El alcalde de Villaba, José Pablo González, junto al administrador único de Cover, en la nochevieja de 2006 - ABC

De Andorra a Punta Cana con escala en Villaba

El «caso Villalba» ha puesto en el mapa a esta tranquila localidad de la sierra madrileña. Viajes de esquí y al Caribe han encendido a sus vecinos, calientes desde hace tiempo por el famoso túnel de los 40 millones

MADRID Actualizado:

José Pablo González siempre se ha considerado el Astérix de la sierra noroeste de Madrid. Es el alcalde socialista de Collado Villalba, un municipio de poco más de 50.000 habitantes que está rodeado de localidades gobernadas por el PP. Por eso «Juanpa, el churrero», como así lo conocen sus vecinos desde que su familia montara una churrería en la Calle Real que ya ha sido demolida, se ve como el último bastión del socialismo en esta zona de la Comunidad. Villalba es, a sus ojos, la Aldea de las Galias. Un pueblo tranquilo que, a pesar de la visión idílica del alcalde, conserva como un tesoro varios tramos de calzadas romanas dentro de él.

Los habitantes de Collado Villalba siempre han apostado por la discreción. Ya sea por su frío clima o porque, geográficamente, se encuentra rodeado de montañas, nunca han sido muy proclives a hacer ruido. Siempre se han dedicado a lo suyo —y sólo a lo suyo— sin hacer excesivo caso a lo que ocurría más allá de los límites de la localidad.

Para ellos sólo existe Collado Villalba. O existía... Porque desde esta semana, los villalbinos se consideran hermanos de Andorra y Punta Cana. Dos destinos tan diferentes —y distantes— de Collado Villalba, pero que su alcalde socialista (y su equipo de confianza) se han empeñado en «acercar» a cuenta de la ya famosa obra del túnel «de los 40 millones de euros» entre las calles de Honorio Lozano y de la Batalla de Bailén, que incluía un aparcamiento subterráneo.

Se trata de un proyecto que no quería nadie. Ni los vecinos, ni los comerciantes... Incluso el propio Ayuntamiento encargó un informe a la empresa Doymo, que concluía que en la localidad no había déficit de plazas de aparcamiento. Conclusión: la obra no era necesaria. Pero el alcalde y su equipo de Gobierno se empeñaron en sacarla adelante. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Al menos, nadie se atreve a decirlo públicamente.

Los habitantes de Collado Villalba recogieron miles de firmas para pedir que la obra se sometiera a consulta. Pero nada de nada. El 21 de marzo de 2006, el pleno municipal, con los votos en contra de toda la oposición, aprobaba la adjudicación del túnel a la UTE formada por Cover-Ortiz. Esta última cuenta con sobrada experiencia en este tipo de proyectos. Cover, sin embargo, no había realizado nunca una infraestructura de estas características. El precio inicial de la concesión fue de 20 millones de euros. Era la oferta más cara, pero, sin embargo, la que se comprometía a ejecutarla en el menor tiempo posible: un año. A los pocos meses de comenzar los trabajos se produce un desprendimiento de un mulo de silo (instalaciones de agua, gas...).

El informe elaborado por la dirección facultativa de la obra dice que «en una obra de este calibre es normal que ocurra». Poco tiempo después, aparecen grietas en los números 33 y 37 de la calle de Honorio Lozano. Por todo ello, la responsable de los trabajos pidió al Ayuntamiento la modificación del proyecto por la aparición de imprevistos —en forma de roca—, que hacían inviable el proyecto inicial.

El alcalde recordó esta semana para ABC lo vivido durante esos días. «Me dijeron que podíamos tener otro Carmelo aquí; la decisión la tomaron los geólogos, única y exclusivamente, para garantizar la seguridad». José Pablo González les hizo caso. La modificación del proyecto llevó a duplicar el precio final de la obra hasta los 40 millones de euros, lo que la convirtió en la más cara en la historia del municipio. Y es que 40 millones de euros es mucho dinero. Tal vez demasiado para un Ayuntamiento cuyo presupuesto roza los 70 millones.

Lo cierto es que esta localidad no está para grandes gastos. De hecho, es uno de los diez municipios madrileños que no podrá endeudarse en 2011 por tener ya un porcentaje demasiado elevado (76,33 %) de deuda sobre ingresos, al deber 39,1 millones de euros. Todos temen que esta obra acabe por ponerle la puntilla a las ya de por si delicadas arcas municipales.

Los vecinos no olvidan

Hay que decir que la decisión de modificar el proyecto contó después con el visto bueno del Consejo de Gobierno. El Consistorio también tenía un informe favorable de la Universidad Politécnica de Madrid, realizado por la Escuela de Ingenieros de Caminos. Pero los vecinos no olvidan. No querían el túnel antes ni durante las obras. Y tampoco lo quieren una vez inaugurado. Denuncian que nadie (o casi nadie) lo utiliza y que el aparcamiento subterráneo está prácticamente vacío durante todo el día. «Ha sido una obra tirada a la basura. No ha servido para gran cosa», denunciaba la propietaria de una peluquería, muy próxima a la obra.

La indignación aumentó de forma considerable después de que ABC publicara unas fotografías en las que aparecían el alcalde socialista, en compañía del constructor del túnel, José Carlos Gómez Paredes, y su socio Evaristo Núñez, celebrando la Nochevieja de 2006 en Andorra. Nueve meses antes le habían adjudicado las obras del túnel. El regidor explicó a ABC que se había encontrado allí con los dos empresarios. «Coincidimos allí, en el hotel de Andorra, y decidimos cenar juntos para despedir el año». En Villalba casi nadie se cree esta explicación. Fotos en poder de este periódico demuestran que los tres protagonistas pasaron juntos los cinco días que se alojaron en el hotel Grau Roig del país vecino.

La indignación terminó por dinamitar esta tranquila localidad serrana cuando se descubrió que el ex concejal de Urbanismo —ahora en Hacienda— también había compartido con el mismo constructor un viaje a Punta Cana, donde se alojaron en el lujoso hotel Riu Palace Macao. Desde entonces, son cada vez menos los villalbinos que creen en la política.