¿Adolescentes adictos a las nuevas tecnologías o padres que no paran de mirar su móvil?

Según José Luis Sancho, doctor en Psicología. «estamos llamando adicciones a cosas que no lo son»

MADRIDActualizado:

«Estamos psicopatologizando absolutamente todo», advierte José Luis Sancho, doctor en Psicología y ponente en el encuentro que organiza el colegio Areteia (Madrid) bajo el epígrafe «Educar para la libertad en el siglo XXI: Los riesgos de las oportunidades de nuestro tiempo. Adicciones y afrontamiento». «Estamos llamando adicciones a cosas que no son. Y hemos de ser conscientes de que cuando colgamos el cartel de adicción a algo lo convertimos en un problema que supone que inmediatamente después tendremos que andar interviniendo, diagnosticando, tratando...», apunta.

Sancho denuncia en primer lugar las «supuestas dependencias a las nuevas tecnologías, tan de moda en la sociedad de hoy en día. Sin embargo, según la información de la American Psychological Association (APA), no hay que llamar adicción a todo: las tecnologías no son un problema, son el síntoma de que hay algo más que está pasando».

Este experto señala que en este tema concurren «desde aspectos educativos, como por ejemplo, que no somos capaces de poner normas y límites en las vidas de nuestros hijos, hasta realmente posibles patologías de salud mental, como puedan ser la ansiedad, la depresión, un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), un trastorno límite de la personalidad... Pero que el trasfondo real no son las nuevas tecnologías, estas son solo el síntoma de que estamos educando mal o que existe un trastorno de fondo más importante que el mero uso de las tecnologías».

Adicción al móvil y conducta paternal

«Vamos a centrarnos -propone Sancho-, en cuáles son las conductas realmente peligrosas. Vamos a examinar cuál es el grado de coherencia de los educadores, padres y madres. No podemos hablar de que nuestros hijos son adictos a las nuevas tecnologías cuando papá y mamá se van a cenar y cada uno está mirando su pantalla de forma permanente y absolutamente enganchados al móvil, o cuando papá y mamá están pendientes constantemente de los grupos de WhatsApp de otros familiares, de amigos, o del colegio como una forma de socializar».

«Las nuevas tecnologías, las redes sociales (estas u otras) han venido para quedarse. Son herramientas, y al igual que estas, deben ir acompañadas de manuales de instrucciones para aprender a utilizarlas. Por eso cuando estos dispositivos entren en casa tendremos que explicar a un niño cómo se utilizan, en qué situaciones, durante cuánto tiempo... Han venido para facilitarnos la vida y las necesitamos para muchas cosas. Otra cosa es que los utilicemos para aislarnos del mundo que nos rodea. Así que -recomienda-, o aprendemos a darles un uso adecuado, o estaremos como Don Quijote, luchando contra los molinos de viento».

Disociación del «yo» on line y el «yo» real

No obstante, hay un aspecto que a José Luis Sancho sí que le parece importante reseñar y es que «la disociación de personalidad que estamos sufriendo debido a la existencia de las redes sociales, donde todos tenemos un "yo" on line y un "yo" de las relaciones sociales, pero es una situación que afecta más a los adolescentes». Por este motivo, continua, «uno de nuestros grandes objetivos como sociedad debe ser conseguir que ambos sean el mismo. Es decir, ayudarles a integrar el uso de las tecnologías con quienes son ellos como personas».

Esto, prosigue Sancho, «es como reza el dicho: el rico genera riqueza y el pobre pobreza. De esta forma el chaval que es sociable, que tiene buenas relaciones, es capaz de generar su "yo" on line, además de tener muchos seguidores y mucho éxito, y el que no tiene esas habilidades se va a sentir mucho más aislado porque no va a tener esos seguidores».

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