Lindbergh, al lado de su Ryan NYP con el que hizo el épico salto Nueva York-París en 1927
Lindbergh, al lado de su Ryan NYP con el que hizo el épico salto Nueva York-París en 1927

Lindbergh: un pionero en los albores de la aviación

Primer aviador que cruzó el Atlántico en solitario

Emilo A. Pacios
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Desde pequeño sabía lo que quería ser. Le fascinaron los aeroplanos. Ya con 9 años, los motores de gasolina se convirtieron en sus compañeros de juego. Su meta era volar y abandonó la universidad para ir a una escuela de pilotos donde empezó a reparar aviones. Ingresó en el Ejército y por fin consiguió su sueño.

Eran tiempos en los que la aviación estaba en mantillas. Eran tiempos de riesgo, de aventuras, de pioneros, y Lindbergh encajó perfectamente en el perfil. Aunque su primer trabajo no fuera exactamente lo que buscaba: llevar el correo entre San Luis y Chicago. Pero volar era volar.

Portada en la que ABC daba cuenta de la aventura de Lindbergh, con el piloto posando frente al avión con el que cruzó el Atlántico en 1927.
Portada en la que ABC daba cuenta de la aventura de Lindbergh, con el piloto posando frente al avión con el que cruzó el Atlántico en 1927.

En 1919, un premio ofrecido por el propietario de una cadena de hoteles marcó su vida para los siguientes ocho años. La oferta consistía en 25.000 dólares para la primera persona que cruzara el Atlántico en avión y sin escalas. Y Charles Lindbergh se propuso ganar ese premio. Buscó apoyo financiero en varios empresarios de San Luis. Pero, sobre todo, buscó el avión adecuado, el mejor que pudo encontrar entonces: un Ryan que tuvo que adaptar para la impresionante gesta. Era prácticamente un bidón de gasolina volante. Tales fueron las modificaciones que, una vez en la cabina, le era imposible ver nada que estuviera delante de él. Después de solventar toda clase de problemas, el 21 de mayo de 1927, despega de Nueva York con rumbo a París, a donde llega 33 horas después (hoy en día, un avión tarda del orden de siete u ocho horas en hacer el mismo trayecto). Había entrado en la historia de la aviación con todos los honores.

Otra hazaña, injustamente olvidada, la realizó con Anne Spencer Morrow, su esposa. De julio a octubre de 1931 se propusieron volar hacia Oriente, desde Long Island, pasando por Alaska, Rusia, Japón y, finalmente, China. Allí acertaron a aterrizar en una zona devastada por una crecida del río Yangtsé y se convirtieron en los primeros en llevar en avión ayuda humanitaria a los afectados. Y también en los primeros en llegar por aire a China. Los Lindbergh alcanzaron gran fama y notoriedad. Tal vez, esto hizo que en 1932 uno sus hijos, Charles Jr., fuera secuestrado y asesinado. Este hecho provocó que la familia Lindbergh se exiliara temporalmente en Europa. Volvieron a los Estados Unidos en 1939. Antes de la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial, Charles Lindbergh fue acusado de ser simpatizante de las ideas fascistas con las que había tenido contacto durante su breve exilio europeo. Fue un gran activista de la no intervención de Estados Unidos en la guerra y hasta se marchó del Ejército. Pero cuando en 1941, después del ataque japonés a Pearl Harbor, su país entró en el conflicto, apoyó públicamente el esfuerzo de guerra y volvió al servicio activo. Voló 50 misiones de combate en el Pacífico.

Los últimos años de su vida los dedicó a la defensa de la naturaleza. Ganó el premio Pulitzer con un relato autobiográfico en 1953. Murió el 26 de agosto de 1974 en la isla de Maui, en el archipiélago de Hawái.