El chef Anthony Bourdain y la actriz Asia Argento - AFP

El chef Anthony Bourdain se quitó la vida con el cinturón de su albornoz

La actriz Asia Argento, su pareja desde 2016, confiesa: «Estoy más que destrozada»

Los ÁngelesActualizado:

El suicidio de Anthony Bourdain en un hotel de Alsacia (Francia) ha dejado en estado de shock a una legión de colegas, amigos y admiradores a lo largo y ancho del mundo. A primeras horas de ayer se desvelaban detalles escalofriantes de su muerte, pues el fiscal que instruye el caso, Christian de Rocquigny, declaró a la agencia AP que el chef estadounidense se había ahorcado en el baño de su habitación con el cinturón de su albornoz.

En paralelo, Karen Reynolds, ejecutiva de la CNN y estrecha colaboradora de Bourdain en el programa «Parts Unknown», describía a la revista «People» la conmoción que se ha adueñado de la cadena: «No nos explicamos cómo ha podido suceder. La semana pasada estuve trabajando con él y parecía tan feliz e ilusionado por el episodio de Hong Kong...».

Precisamente ese episodio ha sido dirigido por la actriz y realizadora italiana Asia Argento (42 años), pareja del cocinero desde 2016 y quien no hace mucho relató, durante la presentación del premio a la mejor interpretación femenina en el festival de Cannes, que en 1997 fue violada por Harvey Weinstein.

En un texto publicado en su cuenta de instagram, Argento describe el terrible golpe que para ella supone la muerte de Bourdain, a los 61 años de edad: «Anthony se entregaba por completo en todo lo que hacía. Su espíritu brillante y sin miedo inspiró a muchos, su generosidad no conocía límites. Era mi amor, mi roca, mi protector. Estoy más que destrozada».

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Resulta un misterio saber qué se le pudo pasar por la cabeza a quien en su día llamaron el enfant terrible de la alta cocina. Sin embargo, su amigo y colega Ludo Lefebvre, con quien Bourdain compartía tatuajes idénticos, ha dado alguna pista al escribir que «me cuesta reconciliar la idea de que su bella y brutal honestidad tuviera que vivir con el dolor y la agonía de la depresión».

El chef español José Andrés, por su parte, le ha recordado como el gran viajero que fue: «Mi amigo, sé que estarás en un ferri hacia un lugar increíble. Todavía quedan lugares que tienes que mostrarnos, susurrando en nuestras almas las grandes posibilidades que no somos capaces de ver con nuestros ojos».

Antes de su unión sentimental con Asia Argento, Bourdain estuvo dos veces casado. Su primera esposa fue Nancy Putkoski, su novia durante la etapa escolar y con quien en 1985 contrajo matrimonio. Se divorciaron en 2007. La segunda fue la italiana Ottavia Busia, a quien desposó en 2007, apenas unas semanas después de conocerse. Ese mismo año nació su hija Ariana. «Toda mi vida he querido tener un hijo, pero hasta que no cumplí los 50 no me sentí preparado para ejercer ese trabajo», explicó a la revista «Time Out».

La pareja Busia-Bourdain parecía sólida: ambos compartían su amor por la restauración y la misma pasión por el jiu-jitsu, arte marcial japonés. Pero estar 250 días al año alejados finiquitó la relación. «Nuestro matrimonio se ha roto, aunque aquí no hay partes perjudicadas. Nadie está enojado, nadie se siente lastimado, nadie se siente víctima», admitió en su día Bourdain a la revista «People».

Mario Batali

Para seguir la irresistible carrera culinaria de Anthony Bourdain, de las cocinas de Nueva York al estrellato televisivo, pasando por la brasserie Les Halles, en Park Avenue, basta con echar un vistazo a «Kitchen Confidential», un best-seller en el que el chef puso nombre a sus demonios: heroína, cocaína y alcohol. Aunque, según fuentes cercanas, fue capaz de exorcizarlos.

Renunció a la etiqueta de «chico malo», pues se sentía responsable de la cultura de la masculinidad que arrastraba tras de sí. Y fue capaz de desenmascarar a quienes desde la cocina abusaban de su poder, como su colega Mario Batali, quien el pasado año anunció su retirada de los fogones tras ser acusado de acoso sexual por cuatro mujeres.

Hoy muchos llorar la pérdida de un visionario cuya singular mirada cambió el concepto del turismo gastronómico. «Si alguien te pregunta ¿qué te hace feliz?, ¿qué te gusta comer? Más de una vez, acabarás diciéndote cosas extraordinarias», decía. Él, sin embargo, estaba muy lejos de alcanzar esa felicidad de la que tanto hablaba.