Arcones frigoríficos en el nuevo Centro de Donacíon de cuerpos de la Complutense
Arcones frigoríficos en el nuevo Centro de Donacíon de cuerpos de la Complutense - JOSÉ RAMÓN LADRA

Abierto el pionero Centro de Donación de cuerpos de la Universidad Complutense

Tiene 3.000 metros cuadrados y capacidad para 500 cadáveres, aunque hay unos 130

MADRIDActualizado:

Casi 3.000 metros cuadrados, siete salas de disección, sistemas de embalsamamiento, refrigeración y congelación, y luz; mucha luz. Así es el nuevo Centro de Donación de Cuerpos de la Universidad Complutense de Madrid, dotado con todos los medios técnicos y con capacidad para 500 cuerpos, donde podrán estudiar y aprender más de 2.000 alumnos cada año, procedentes de disciplinas tan variadas como la Medicina, la Fisioterapia o las Bellas Artes.

Cuando una persona decide donar su cuerpo a la ciencia, debe realizar unos sencillos trámites. En este Centro enseñan incluso las instalaciones a los interesados, para despejarles cualquier duda. Una vez se produce el fallecimiento, el cuerpo es conducido hasta el centro, en los pabellones 5 y 6 de la facultad de Medicina de la Complutense, junto al Anatómico Forense.

Nada más traspasar las puertas metálicas de acceso, se llega a la sala de inyección, donde se toma la primera decisión: si el cuerpo será embalsamado o congelado. Ya no existen las antiguas piscinas de formol; ahora se inyecta al cuerpo una solución que combina fenol, etanol, glicerol y formaldehído rebajado, aunque también se están probando algunas fórmulas sin este elemento.

Hay zonas de congelación, donde se conservan los cadáveres a 19 grados bajo cero, y otras de refrigeración, donde se mantiene la temperatura a 10 grados. Otra sala permite que un cirujano pueda realizar una disección mientras los alumnos siguen el proceso a través de pantallas gigantes de televisión.

2.000 alumnos al año

El Centro de Donación da la oportunidad a cerca de 2.000 alumnos de distintas disciplinas para que puedan estudiar e investigar sobre los cuerpos, alcanzando los conocimientos que necesitan para el correcto ejercicio de su profesión. Es no sólo el mejor modo; es el único: como explica la directora del centro, Teresa Vázquez, «hace unos 30 años en los países del tercer mundo intentaron dar esta misma formación de forma virtual, aprovechando las nuevas tecnologías. Pero tras cinco o seis años se dieron cuenta de que había que volver a la disección, lo que resultó muy complicado de hacer. Y ahora en Estados Unidos están iniciándose en la creación de centros como este».

Tiene capacidad para 500 cuerpos, aunque ahora sólo cuente con 120-130. Llegan unos 80 anualmente, aunque hay fluctuaciones que, según su experiencia, no están relacionadas con los ciclos económicos: «Eso de que en la crisis hubo más es una leyenda», señala.

Sí notaron un bajón considerable a resultas del escándalo de la mala conservación de los cuerpos que se produjo en el año 2014. Pero «se recuperó en cuanto se vio que el proceso de donación continúa con todas las garantías». El Centro que ahora se abre depende directamente del Rectorado, y cuenta con medidas de seguridad y un reglamento de Régimen Interno, además de protocolos de trabajo sobre la donación, recepción, cuidado y almacenamiento de los cuerpos.

La Complutense ha invertido más de un millón de euros en la instalación. Los donantes no reciben ninguna compensación económica por su cuerpo, aunque «el beneficio revierte en la sociedad» en forma de mejor formación de los profesionales. «Supone un enorme acto de generosidad, pensando en la formación de nuevos médicos», recuerda el rector, Carlos Andradas. Por allí pasarán futuros médicos, odontólogos, terapeutas, fisios, nutricionistas, psicólogos y hasta estudiantes de Bellas Artes. Sólo les faltan más donantes –«la demanda es cada vez mayor»– y un apoyo en medios humanos.