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La terapia asistida más puntera: el halcón harris

Utilizadas en personas con diversidad funcional, estas ves rapaces no curan pero mejoran su calidad de vida

MADRIDActualizado:

Reducen la ingesta de medicamentos, bajan la presión arterial, son relajantes, proporcionan seguridad, confianza, aumentan la autoestima, la calidad de vida... No se trata de ninguna píldora milagrosa. Esos beneficios, entro otros, los proporcionan las aves rapaces, en concreto, los halcones de harris, lo último en terapia asistida con animales. No curan, pero ayudan. Y mucho. Estos delicados animales que a algunos les suscitan temor se están utilizando con muy buenos resultados en personas con diversidad funcional física y psíquica.

Esta especie, conocida también como la de los lobos del aire por su costumbre de cazar en grupo, es gregaria, además de destacar por su extremada inteligencia y agudeza. Por ello, es una de las aves más utilizadas en cetrería. Sin embargo, desde el pasado mes de enero está siendo empleada para terapia asistida por la Fundación Canis Majoris, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja la diversidad funcional y el riesgo de exclusión, después de un año de adiestramiento.

El carácter versátil, flexible, previsible y maleable de estas aves de presa las convierte en las adecuadas para esa labor. Así lo explicó a ABC Ernesto Ares, técnico en intervención asistida con animales y coordinador del departamento del mismo nombre de la Fundación. «Estas rapaces son el elemento motivador y conductor de las sesiones. Se trabaja con ellas a nivel cognitivo, social, emocional y físico con cada sujeto y en grupo», precisó. El objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes. Para ello, Canis Majoris cuenta con dos halcones, «Mundy» y «Mantra». El primero se estrenó en una sesión con un grupo de diez personas en la Clínica López Ibor del barrio del Pilar. Aquejados de algún problema de salud mental –depresión, ansiedad, trastornos de personalidad, de ánimo o dificultades emocionales en este caso–, también se emplean en otros más graves como esquizofrenia, trastorno obsesivo compulsivo o daño cerebral severo, estas aves mejoran la autoestima de los pacientes. «Los enfermos se sienten reforzados al ver como el animal acude a ellos, a su llamada y les obedecen», agrega. Además, estos animales potencian la estimulación sensorial:el sentido de la vista, la concentración, el nivel de atención y el tacto por su plumaje. Además, el hecho de que la rapaz se desplace volando contribuye a garantizar el efecto sorpresa.

Por otro lado, mejora la psicomotricidad fina –actividades que requieren la coordinación ojomano y músculos cortos– y la gruesa: los movimientos motrices complejos. Esto sucede al realizar el nudo cetrero con una sola mano. Favorece los desplazamientos y mejora la espasticidad por el deseo de tocar a estas aves. Así lo explica al grupo Izaskun Núñez, educadora social de Canis Majoris, que imparte la sesión junto a la psicóloga de la clínica, Paula Covian. «¿Puedo acariciarle?», le preguntan varios pacientes. Núñez les introduce en su mundo y les explica, a través de fichas, cómo son, de dónde proceden, su utilidad, qué comen... Aprenden, se motivan y trabajan las relaciones sociales. «No hagáis movimientos bruscos porque se pueden asustar. Vemos su pico y sus garras pero les damos miedo. Se sienten vulnerables ante nuestra presencia», indica la terapeuta. «Reconocen las voces y tiene su propia personalidad. ‘Mundy’ es curioso y ‘Mantra’ tímido», explica camino del jardín donde se realiza el ejercicio práctico.

Ternura y calma

Sobran voluntarios para vivir esta insólita y novedosa experiencia. Por parejas, se colocan el guante y el chaleco. Tras hacer el nudo cetrero con el fiador para que no se suelte y colocar la carne de codorniz en el otro extremo para atraer a «Mundy», el ave observa a la mujer que lo sujeta. Reina el silencio. Se agacha y echa a volar hacia la otra chica que le premia con su «delicatessen». Luego se escrutan. «Es un animal salvaje y majestuoso que me provoca ternura y calma. Ha sido impresionante su mirada fija, parecía que me analizaba por dentro. siento que hemos creado un vínculo», indica la primera. «Yo tengo la autoestima por las nubes. Me siento poderosa, fuerte y con una inmensa sensación de paz», explica otra participante: «El hecho de que se fije en ti, que te preste atención y que sea un ave salvaje me ha transmitido mucha fuerza».