El lujo vuelve a Buenos Aires

Tras la estampida de 2012, por la prohibición del kirchnerismo de repatriar sus beneficios, las grandes marcas internacionales regresan a Argentina

Carmen de Carlos
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Muchos pensaron que se iban para siempre pero… estaban equivocados. Buenos Aires vuelve a seducir a las grandes marcas internacionales que regresan en busca de aquellos clientes -y turistas- que saben conservar los fajos de dólares en el banco, ocultos en la mochila o debajo del colchón. La última de las grandes en tratar de recuperar el tiempo y el espacio perdido, en la ciudad que el mundo sigue mirando, pese a sus baches, como al París de Sudamérica, es Louis Vuitton.

La reina de los baúles y las maletas francesas hizo oficial esta semana su desembarco en el Patio Bullrich, el centro comercial más elegante y mejor ubicado de Buenos Aires. Atrás dejó el local de la histórica Avenida Alvear esquina a Ayacucho (hoy ocupado por Hermès) que atraía a los huéspedes del histórico hotel del mismo nombre en el magnífico barrio de la Recoleta. El nuevo escaparate de venta al público -se inauguró el jueves- promete lo de siempre y más. Entre otras cosas -advierte la prensa local- un «Delivery Orders» de su amplio catálogo y la personalización de algunos de sus productos. También ofrece un servicio para poner sello propio a los accesorios por medio de una máquina de «hot stamping». A su favor tiene estar rodeado de otras marcas y en contra, la misma razón.

El Rolex de Cristina

El nuevo desembarco de Vuitton se produce después de seis años de ausencia. La casa francesa echó el cerrojo y salió en estampida de Argentina, como decenas de empresas, en el año 2012, cuando la expresidenta Cristina Fernández prohibió repatriar beneficios a las multinacionales y levantó un muro al ingreso de las importaciones. Por entonces, los Rolex Lady Date Just de oro como el que la viuda de Kirchner acostumbra a lucir en la muñeca, los zapatos de Christian Louboutin o aquel broche de Tiffany, inspirado en la cruz maltesa que compró en Nueva York y eligió para defender en la ONU la causa de la soberanía de las islas Malvinas, no estaban al alcance -ni a la vista- de los argentinos.

Aunque la economía argentina no logra levantar cabeza, las cosas han cambiado mucho. Pese a que los nostálgicos echan de menos a su «reina» del populismo, los hombres y mujeres de negocios (los de verdad) no lo hacen ni poco, ni mucho ni nada. Eso, entre otras razones, explica que el sector más «top» de la moda y el lujo esté resucitando. Por supuesto, ayudado por la enorme devaluación y la «confianza», esa palabra mágica o maldita -depende de quién la pronuncie- en un presente y un futuro mejor para Argentina.

Con y antes de Vuitton regresan -o prometen regresar- grandes diseñadores, joyerías o marcas internacionales como Ermenegildo Zegna, que volvió con un local de 160 metros cuadrados, o Calvin Klein, que también se inclinó por el Patio Bullrich, la meca de los que pueden gastar «billetes verdes». Resulta difícil encontrar una tienda donde no ofrezcan un precio al contado, otro con tarjeta y uno diferente si el pago se hace divisas.

Otros de los afortunados que están de vuelta en los rincones más caros de la capital argentina son Zadig & Voltaire, la emblemática Paule Ka de la rue Saint-Honoré, Bally o Custo Dalmau, que prefirió aterrizar en el barrio de Palermo, más moderno y juvenil que los clásicos de Recoleta.