David Beckham
David Beckham - ASOCIATED PRESS

El rey del «autostop»

Beckham sólo hay uno, aunque tiene una alineación de dobles internacionales que van por ahí dando el cantazo de estampa, entre la fashion victim y el macarrita recién duchado

MadridActualizado:

David Beckham se retiró, de futbolista, en Hollywood, que es de donde ha venido siempre, aunque es inglés de deneí y de peluquero. David Beckham fue el inventor de la mejor o peor moda de los futbolistas del 2000 en adelante, que es como decir de los guaperas de las generaciones que ahora llevan bien cumplidos los 40. Por él, se entendió lo que es un metrosexual, que es una cosa que, en rigor, no acaba de entenderse del todo. Llevó el tatuaje al futbolista, y desde entonces el que no se tatúa no cotiza.

El Madrid le echó el lazo en el 2003, y un paparazzi me eternizó el momento: «Es como haber fichado a Lady Di por cuatro temporadas». Beckham era una portada del «Vogue» que en sus ratos de recreo le daba al fútbol. Se presentó en el Bernabéu de chaqueta celeste y con los pies descalzos, y más que a un pelotero parecía que presentábamos a la grada a un Brad Pitt del marketing, que a lo mejor sí que lo presentamos. Beckham consta de imitadores, y de su esposa, Victoria, que es todo un catálogo de photoshop. Incluso cuando la fotografían. Naturalmente, los imitadores resultan toda una Champions de mozos que copian sus tintes de melena o sus chaquetas de pose, pero con menos marca y peor champú.

Beckham sólo hay uno, aunque tiene una alineación de dobles internacionales que van por ahí dando el cantazo de estampa, entre la fashion victim y el macarrita recién duchado. Diríase que sueña con sudar Moët & Chandon, pero Moët & Chandon light. Trajo a España un fulgor de Hollywood, y no se llevó nada, porque sigue jugando aquí su estampa de rubio de boutique que se atreve el primero con la última corbata con nudo de Milán o el calzado de no calzarse nada.

El primero en el escaparate

Anuncia cosas, pero siempre se anuncia a sí mismo. Fue el pionero del fútbol de escaparate, el rey del «autospot». En él, el éxito es llegar el primero a los escaparates de Armani, y luego pasarse a otra cosa, cuando ya media liga de los peloteros, en general, y media liga, o más, de los guapitos, en particular, adoptan sus sastrerías escogidas.

La esposa es otro modo, en él, de estar a la moda, pero abarcando el armario femenino. Cuando se conocieron, la archifamosa era ella. O sea, la forrada, que dicen en el mercado. Ahora los forrados son los dos, y celebran un cumpleaños para hacerse un Instagram.

Estamos ante un pionero del capricho, ante un vanguardista de lo efímero al que sólo le faltó salir al campo adornado de sombrero. Su adiós al Bernabeu salió en los periódicos, sección deportes, y en las portadas del show de populares, zona perfumados. Eso no lo logra cualquiera que le compre a Dolce & Gabbana el último trapito loco. Para elegante de consenso, eso sí, le sobra que es guapo. Para definitivo dandi le faltan lecturas. Pero pone de moda un cinturón, o acaso cualquier otra bobada, como el único Brummel que tiraba penaltis.