Hay pocos hoteles que cuenten con camas de agua en sus habitaciones
Hay pocos hoteles que cuenten con camas de agua en sus habitaciones - arco san juan

Dormir en una cama de agua

Aunque muchos dudan de la comodidad de estos colchones, el descanso sobre el líquido elemento también tiene defensores

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Sin un buen descanso, el ser humano no rinde al cien por cien. Sus capacidades físicas –equilibrio, precisión, visión, etc.– y psíquicas –atención, retención, comunicación– menguan, algo por lo que hace completamente necesario que dormir el tiempo suficiente sea clave para el buen desarrollo de las actividades cotidianas. Sin embargo, además del número de horas de sueño también resulta fundamental el lugar donde reposa el cuerpo: debe responder a los requisitos adecuados para cada persona.

Hay quien encuentra en un colchón duro al amigo ideal con el que adentrarse en el mundo de Morfeo, algo que para otros resultará una tortura inaguantable y preferirán una cama blanda para desconectar del estrés. De igual modo que el espesor y dureza del colchón es una elección muy personal, también lo es el material con el que este está fabricado. La mayoría del público opta por los clásicos muelles o la popular viscolástica que, desde hace algunos años, es el elemento con el que se elaboran gran parte de ellos.

Sin embargo, la cama de agua no cuenta con muchos adeptos. Existe la creencia generalizada de que los colchones de este tipo quedan reservados a un sector algo «snob» o a las películas para adultos. De hecho, aunque las camas de agua ya existían hace más de 3.000 años –los persas dormían sobre pieles de cabra rellenas con el líquido elemento–, si se preguntara a la población si alguna vez ha probado esta clase de colchones la inmensa mayoría respondería negativamente.

Debido a la poca tradición que existe respecto a este tipo de camas, encontrar un hotel que disponga de ellas es bastante complicado. Haciendo una búsqueda rápida en internet –a través de las palabras clave «hoteles cama agua»–, sorprende que casi la totalidad de los resultados obtenidos correspondan a alojamientos que se alquilan por horas o enfocan sus prestaciones a parejas que solicitan cierto nivel de intimidad. Encontrar un hotel de los denominados «tradicionales» bajo estas premisas resulta complicado (en la ficha que acompaña a este texto en su parte inferior se proponen dos establecimientos que sí cuentan con camas de agua entre sus servicios).

Ventajas y desventajas

Si bien es cierto que el uso de camas de agua no está generalizado, el descanso sobre ellas encuentra algunas ventajas respecto a los colchones habituales. Entre ellas, la presión sobre articulaciones, los músculos y la columna vertebral desaparece. El agua se amolda perfectamente a la forma del cuerpo y, al esfumarse la resistencia del colchón, se favorece la circulación sanguínea.

Además, es un tipo de cama ideal para las personas que sufren alergias puesto que la existencia de ácaros y bacterias es nula. Para la higiene del colchón se utiliza un líquido antialgas que se añade al interior con una periodicidad aproximada de unos seis meses.

Precisamente este tipo de cuidados «especiales» suponen un incremento considerable del precio de la cama, al que además de estas soluciones químicas contra las algas hay que añadir el cabecero, un soporte especial y un calentador de agua. El hecho de conectar un aparato más a la corriente conlleva necesariamente un aumento en la factura de la luz que no existe con las camas de muelles o viscolástica.

Por otra parte, las camas de agua no son adecuadas para dormir en pareja puesto que, cuando una de las dos personas se mueve, la acción repercute sobre el otro individuo pudiendo alterar su descanso o, incluso, motivar que se despierte con el vaivén o con los ruidos que se producen en el interior. Además, la vida media de este tipo de superficies es de unos cinco años, aunque este periodo podría ampliarse si se siguen las indicaciones del fabricante.