Fernando VII, en la intimidad: un Rey «hipócrita, cruel, desconfiado y hedonista»

Emilio La Parra, autor de «Fernando VII: Un rey deseado y detestado», responde a las preguntas de ABC sobre la reputación histórica de uno de los reyes peor recordados por los españoles

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Para presumir de lo actualizada y flexible que es la versión digital del Diccionario Biográfico, la Real Academia de Historia ha puesta varias veces de ejemplo la entrada de Fernando VII, que acaba de ser modificada ante la irrupción de una biografía romperadora y reveladora del Monarca. El catedrático en la Universidad de Alicante Emilio La Parra publicó a principios de este año «Fernando VII: Un rey deseado y detestado» (Tusquets Editores), ganadora del XXX Premio Comillas, una obra que ha cambiado en parte la percepción sobre el «Deseado Indeseado» y ha cubierta vacíos sobre la vida del Monarca como, por ejemplo, su supuesto cautiverio en Valençay. Claro que una cosa es cambiar la percepción y, otra muy distinta, salvar la reputación de un Rey cruel, hipócrita, hedonista y hábil, sí, pero solo en el regate corto, que vivía obsesionado con lo que el pueblo pensaba de él.

Recuerda usted en su biografía que Fernando VII no siempre fue ese «Deseado indeseable»

Efectivamente, durante su reinado en algunos sectores Fernando VII fue un Rey querido y, por supuesto, popular. La imagen de Fernando VII muy deteriorada, incluso peyorativa, ha sido una construcción fundamentalmente posterior a su reinado. Es cierto que, ya en su época, a partir de 1823, en algunos sectores empezaron a criticarle muy duramente, entre ellos los liberales exiliados y, por otra parte, los ultrarealista, el sector más extremista del realismo, que le denigró porque consideraba que no les hacía caso. Con todo, el conjunto de la población siguió considerándole un Rey bastante aceptable y amado.

¿La opinión que tenía el pueblo llegó a ser una preocupación para el Rey?

Totalmente, lograr el cariño de las clases más bajas era una obsesión de su reinado. Se presentaba ante el pueblo como alguien paternal, como un padre de todos. Quería que le vieran como el Rey que ofrecía a los españoles la tranquilidad y el orden. Aparte, él se preocupaba mucho por cuidar su imagen a nivel exterior y proyectar lo mejor de sí mismo. Lo hizo así porque su imagen, a partir de 1814, fue bastante peyorativa en la esfera internacional.

Incluso los liberales durante un tiempo no vieron con malos ojos al Rey.

Los liberales también exoneraron al Rey con la excusa de que era bueno pero tenía malos consejeros. Todavía, en 1820, algunos confiaban en que podía ser un buen monarca constitucional. Muchos liberales se creyeron en serio aquello de «marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional». No fue hasta 1823 cuando eso se demostró que completamente erróneo.

¿Cómo era en la intimidad?

Era una personalidad muy compleja. Algunos de los que le conocieron de cerca a lo largo de la vida dijeron que era difícil llegar a él realmente y saber lo que pensaba. Sobre todo porque sus gestos y su rostro no acompañaban a lo que hacía. Una personalidad compleja, con un altísimo concepto de sí mismo y de su función como Monarca, de ahí su obsesión por cuidar su imagen. Además, era muy intransigente; rechazaba cualquier transacción con sus enemigos, a los que calificaba de los malos frente a los buenos, los que les prestan obediencia y fidelidad a él. Por eso recurre a la represión frecuentemente para solucionar sus problemas, casi siempre con crueldad y con dureza. Es capaz de decir, «oye ¿ por qué sigue "el Empecinado" con vida? A ver si ya se arregla ese asunto». Es muy inseguro y desconfía ante todos y ante todo. Un hombre hipócrita. Minucioso en algunos asuntos, por ejemplo, al revisar las cuentas y el dinero. Minucioso en su vida cotidiana... muy hedonista, le gustaba comer mucho, fumaba una barbaridad y le gustaban los placeres sexuales. La buena vida...

«Es muy inseguro y desconfía ante todos y ante todo. Un hombre hipócrita»

Desde su infancia tuvo una relación complicada con su madre, ¿es esa la razón de esta personalidad desconfiada y cruel?

