermedad, un cáncer de colon, cuentan que exigió a los médicos desde un principio que le informaran con exactitud de cuál era su estado e insistió en mantener sus actividades hasta que físicamente no pudiera mantenerse en pie.

Y así lo hizo, como demuestra su extensa y desperdigada obra intelectual, con decenas de libros y ensayos y centenares de notas y comentarios, en campos tan dispares como la política, la filosofía, historia de la cultura o sociología.

«¡A colocarse!»

Como alcalde supo ganarse el afecto de los madrileños con sus humorísticos y bien escritos Bandos municipales y con iniciativas tan curiosas como devolver los patos al río Manzanares o las flores a los parterres públicos. Todo ello sin olvidarse de los jóvenes, a los que se ganó incondicionalmente con su apoyo a la Movida madrileña, con sus apariciones en conciertos de Joan Baez y Luis Eduardo Aute y con frases ya antológicas como: «¡Rockeros, el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!».

«El destino es caprichoso y lamentablemente cruel. Ha muerto el mejor alcalde de Madrid, el mejor alcalde de España»

El «hombre bueno», el « socialista honrado», el «padre de todos», el «mejor compañero», el «intelectual», el «defensor de los trabajadores», el «luchador por la paz»… todo esto era Tierno Galván para los demás: una de las personalidades más atractivas y populares de la política, cuyo entierro se convirtió en una de las concentraciones más multitudinarias que se recuerdan en la historia de Madrid.

«El destino es caprichoso y lamentablemente cruel. Ha muerto el mejor alcalde de Madrid, el mejor alcalde de España», anunció Juan Barranco. Y Madrid no volvió a ser lo mismo.