Un lujo de historia urbana

Al final del reinado de Isabel II empezó a levantarse la calle con el nombre del general

MADRID Actualizado:

Se hacían necesarios ropajes más dinámicos, más prácticos y, sobre todo, más holgados. El sastre tenía nombre y apellidos: Carlos María de Castro. El fruto de sus desvelos también tenía nombre: el Plan Castro, conocido popularmente como el Ensanche. Dos zonas se eligieron para que el nuevo Madrid «ensanchado» respirase mejor: noroeste y noreste. O, lo que es lo mismo, Argüelles y el Barrio de Salamanca.

El Marqués de Salamanca

Argüelles empezó a crecer rápidamente. En el barrio de Salamanca todo fue más pausado, porque los planes tenían que pasar por el despacho de José María de Salamanca y Mayol, el marqués que daría nombre al barrio. Cuando quiso poner en marcha el barrio al que dio nombre recordó su exilio en París, y los bulevares y las anchas avenidas. Con un pie en Claudio Coello y otro en Villanueva empezaría una de las joyas de la corona, la calle de Serrano (al principio Bulevar Narváez) donde en 1863 comenzaron a levantarse las primeras y fantásticas casas, incluso con agua corriente, un lujo en esos días.

Desde entonces, la calle de Serrano siempre ha sido un lujo de historia. Su nombre lo tomó del general Francisco Serrano y Domínguez, duque de la Torre, uno de los hombres más poderosos de su tiempo, que residió en ella cuando aún se llamaba Bulevar Narváez. Serrano nació con vocación de modernidad y de progreso, una avenida a la francesa que conectaba directamente con el futuro. De hecho, en la esquina con la calle de Maldonado, se levantó la primera estación de tranvías de la ciudad, desde la que el 31 de mayo de 1871 partía el primer convoy.

En Serrano se construyeron y aposentaron los mejores comercios de la época. En Serrano estuvo el restaurante Filiquier, una de las virguerías gastronómicas de aquel entonces. Y en Serrano vivió durante algún tiempo una larguísima lista de próceres: Ríos Rosas, Fernández de la Hoz, Alonso Martínez, Castelar, Cánovas del Castillo, Lázaro Galdiano, Pérez Galdós. Incluso, estuvo uno de los establecimientos más curiosos del momento, el Teatro Ventura, que también tuvo su historia.

Ventura era el nombre de la hija de Antonia Domínguez Borrell, viuda del general Serrano. La Duquesa, cuando por fin recuperó el ánimo tras la muerte de su marido en 1885, decide levantar en un edificio de su propiedad en la calle de Villanueva esquina a la de Serrano un lugar en el que la aristocracia del momento pueda entregarse al ocio y la cultura.

En Serrano estuvo, donde hoy se encuentran los Jardines del Descubrimiento, la antigua Casa de la Moneda. Allí, ya lo saben, tuvo su inolvidable sede este diario durante casi un siglo. Y allí estuvo, sépanlo también, donde ahora se levantan las barras y estrellas de la Embajada norteamericana, el Palacio de la Huerta, uno de los más bellos de Madrid.