La difícil situación con su madre podría ser una explicación para este carácter suyo. Pero, también hay que tener en cuenta que en su infancia no mantuvo relaciones con casi nadie; era retraído y, tal vez, esto ahondara en su desconfianza hacia todo el mundo. Un carácter que reforzó paulatinamente a través de unas circunstancias que, no se pueden decir, muy favorables. Se casó muy joven y empezó ya entonces a conspirar contra su padre, inspirado por su esposa y por la madre de esta, la Reina de Nápoles. Asuntos turbios y conspiraciones que contribuyendo a forjar una personalidad tan compleja, hipócrita y desconfiada como fue la suya.

Y, sin embargo, algunos historiadores llegaron a decir que fue el más inteligente de los Borbones.

No sé si era el más inteligente, pero desde luego no era tonto. Tenía lo que podemos llamar una inteligencia práctica para las cuestiones concretas. En todo aquello que le interesaba de verdad actuaba con mucha diligencia. Además, era un individuo que sabía controlar los tiempos, como Rajoy, y esto ponía nervioso a su interlocutor, cualquiera que fuera. Sabía mantener silencios cuando le convenía y era hábil en el regate corto, pues no se puede decir que tuviera un proyecto de Monarquía a largo plazo, sino un régimen personalista y controlado desde su baja altura. Citando sus virtudes, siempre se portó bien con sus cuatro esposas. Fue un buen marido, amoroso, lo cual no impidió que tuviera infidelidades, que era algo bastante común entre las élites de aquel periodo.

Esas virtudes le sirvieron para mantener la Corona sobre su cabeza a pesar de todo lo que ocurrió durante su reinado, ¿cuál es el secreto de su supervivencia política?

Mantiene el reinado para empezar porque aplica una represión durísima... Y, aparte, la clave de la pervivencia de Fernando en el trono está en la Guerra de Independencia, donde fue necesario construir una imagen muy positiva de él. Fernando fue visto como una solución en un momento de completa angustia. Fue necesario para unir a todos los españoles contra Napoleón, el mejor comandante del mundo. La figura mitificada del Rey unió a los españoles para afrontar aquel desafío bélico tan monumental. Es decir, fue un Monarca que se le consideró necesario en un momento crítico y luego fue muy difícil que se le retiraran los adornos. Entró en el imaginario colectivo de forma muy profunda, de modo que cuando terminó la guerra la mayoría de los españoles pensaban que el Rey, que no había tenido ninguna participación en el conflicto, era el artífice de la victoria. Cuando apostó por el retorno del Absolutismo para el pueblo no fue un defecto del Monarca, sino el resultado de malos consejeros.

Juramento del futuro Fernando VII como príncipe de Asturias, realizado en la iglesia del Real Monasterio de San Jerónimo
Juramento del futuro Fernando VII como príncipe de Asturias, realizado en la iglesia del Real Monasterio de San Jerónimo

¿Quiénes integraban esa famosa camarilla que, según la visión del pueblo, le aconsejaba tan mal?

La camarilla es una realidad constituida, paulatinamente, durante su reinado, que la componen individuos de distinta procedencia; con nobles, como el Duque de aragón; extranjeros, como el embajador ruso; gente del pueblo bajo, como Pedro Collado Chamorro. Es una variedad de individuos que fueron ganándose la confianza del Rey y que, según creía él, le transmitían información de primera mano de la forma de pensar de los españoles. Sin embargo, hay que recordar que la camarilla aconsejaba al Monarca de forma independiente de las otras influencias que tenían, esto es, los ministros y los altos cargos que rodeaban al Rey. Se formó así un doble foco de influencia. Con la diferencia de que los consejeros «oficiales» fueron cambiando cada poco tiempo y se adaptaron a las circunstancia. Fue un Rey que cambió muchas veces de ministros.

¿Qué opinaba Napoleón de Fernando?

Su relación con Napoleón inicialmente fue pésima. El Emperador nunca le consideró desde un punto de vista positivo y le tenía por un hipócrita falaz del que no podía fiarse. Incluso condenó, en una carta de 1808, la forma en la que había actuado el príncipe con su padre, Carlos IV, y con Godoy, llamándole de forma solapada asesino. Por su parte, Fernando VII tampoco tenía buena imagen de Napoleón, pero él sí lo necesitaba. Cuando montó el Motín de Aranjuez que acabó con Godoy, en ese momento Fernando sabía que dependía de Napoleón para consolidarse en el trono. Sabía que lo suyo había sido un golpe de Estado y una actuación que no le dignificaba como Monarca. Por eso recurrió al dueño de Europa y elogió a Napoleón de forma reiterada. Algo que para él no debió ser grato, pues Napoleón era un advenedizo y Fernando creía que él era un Rey por historia y por derecho divino.

