Ignacio Aguado, candidato de Cs, habla por teléfono al finalizar el pleno de constitución de la Asamblea
Ignacio Aguado, candidato de Cs, habla por teléfono al finalizar el pleno de constitución de la Asamblea - JAIME GARCÍA

El préstamo de votos entre PP y Cs que abrió la Asamblea madrileña a Vox

El partido de Rocío Monasterio logra un puesto en la Mesa del Parlamento regional y anuncia tener un acuerdo para un gobierno «proporcional»

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La Comunidad de Madrid abrió ayer el melón de los pactos a tres bandas: PP, Ciudadanos y Vox se quedaron con 5 de los 7 puestos en la Mesa de la Asamblea de Madrid, más del 70 por ciento del total, con gran enfado del PSOE y, sobre todo, de Íñigo Errejón, líder de Más Madrid, que ha amenazado con llevar este reparto al Tribunal Constitucional por no responder a la proporcionalidad de los resultados electorales del 26-M.

De este modo, se llevaba a la práctica por primera vez desde las elecciones autonómicas y municipales el pacto a tres bandas que ya funcionó en Andalucía el pasado mes de marzo. Abriendo con ello un camino que posiblemente sigan los partidos en la constitución de los ayuntamientos de toda España, el próximo sábado.

Un ardid

Aunque Ciudadanos negó ayer en todo momento su participación a favor de Vox, lo cierto es que este grupo logró un puesto destacado en la Mesa de la Asamblea madrileña con una lluvia de votos externos. La cuadratura del círculo la consiguieron mediante un ardid: 21 diputados de Ciudadanos votaron a la candidata del PP a la vicepresidencia primera de la Asamblea, Paloma Adrados. Y 21 diputados populares votaron al candidato de Vox para la vicepresidenta tercera, José Ignacio Arias Moreno. De este modo, consiguieron que ambos salieran elegidos: ella por 35 votos y él por 33. Y todo, sin que Cs se «contaminara» votando directamente a Vox.

Las posturas entre Cs y Vox públicamente siguen estando igual de alejadas: ayer, Rocío Monasterio anunciaba haber llegado a un acuerdo con el PP para un gobierno en común, un pacto que presentó la dirigente de Vox y que incluiría, dijo, «las posiciones de Gobierno, consejerías, entes... en proporción a los escaños que tenemos, como es lógico». Monasterio presentó el documento primero a Ciudadanos, en su encuentro de la mañana con sus dirigentes regionales, que lo rechazaron -Ignacio Aguado (Cs) reiteró una vez más que sólo entrarán en un Ejecutivo con el PP, pero nunca con Vox-, por lo que la reunión concluyó ahí. Y luego lo propuso a la candidata popular Isabel Díaz Ayuso, y este grupo sí lo firmó.

No obstante, horas después los populares matizaban que no se trata de un pacto sino de un «documento interno» y «aséptico» para «iniciar las negociaciones de cara a la investidura». En él, añadían a ABC, los populares se comprometen «a iniciar conversaciones y a respetar la proporcionalidad de los resultados electorales» logrados, pero «no entra en el reparto de las consejerías».

Negociando desde hoy

La candidata popular a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, iniciará hoy mismo contactos con las otras dos formaciones del bloque conservador con vistas a pactar un gobierno. El reglamento madrileño da un plazo de 15 días desde ahora para designar un candidato a la investidura. Es el plazo que tienen los partidos para entenderse. Díaz Ayuso aseguraba ayer haber cerrado un pacto «con cada partido» para seguir «caminando juntos» hacia el acuerdo de gobernabilidad. Pero de momento, las negociaciones programáticas se prevén a dos bandas, con PP haciendo de puente.

De hecho, Albert Rivera limitó ayer el entendimiento entre el PP, Cs y Vox a un «acuerdo institucional» y quiso dejar claro desde el principio que su partido no gobernará con Vox. Según él, Cs era partidario de un acuerdo similar al del Parlamento andaluz para dar entrada a todos los partidos, pero mientras PP y Cs sí decidieron ceder un asiento a Vox, el PSOE no hizo lo propio con Más Madrid o Podemos.

El Comité Ejecutivo de Cs aprobó la semana pasada por unanimidad no gobernar -ni negociar ejecutivos- con Podemos, Vox ni partidos nacionalistas, y es «un mandato» que Rivera quiere llevar hasta el final. Fuentes de la Ejecutiva contestaron al órdago lanzado ayer por Monasterio con un aviso a Díaz Ayuso: el pacto será imposible si Vox está en el Ejecutivo. Sin embargo, estas mismas fuentes no descartaron la entrada de algún miembro de Vox en cargos intermedios, aunque sin integrarse en ningún caso en una coalición.

El bloque de la izquierda resultó ayer algo desdibujado. Por un lado, Gabilondo (PSOE) no consiguió ni aportando algunos votos que Más Madrid obtuviera un puesto en la Mesa. Lo que ocasionó un enfado monumental de Errejón, que anunció que denunciaría ante el Tribunal Constitucional lo que denominó un «pacto de la vergüenza» entre PP, Cs y Vox. La composición de la Mesa, insistió, «no respeta lo que los madrileños votaron» el 26-M, de una forma que «ni siquiera se atrevió a hacer Esperanza Aguirre» con sus mayorías absolutas: «Es un atropello y una estafa democrática».

PSOE, «poco generoso»

El PSOE se mostró en línea con él, y dispuesto no sólo a estudiar si la distribución de puestos en la Mesa responde a lo que marca el Estatuto de Autonomía de Madrid, sino también a apoyar la acción de protesta de Más Madrid. Un gesto de buena voluntad que no le ahorró, en todo caso, la regañina de Errejón, que se quejó de la «falta de generosidad» del PSOE por rechazar su propuesta de asegurarle alguno de los puestos.

El que ha quedado prácticamente borrado en el mapa político regional ha sido el grupo de Unidas Podemos: convertida en sexta fuerza del Parlamento madrileño, no consiguió hacerse un hueco entre los componentes de la Mesa de la Asamblea. Su líder, Isa Serra, fue igualmente prolija en sus protestas contra PSOE y Más Madrid, quienes no habían cumplido el acuerdo previo de «las fuerzas progresistas».

De acuerdo con su versión, los pactos prefijados entre las tres fuerzas de izquierdas para sumar sus votos y conseguir más puestos en el órgano rector de la Cámara regional no se han cumplido ni por parte de los socialistas ni por los diputados de Más Madrid, lo cual ha tenido como resultado que la Mesa tenga una aplastante mayoría de cargos ocupados por diputados de partidos conservadores.