Duelo de alitas

Se juegan la corona dos lugares separados por tan sólo unos metros en Ciudad Lineal

madrid Actualizado:

Dos estilos, dos formas de entender la vida. Puede que los de Kentucky Fried Chicken ganen más dinero, pero las alitas de estos dos lugares están más buenas. Han seleccionado las mejores partes del pollo y han conseguido hacer con ellas auténticas obras de arte. Lo bueno de estas es que, a diferencia de las del Museo del Prado, se miran y se comen. Aunque alguna multinacional se hiciese con las fórmulas secretas del Irish Corner y el Blanco II, nunca podría igualarlas, porque parte de la magia de sus alitas está en el ambiente de ambos sitios.

El Blanco II está al lado del Blanco I -sí, los dos pertenecen al mismo dueño- y se encuentra en la calle Arzobispo Cos, número 2. A tan sólo unos metros de la boca del metro Ciudad Lineal, en el cruce de Arturo Soria con Alcalá. Utilizo su nombre oficial, Blanco II, porque supongo que muchos lectores no conocen el lugar. Los que probamos la primera dosis y ya no podemos evitar visitar de vez en cuando este templo gastronómico lo llamamos el «Alitas».

El tamaño de las alitas del Blanco II impresiona, no pueden ser de este planeta

De siempre las prepara en la cocina un personaje entrañable. Supongo que tendrá un nombre en su DNI, pero algunos parroquianos lo conocemos como «Panceto». El apodo da alguna pista de cómo es: gigante y bonachón. En aquel cuartucho, con un calor de mil grados, hace magia. El suelo, lleno de servilletas de papel usadas. Las mesas de madera, lubricadas con grasa de alitas que pasaron a mejor vida. En la tragaperras, un alcohólico ludópata. Todo está preparado.

Las raciones de alitas en el Blanco II son de seis, pero pedirlas así es de cobardes. Vamos, que eso no se hace. Se piden de doce en doce, y siempre llegan cuando uno está apurando la primera jarra helada de cerveza. Doradas, tiernas, bien barnizadas por aceite y toneladas de sal y acompañadas por medio limón. Por respeto a quien ha sufrido un infierno para prepararlas, estas alitas se comen con las manos. Su tamaño impresiona. No pueden ser de este planeta, pero qué más da, con el primer bocado las pupilas se dilatan.

g. llona
g. llona

El segundo lugar, en la otra orilla de la calle Arzobispo Cos, es el Irish Corner. ¿Alitas en un irlandés? Pues sí. ¿Acaso creían ustedes que en Irlanda no hay pollos? Ya no estamos hablando de alitas prehistóricas, su tamaño no da miedo, pero los del Irish las sirven de una manera especial. Cocinadas en su justa medida, las «alitas de pollo a la miel» se presentan a un par de palmos de tu boca acompañadas por patatas fritas y en disposición simétrica alrededor de un pequeño cuenco con salsa barbacoa. Todo muy mono. Y están muy buenas. Por supuesto, como es propio de un pub irlandés, pueden acompañarlas con las cervezas de importación más selectas.

¿Cuáles son mejores en mi opinión? Pues las dos. No puedo asegurar que las del Blanco II sean mejores que las del Irish Corner, ni lo contrario, porque tampoco puedo afirmar con razón que un multipremiado menú del más afamado restaurante sea «mejor» que los macarrones con tomate de mi madre. Puede que las madres de otros no los hagan tan bien, pero la mía los borda. Ese queso fundido coronando la montaña de pasta escarlata... A lo que iba. ¿Quieren comer alitas en un ambiente «formal» y acompañarlas con las más ricas cervezas? Pues acudan al Irish Corner. Pero si lo que quieren es vivir una experiencia extrema y auténtica a la vez, algo que pueda poner en peligro su salud y llevarles al mismo tiempo al séptimo cielo a través de su paladar, entonces, vayan al «Alitas».

Nota: Aunque he intentado aparentar neutralidad, y por si no se han dado cuenta, les aclaro que prefiero las del Blanco II. Perdón, el «Alitas».