El naturalista inglés Charles Darwin

El «abominable misterio» que atormentó a Darwin poco antes de morir

El naturalista británico temía que se desmontara su aporte científico sobre la evolución al descubrir la «repentina aparición» de las plantas con flores.

MadridActualizado:

Un misterio atormentó a Charles Darwin durante sus últimos años de vida. En palabras del naturalista inglés, se trataba de «un fenómeno de lo más desconcertante» que amenazaba las bases de su máximo aporte científico: el evolucionismo.

En 1859, Darwin explicó en «El origen de las especies» que, la evolución natural actúa solamente por acumulación de variaciones pequeñas, sucesivas y favorables. Por tanto, «no puede producir modificaciones grandes o súbitas; sino que puede actuar solo en pasos cortos y lentos».

Sin embargo, veinte años después, esta profunda creencia suya de que «la naturaleza no da saltos» comenzaría a temblar, a causa de un acontecimiento histórico de extraordinarias magnitudes. El naturalista plasmó su frustración a través de las misivas que envió a distintos amigos suyos unos años antes de morir en 1882.

En una de esas cartas, dirigida al botánico británico Joseph Hooker, abordaba este suceso enigmático que, posteriormente, marcaría a generaciones enteras de biólogos: «El rápido desarrollo de todas las plantas superiores en tiempos geológicos recientes es un abominable misterio».

El asombro de Darwin al leer el ensayo del naturalista irlandés John Ball (cuya investigación trataba acerca de la flora de los Alpes europeos), no era la de haber descubierto una extraña criatura inhumana, sino la de una incógnita en relación a las plantas con flores.

La teoría de la evolución en peligro

William Friedman, profesor de biología evolutiva en Harvard, ha explicado en las últimas semanas a la cadena BBC que, quizá, ningún otro grupo de organismo captó la atención de Darwin en términos tan dramáticos como las plantas que contienen flores, ya que fueron las últimas en aparecer en la Tierra. El problema residía en que esto suponía una «repentina aparición», en palabras del naturalista, «para todos los que creen en una evolución gradual en extremo».

Este grupo de plantas, conocido como angiospermas, surgió hace 130 millones de años y en ese tiempo ha logrado diversificarse en 300.000 especies, llegando a ser el más variado de su reino. «Era algo que volvía extremadamente loco a Darwin», ha afirmado el profesor.

«Olvidamos que grupos de especies pueden haber existido en otros lugares por mucho tiempo y haberse multiplicado lentamente antes de invadir los antiguos archipiélagos de Europa y de Estados Unidos»

La preocupación del científico no era la del origen y diversificación de las angiospermas, sino «la excepción más extrema a su teoría de la evolución». En referencia al creacionismo, «la posible teoría de la aparición de las plantas con flores sustentaban otra explicación del origen de la vida en la Tierra».

El contienente perdido

Según el registro de fósiles de aquella época, la génesis de las plantas con flores había sido muy rápida. Pero Darwin, inquieto con el descubrimiento, planteó otra posible explicación.

Partiendo de una base empirista y racional, Darwin imaginó la existencia de un continente aislado en donde nacieron plantas superiores, las cuáles también habrían evolucionado de forma lenta, como planteaba en su obra inicial.

Él mismo describe esta conjetura como «miserablemente pobre», ya que se basaba en una realidad que él aprendió durante sus casi cinco años de travesía por América del Sur bordo del HMS Beagle. Esta fue una navegación (1831-1836) que le permitió explorar el continente y las islas, donde observó y analizó muestras de la abundante fauna y flora, así como a los nativos de allí. Años después, Darwin se referiría a este viaje como «el acontecimiento más importante de su vida», ya que no solo descubrió su vocación, sino que le sirvió de inspiración para fomular su famosa teoría de la evolución biológica por selección natural.

HMS Beagle en el paso por el estrecho de Magallanes con el Monte Sarmiento al fondo. Reproducción de la ilustración de R. T. Pritchett de la primera edición ilustrada del libro (1890)
HMS Beagle en el paso por el estrecho de Magallanes con el Monte Sarmiento al fondo. Reproducción de la ilustración de R. T. Pritchett de la primera edición ilustrada del libro (1890)

Aún así sostenía: «Olvidamos que grupos de especies pueden haber existido en otros lugares por mucho tiempo y haberse multiplicado lentamente antes de invadir los antiguos archipiélagos de Europa y de Estados Unidos». Es decir, creía que, con el tiempo, aparecerían fósiles que demostrarían que las plantas con flores también evolucionaron de forma gradual.

El abominable misterio continúa

Friedman asegura que Darwin no vivió lo suficiente para ver que tenía razón. «Se han descubierto fósiles importantes que han ayudado a entender las fases tempranas de la diversificación de plantas con flores y se han logrado grandes progresos en las últimas tres décadas».

A pesar de que se han encontrado más piezas en ese rompecabezas evolutivo, el profesor reconoce que aún hay muchas cosas que desconocemos. De hecho, una de las interrogantes que aún persiste es de dónde viene la estructura básica de la flor. «El abominable misterio en sí continúa», ha asegurado.