Jardines de la finca Vista Alegre, y fuente de los caballos marinos, reproducción de una que existe en Villa Borghese, en Roma
Jardines de la finca Vista Alegre, y fuente de los caballos marinos, reproducción de una que existe en Villa Borghese, en Roma - JOSÉ RAMÓN LADRA

Declaran BIC la finca Vista Alegre: un paraíso de la realeza tras la tapia de Carabanchel

El proyecto de rehabilitación del conjunto supondrá invertir 15 millones

MADRIDActualizado:

Blindados. Así están, desde el pasado martes, los jardines de la finca Vista Alegre: nadie podrá tocarlos sin permiso de la Dirección General de Patrimonio. Esto es así porque el consejo de Gobierno aprobó esta semana declararlos Bién de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Jardín Histórico. En torno al verano de 2019, los jardines estarán ya en condiciones de abrirse al público y, por fin, los vecinos de Carabanchel –y los del resto de Madrid– podrán pasear por ellos como vienen reivindicando desde hace décadas.

La declaración BIC para los jardines de la finca Vista Alegre –que ha promotivo la consejería de Cultura de Jaime de los Santos– conceden a este espacio la categoría que ahora tienen otros como los de El Capricho o las Quintas de Los Molinos o Fuente del Berro. Esta finca de recreo, que ocupa una superficie de 45 hectáreas, cuenta en su interior con una cuarentena de edificios, algunos de gran valor arquitectónico e histórico, dedicados a diferentes usos y separados por muros que compartimentan el espacio e impiden la comunicación por el interior.

El espacio está bajo la gestión de laconsejería de Economía, Empleo y Hacienda, que dirige Engracia Hidalgo. Y bajo su coordinación se desarrollan en la actualidad trabajos de rehabilitación que prevén una inversión de 15 millones de euros en cuatro años, que permitirán reabrir los jardines al público antes del próximo verano.

Terreno vedado

Durante mucho tiempo, para los casi 250.000 vecinos de Carabanchel, la finca Vista Alegre –cuyo suelo es propiedad regional en un 80 por ciento y estatal en el 20 por ciento restante– era ese espacio arbolado que ocultaban unos altos muros que perimetraban la zona. Tras ellos, se escondía un impresionante espacio verde en el que se mezclan modelos franceses e italianos de jardinería, junto con varios palacetes y construcciones lúdicas y ornamentales. Las únicas visitas a los mismos eran las que realizaban, furtivamente, los más atrevidos del vecindario, colándose por grietas o saltando la tapia.

Los Carabancheles estaban entre los lugares favoritos de la alta burguesía y la nobleza del sigloXIX para establecer sus fincas de recreo. Era bueno, decían, porque su situación despejada aseguraba bellas vistas y un clima saludable. Estos motivos son los que movieron a Higinio Antonio Llorente, médico de Cámara de Carlos IV, a adquirir unos terrenos en la zona allá por 1803. Era una finca de 2,22 hectáreas, que poco a poco se fue agrandando, a la vez que cambiaba de dueños: Pablo Cabrero y su esposa fueron los siguientes, y ya la bautizaron como Vista Alegre.

A manos reales

Sus descendientes la vendieron en 1832 a la reina María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII, y comenzó la ampliación del espacio y sus jardines. Ya era una Real Posesión, y bajo la férula real se integraron en la finca 52 parcelas adyacentes, y otras que se dedicaron a la producción agrícola. Se rodeó la finca de una tapia de ladrillo con siete puertas, formando un perímetro que es prácticamente el mismo que ahora existe.

Se construyeron el Palacio Viejo, el Baño de la Reina – que aún se puede contemplar–, y la Estufa Grande; se instaló la Fuente de las Conchas, diseñada por Ventura Rodríguez; se construyó una ría navegable, y decenas de rincones recoletos de los que, una vez convenientemente acondicionados, podrán disfrutar los madrileños cuando visiten estos jardines, a partir del próximo año.

La finca fue adjudicada a la infanta Luisa Fernanda en 1858, y ésta la vendío al Marqués de Salamanca. Más tarde, otra reina, María Cristina de Habsburgo –segunda esposa de Alfonso XII– creó por real decreto el Asilo de Inválidos del Trabajo y lo ubicaba en el Palacio Nuevo de estos jardines de Vista Alegre, muchos de cuyos edificios se dedicaron a partir de entonces a la beneficencia.

Se han ido retirando los muros que tabicaban el espacio en hasta trece zonas, impidiendo que se pudiera deambular en el conjunto de la finca

Los primeros trabajos que se han acometido en esta finca han sido las de aseguramiento de los árboles, retirando y talando aquellos que podían presentar algún problema. Además, se han ido retirando los muros que tabicaban el espacio en hasta trece zonas, impidiendo que se pudiera deambular en el conjunto de la finca. Aunque ésta ocupa un total de 45 hectáreas, de momento se abrirán al público 11, que son las que concentran la mayor parte del jardín histórico.

El presupuesto total de las obras de rehabilitación es de 15 millones, de los que 5 se invertirán en la primera fase –la que está actualmente en marcha y finalizará poco antes del verano de 2019, en el cuadrante nororiental– y el resto continuará desarrollándose, si se cumplen las previsiones, en los tres años posteriores, hasta 2022.

Elementos singulares

Además de la poda o tala de arbolado, esta primera fase de las obras ha incluido también el trabajo sobre algunos elementos singulares del jardín, entre ellos la llamada Puerta Real, las fuentes históricas -como la de los caballos marinos, reproducción de una que existe en Villa Borghese, en Roma- y la recuperación de la ría, que en su día tenía 700 metros de longitud, era navegable –por pequeñas barcas– y tenía una isla circular, cascadas, diques y un embarcadero.

Este jardín romántico estaba plagado de lugares de divertimento, similares a los «caprichos» de otros jardines históricos. A esta categoría pertenece la montaña artificial situada frente al Palacio Viejo, y bajo la cual existe una gruta de cuya cumbre brotaba el agua hacia la ría.

El Baño de la Reina

Se van a mantener las farolas de la época como iluminación de los caminos. Y se recuperarán otros elementos como la Rotonda, el vestíbulo del Palacio Nuevo –con una impresionante cúpula– o el llamado Baño de la Reina, una gran bañera redonda de madera y con paredes escalonadas.

Con posterioridad –y después de que se hayan celebrado las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2019– está previsto que se inicie una segunda fase de trabajos, con un presupuesto de 10 millones de euros y tres años de ejecución. Con ella terminaría de adecuarse el resto de la finca.