El conde de Romanones y otras personalidades visitan la presa del Villar, en 1913
El conde de Romanones y otras personalidades visitan la presa del Villar, en 1913 - RAMÓN ALBA

Canal de Isabel II: 160 años del río puesto en pie

El agua del Canal llegó por primera vez a Madrid en 1858, en un viaje del Pontón de la Oliva a San Bernardo

MADRIDActualizado:

Los vecinos de Madrid no daban crédito a sus ojos cuando vieron salir de la fuente de la calle Ancha de San Bernardo un chorro de agua que brotó por encima de los edificios. Era el 24 de junio de 1858 cuando se produjo la llegada del agua del Lozoya a Madrid, gracias a las obras del entonces flamante Canal de Isabel II. La propia reina fue la encargada de accionar la palanca que hizo manar el líquido elemento con tal intensidad que en las crónicas de la época se hablaba de «un río que se ponía de pie».

Lo contaba con maestría el cronista de la revista El Museo Universal: «ya eran las ocho y cuarto cuando la reina (Isabel II) se puso en marcha hacia la fuente provisional (...). Miles de almas ocupaban ya la calle y la avenida de la puerta, fija la vista en la sencilla fuente que allí se había levantado. Apenas llegada la comitiva jugaron las llaves y hendió el viento un copioso surtidor que se elevó a noventa y tantos pies entre los gritos de la multitud alborozada».

La fuente de San Bernardo
La fuente de San Bernardo- ARCHIVO ABC

Aquel primer agua del Lozoya provenía de 77 kilómetros al norte de la capital, del Pontón de la Oliva, una de las mayores obras de ingeniería del siglo XIX. Desde allí, y pasando por 29 acueductos, las tuberías canalizaban el agua hasta que se asomaba a la fuente de San Bernardo y a otros puntos. La reina Isabel II pudo contemplar el éxito de la empresa, iniciada siete años antes, desde una tribuna montada para la ocasión, en la que la acompañaban su marido, Francisco de Asís, y su hijo, el futuro Alfonso XII.

Del aguador al pantano

En aquel momento, los madrileños eran menos de 299.000 en capital, y el abastecimiento de agua no estaba , ni mucho menos, garantizado. La capital contaba con 77 fuentes públicas, en las que se instalaron 128 caños para llenar las cubas de los 950 aguadores, que repartían al día 663,50 «reales fontaneros» -medida de la época- de dotación, equivalentes a 2150 metros cúbicos.

El crecimiento de la población dejaba de manifiesto la insuficiencia de este sistema, y por eso comenzaron a estudiarse otras fórmulas para llevar el agua a la capital. En 1848 fue aprobada definitivamente la memoria de un proyecto de abastecimiento con el agua del río Lozoya. Era suficiente para cubrir el doble de la población de Madrid en ese momento. Mucho ha llovido desde entonces -en todos los sentidos-, pero el Canal de Isabel II sigue ahí, proporcionando agua a gran parte de los 7 millones de habitantes de la comunidad.

«Lo que hoy es un gesto cotidiano, abrir un grifo y que salga agua, entonces era casi un milagro», recordaba ayer el vicepresidente del Gobierno regional y presidente del Canal, Pedro Rollán, que visitó el Pontón de la Oliva, una de las primeras presas que se construyó en esta red.

De hecho, la presa -que apenas estuvo en servicio por las filtraciones que soportaba- va a ser objeto de visitas guiadas durante el próximo fin de semana: los días 23 y 24 de mayo, previa reserva en la página web www.canaldeisabelsegunda.es.

El Canal de Isabel II cuenta hoy en día con 14 embalses, con capacidad para almacenar 946 millones de metros cúbicos de agua. Tiene 33 grandes depósitos y otros 288 de menor tamaño, 141 estaciones de bombeo de agua y 17.366 kilómetros de conducciones para llevar el agua hasta nuestras casas.