Agentes recorren el barrio con canes expertos en la detección de sustancias estupefacientes
Agentes recorren el barrio con canes expertos en la detección de sustancias estupefacientes - Isabel Permuy

La Policía «infiltra» perros en Lavapiés para luchar contra el tráfico de drogas

Las incautaciones han crecido un 20% en mes y medio desde que arrancó la iniciativa

MadridActualizado:

Impedir que el multicultural y céntrico barrio de Lavapiés se convierta en un gueto vinculado a las drogas. Un punto negro pasto de los narcopisos, de las viviendas usurpadas por las mafias dedicadas al tráfico y consumo de estupefacientes, cuyos clientes acaban «acampando» en el edificio e inmediaciones haciendo la vida imposible a los residentes. Evitar que crezcan los camellos que se concentran en la plaza que da nombre al barrio, en la de Nelson Mandela, en el parque del Casino de la Reina... Y combatir las peleas, robos, botellón y la degradación consecuencia de todo ello.

Esos son los objetivos que se ha marcado la Policía Municipal en el marco del Plan de Lavapiés para luchar contra la delincuencia, las «narco okupaciones» y mejorar la convivencia. Para combatir y prevenir el tráfico y consumo de drogas en concreto, la Unidad Integral de Distrito Centro-Sur del Cuerpo, responsable del proyecto, ha puesto en marcha una medida pionera. La de utilizar a perros policías de la Unidad Canina especializados en detectar estupefacientes, según ha podido saber ABC. La iniciativa arrancó el pasado 16 de abril en el marco del Plan de Lavapiés que puso en marcha el Cuerpo a primeros de marzo. La pareja de animales «patrulla» de lunes a viernes en las zonas más calientes de este lucrativo negocio que regentan en su inmensa mayoría los subsaharianos, seguidos a larga distancia de marroquíes, rumanos y dominicanos

Los canes trabajan tanto en la vía pública como en edificios, en función de las pesquisas policiales y las quejas presentadas en las oficinas de atención al ciudadano. Los animales, pastores alemanes y belgas, detectan al camello, a la persona que va a entregar la sustancia –heroína, cocaína, hachís, marihuana...– y los lugares en los que la ocultan. Debajo de los coches, papeleras o cualquier escondrijo que les sirva para ese fin, así como en zonas comunes de las comunidades de vecinos: patios, tuberías, buzones...

Pocas horas en activo

Desde que las «patrullas de policía animal» recorren el barrio de Lavapiés las incautaciones de todo tipo de droga han crecido un 20%, según las fuentes consultadas. La presión policial se nota. Además, el consumo en la vía pública ha descendido, al igual que el trapicheo, aunque aún no se dispone de cifras concretas, dado lo incipiente de la medida. En los narcopisos, 116 (que incluyen edificios enteros), según el censo de la Plataforma del Barrio de Lavapiés, se trafica con coca y caballo y en la vía pública con hachís y maría. En el último mes se han liberado en colaboración con la Policía Nacional.

Sobre estas líneas, un can olisquea a un vecino
Sobre estas líneas, un can olisquea a un vecino - Isabel Permuy

La pareja de animales cambia cada día y su servicio no puede prolongarse muchas horas, ya que pierden olfato. El perro puede ser activo, es decir, buscar y moverse nervioso si halla la sustancia; o pasivo, en cuyo caso se queda parado, marcando el lugar o a la persona. A pesar del poco tiempo que lleva funcionando la «patrulla antidroga animal» ya ha conseguido resultados. Una de las zonas «peinadas» por estos canes es la situada en el parque del Casino de la Reina, territorio de latinos, algunos de ellos miembros de bandas dominicanas (Dominican Don’t Play o Trinitarios), dedicados al menudeo de hachís y marihuana. Ahí se han intervenido armas blancas (cuchillos, machetes) y otras manipuladas para disparar. Estos chavales, que rozan la minoría de edad (16, 17 años), se mezclan con magrebíes y subsaharianos, dedicados al mismo negocio. A veces estalla la chispa y se pelean. Todos ellos conviven con chicos de sus mismos orígenes que practican deporte en las canchas y nada tienen que ver con la otra actividad.

Las «patrullas caninas antidroga» se pusieron en marcha justo un mes después de la muerte de un infarto del mantero Mmame Mbaye, el senegalés de 35 años, que ocasionó gravísimos altercados en Lavapiés. «Bendita iniciativa. A mí me parece muy bien; todo lo que sea acabar con esta lacra que azota el barrio, bienvenida sea», precisa Manolo, residente en la zona.

Al margen de los perros, en el marco del Plan de Lavapiés han aumentado las identificaciones un 200% y se han reducido los tirones en la calle, precisan las mismas fuentes. Uno de los puntos neurálgicos de este delito se sitúa a la salida de la boca del Metro. Entre sus autores están los magrebíes que al cumplir la mayoría de edad dejan de estar tutelados por la Comunidad de Madrid y eligen ese modo de «buscarse la vida». Están ojo avizor, mirando móviles y bolsos, o pendientes de los usuarios de los cajeros automáticos para birlarles el dinero al descuido.

Otros, más mayores y de la misma nacionalidad, se sitúan junto a un salón de juegos esperando a su «clientela», mientras algunos camellos de color se sientan en los bancos o se colocan en las bocacalles de la plaza que desembocan en Tribulete o Argumosa. Se reparte las tareas: unos contactan con el cliente, otros llevan la sustancia y no faltan los que dan el «agua» si detectan la presencia policial.

«Recobrar la salud»

Los turistas pasean con ojos curiosos por esta pintoresca y concurrida zona. «A mí me encanta mi barrio y no me quiero ir de aquí, que se vayan ellos», explica María, aludiendo a los delincuentes y los «narco okupas». Indica que algunas parejas con hijos se han mudado. «¿Cómo les pueden explican la sangre que dejan en el portal los yonkis? Y ¿qué decir de las noches sin dormir por el jaleo que montan o los timbrazos continuos?», agrega.

Pero ese no es el único problema que les afecta. Residentes como Manuel, Jesús o Antonia se quejan de los «niñatos pijos» que les torturan cada fin de semana con los botellones y su comportamiento incívico en la plaza de Arturo Barea o en las inmediaciones del Mercado de San Fernando.

Este Plan de Lavapiés sustituye al proyecto piloto que suspendió el área de Seguridad del Ayuntamiento en julio de 2016, calificado por el PP de «bolivariano», al plantear que los ciudadanos resolvieran los conflictos vecinales junto a la Policía Municipal. Los resultados del actual se analizarán en breve. Y todo con el fin de que «el enfermo, que está muy enfermo, recupere la salud».