El príncipe Demidov y sus blinis
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El príncipe Demidov y sus blinis

Aristócrata ruso y príncipe italiano de rudos modales, pero de paladar exquisito

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Quien evoque y paladee mentalmente la espléndida secuencia de la cena, desde la preparación en cocina, de la película «El festín de Babette», recordará sin duda uno de los platos integrantes de ese festín: los blinis Demidoff, escrito a la francesa, o Demidov, transcribiendo del ruso. Pero ¿quién era el tal Demidov, que dio su nombre a un grandísimo plato? Se trata de Anatoly Nikolaievich Demidov, de esa rica familia rusa; fue un impenitente viajero y mecenas artístico, y acabó haciéndose con el título italiano de príncipe de San Donato. Se casó con Mathilde Bonaparte, hija de Jerónimo Bonaparte y, por lo tanto, sobrina de Napoleón.

Cuentan que sus modales no tenían nada de exquisitos… al contrario que su paladar. No solo estos blinis llevan su nombre, también la soberbia pularda Demidov, creada en su honor por Casimir Moisson, jefe de cocina de la prestigiosa «Maison Dorée», en el parisino Boulevard des Italiens. Esta pularda se sirve con una fondue de legumbres y trufas, y Néstor Luján cuenta que la receta fue concebida siguiendo las instrucciones del propio aristócrata ruso.

Blinis con caviar y crema agria

Los blinis no son más que una especie de tortitas hechas con harina, levadura, huevos y leche, que suelen servir de base a diversos pescados ahumados, del salmón a la trucha, y a huevos de pescado; en este caso se trata de caviar, y se sirven con crema agria. Una delicia, como tuvimos ocasión de comprobar los afortunados asistentes a la recreación de la cena de la película citada elaborada en Madrid por el cocinero vasco Iñaki Izaguirre.

Qué decir del caviar... Tradicionalmente, y sobre todo a partir del siglo XIX, se considera el no va más de la exquisitez y el lujo gastronómicos. Pero no solo es eso: el caviar tiene el privilegio de figurar en tres inmortales obras de la literatura universal: «El Quijote», de Cervantes; «Gargantúa», de Rabelais, y «Hamlet», de Shakespeare, donde el príncipe de Dinamarca dice de una comedia que es «caviar para el vulgo». Un lujo gastronómico, de precio astronómico.