«Nuestra prima se casó con un español y papá preguntó: ‘¿Es negro?’»
Jessica Mitford fue una mujer comprometida y rebelde - ABC

«Nuestra prima se casó con un español y papá preguntó: ‘¿Es negro?’»

Llegan a España «Nobles y rebeldes», las memorias de Jessica, la oveja roja de las Mitford. Las excentricidades de la familia, al descubierto

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En plena Guerra Civil española, Winston Churchill ordenó a su ministro de Exteriores que enviara un destructor al puerto de Bilbao. El objetivo no era bélico. Días antes, el barón de Redesdale, David Freeman-Mitford, había llamado al «premier» inglés para que solucionara el escándalo que sacudía a su familia desde que una de sus hijas ( Jessica, conocida como Decca) se fugó a España con el sobrino «rojo» de Churchill, Esmond Romilly. La «solución» del barón, destructor mediante, no surtió efecto: Decca estaba ya embarazada y su vida junto a Esmond no había hecho más que comenzar.

Esta es una de las anécdotas recogidas en «Nobles y rebeldes» (Libros del Asteroide), las memorias de Jessica Mitford (1917-1996), publicadas en 1960 y que hasta ahora habían permanecido inéditas en España. El libro, con prólogo de Christopher Hitchens, amigo de Decca, ofrece un retrato sin tapujos de la nobleza inglesa de comienzos del siglo XX. Como explica en la introducción, Decca usó los verdaderos nombres de todos a los que citó. Y, como dijo Voltaire, «qui plume a, guerre a».

Mucha excentricidad y poco dinero

Jessica Mitford era la quinta de las seis hijas (tenían un hermano, Tom, al que llamaban Tudemio) del mencionado varón de Redesdale y su esposa Sidney. Fueron una de las familias aristocráticas inglesas más relevantes de comienzos de siglo XX, con más títulos (y excentricidades) que dinero. Lady Redesdale disimulaba la escasez defendiendo que vivir sin calefacción y comer cada día puré de patatas dejaba un cutis perfecto. El varón, por su parte, no sabía qué era la discriminación porque, según Decca, metía a todos en el mismo saco: «Cuando una prima nuestra se casó con un argentino de puro linaje español, comentó: "He oído decir que Robin se ha casado con un negro"».

Diana se casó en casa de Goebbels y con Hitler como testigo con un líder fascista inglésCon esas mimbres, las niñas, que fueron educadas en casa porque su padre decía que en el colegio les harían jugar al hockey y no quería que tuvieran piernas gordas, no siguieron la senda aristocrática establecida y sus escándalos fueron sonados. Nancy, la intelectual, se convirtió en una famosa escritora; Diana abandonó a su primer marido, el heredero de la cervecera Guinness, por el líder fascista inglés Oswald Mosley, con el que se casó en casa de Goebbels, con Hitler como testigo; Unity, obesionada con el «Führer», se pegó un tiro (del que, para su desgracia, sobrevivió unos años) al declarar Gran Bretaña la guerra a Alemania; Pamela, la hermana lesbiana, logró retirarse al campo y vivir con su pareja sin desvelos hasta que, ambas ancianas, murieron casi a la par; y Deborah, la pequeña, terminó siendo duquesa de Devonshire y es la única de las hermanas que aún vive.

Decca, la «oveja roja»

Y Decca, la «oveja roja», que intentó sin éxito convencer a sus hermanas de que se había «convertido» para que le presentaran a Hitler y pegarle un tiro («Qué cobardica fui», le dijo a Hitchens). Decca marchó a Estados Unidos junto a Esmond, dejando atrás la oportunidad perdida de descerrajar a Hitler y a una familia que solo volvería a ver en contadas ocasiones. Tras perder a Esmond, desaparecido en un accidente de avión durante la Segunda Guerra Mundial, Decca se rehizo y comenzó una nueva vida en la tierra de las oportunidades.

Se convirtió en una ferviente defensora de los derechos civiles (era íntima de Maya Angelou, recientemente fallecida) e incluso llegó a convencer a Faulkner de que firmara una petición contra la ejecución de Willie McGee, un negro inocente acusado de violación, y hasta pasó una noche encerrada en una iglesia junto a Luther King rodeados por una patrulla del Ku Klux Klan. Por todo ello no es extraño que, como reconoce en el libro, Decca sintiera la necesidad de mirar atrás. Aunque fuera un gesto poco propio de ella.