Tras la abdicación, Fernando y su familia vivieron «cautivos de Napoleón» en el castillo de Valençay, ¿qué ocurrió allí?

Es una de las aportaciones más novedosas de mi libro. He usado documentacion francesa para ver lo que hizo Fernando en Valençay, que era un palacio muy bien dispuesto. La información que teníamos estaba deformada porque el que comenzó siendo su confesor, Blas Gregorio Ostolaza, regresó en 1809 y difundió un relato completamente falso del Rey como un prisionero, que estaba viviendo en condiciones desastrosas. El sermón del confesor se convirtió en la doctrina oficial y luego los historiadores del siglo XIX tampoco profundizaron más. Se dijeron muchas inexactitudes… A través de la documentación de la policía imperial, que siguió día a día a los príncipes españoles, he obtenido un retrato exacto de cómo se gastaron el dinero en joyas, libros y cuadros. De cómo se aprovisionaba el palacio con alimentos de primer orden y se celebraban fiestas. No es un cautiverio al uso.

En este sentido, usted recuerda que fue en Valençay donde se cimentó una de las mayores amistades de Rey.

Sí, con su hermano Carlos. Es curioso que entre los infantes normalmente no había mucha relación personal, porque la etiqueta de la Corte exigía a cada uno vidas diferentes. Estaban distanciados y así hubieran seguido hasta que el cautiverio los unió. En Valençay, Fernando fue con su hermano y su tío. Sin etiqueta de Corte, no hubo restricción para que jugaran, charlaran y se divirtieran juntos. Una vida común donde se estableció una relación íntima que no se solía dar entre Infantes. Esta relación luego se mantuvo una vez de vuelta a España, si bien a partir de 1830, aproximadamente, la entrada de María Cristina de Borbón en la Corte empezó a modificar la amistad. Les costó romper entre ellos, pero la esposa y la suegra de Carlos, ambas portuguesas y residentes en la Corte, fueron determinantes para envenenar la relación entre los hermanos. Sola la sucesión enturbió la relación.

«Su intransigencia fue fundamental para la pérdida de los territorios en América»

Antes de su llegada al trono, España estaba aún disputando la hegemonía mundial y, al final del reinado, éramos ya una potencia de segunda. ¿Cuánta parte de culpa se le puede atribuir al Rey y cuánta a las circunstancias excepcional que vivió todo el continente?

La principal razón de la pérdida de protagonismo mundial fue la pérdida de América. Y, sí, en el caso americano tuvo mucha culpa Fernando VII, que nunca pensó en otra solución para resolver el problema de los insurgentes americanos que en la fuerza bruta. No se avino a negociar, a hablar... Se le presentaron planes alternativos y siempre hizo oídos sordos a la opción de un sistema de confederaciones. Para él la única posibilidad era mandar un ejército y aplastar a los rebeldes. Su intransigencia fue fundamental para la pérdida de los territorios en América. Además, cuando en Europa se intentó restituir el continente tras la tormenta de Napoleón, el Monarca adoptó una actitud poco inteligente en el Congreso de Viena, donde España no representó ningún papel. Aquello fue una oportunidad perdida y la razón de que el país cayera a la segunda o tercera división.

Pero haría algo bueno en su reinado...

A partir de 1823, en la Década Ominosa, en esa época se pusieron en marcha diversas medidas de modernización, a pesar de la dura represión política. Un intento de crear una administración eficaz en la Hacienda para remediar la desastrosa situación de las finanzas. Además, se elaboró el primer código de comercio del país, se creó poco antes el Museo del Prado, la bolsa de Madrid, el Ministerio de Fomento y la policía. La Ley de Minas que se puso en marcha durante su reinado impulsó la explotación minera a través de empresas privadas. Hubo medidas interesantes, pero todas orientadas a mejorar la administración y la economía, no a liberalizarla. Se modernizó el país, pero se mantuvo el sistema político predilecto del Rey.